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lunes, 29 de febrero de 2016

Santo cada cuatro años.

San Osvaldo de Worcester y York, arzobispo. 29 de febrero y 15 de octubre (traslación de las reliquias a York).

Fue danés de origen, y nació de padres nobles. San Odo de Canterbury (4 de julio) y Oskyt, arzobispo de York fueron parientes suyos. El primero lo envió a estudiar con los canónigos seculares de la catedral, pero insatisfecho con la educación que recibía, lo llevó él mismo al continente, para que se formase y tomara los hábitos en la célebre abadía de Fleury. Allí Osvaldo fue, además, ordenado presbítero.

En 958 murió Odo y Osvaldo regresó a Inglaterra para comenzar su carrera eclesiástica según deseo de su familia. Oskyt, le pidió le acompañara a Roma, de sonde regresaron decididos a acometer la reforma de la Iglesia y los monasterios de sus territorios. Ambos reintrodujeron la Regla de San Benito, suprimiendo a los canónigos seculares, y por lo cual en 961 San Dunstan de Canterbury (19 de mayo) le premió con la sede de Worcester. En esta diócesis fundó un monasterio de monjes en Westberry, supervisó la fundación del gran monasterio de Ramsey, y reformó todas las casas religiosas, imponiendo la Regla benedictina, vigilando  y embelleciendo el culto. Además, influyó en la reforma de los monasterios de Ely y San Albano. En 971 fue nombrado arzobispo de York, aunque continuó administrando Worcester, en cuya catedral estableció una comunidad monástica a la que gustaba visitar frecuentemente y retirarse por días. En su nueva sede igualmente se dedicó a la reforma, santificación y revitalización de la Iglesia. 

Era piadoso, caritativo con los pobres, de los que sentaba a doce a su mesa, cada día de Cuaresma . Predicaba la paz evangélica, la conversión y la urgencia de la caridad. Promovió el saber y la educación en los monasterios que fundaba. Murió el 29 de febrero de 992. en Santa María de Worcester, mientras repetía el "Gloria Patri". Fue enterrado en allí mismo, y a los diez años Adolfo, su sucesor, elevó sus reliquias, que serían trasladadas a York. Junto a San Wulfstan fue nombrad patrono de Worcester, y tuvo una iglesia dedicada a su memoria, que fue destruida con la persecución de Enrique VIII. Su memoria litúrgica es a 29 de febrero cada cuatro años, los años no bisiestos, se traslada a 28 de diciembre, salvo en York, donde se le celebra a 15 de octubre, memoria de la traslación.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

jueves, 25 de febrero de 2016

Los Mártires de Dióspolis.

Santos Victorino y compañeros mártires. 25 de febrero.




Victorino, Víctor, Nicéforo, Claudiano, Dióscoro, Serapión, y Papías vivían en Dióspolis de Egipto, donde en 284 les alcanzó la persecución, reinando Numeriano. Fueron llevados ante el gobernador Sabino en cual les interrogó y ordenó que sacrificaran a los dioses. Como se negaron, Sabino mandó fueran extendidos sobre el potro y luego flagelados. A Victorino, además, le pusieron la cabeza bajo un bloque de mármol, que poco a poco le iba comprimiendo. Mientras, Sabino le gritaba: "salva tu vida, Victorino, renuncia a tu dios". Pero como se mantenía firme, la dejaron caer y le aplastaron la cabeza. Sabino amenazó a Víctor con la misma muerte, pero este, mientras señalaba la sangre y los sesos esparcidos de su compañero, dijo: "¡Mi salvación y mi verdadera alegría me esperan ahí!". E igualmente fue aplastada su cabeza por la piedra. Nicéforo, impaciente porque no le llevaban a la muerte, se puso él mismo bajo la piedra, muriendo aplastado igualmente. 

Como aún quedaban los otros por atormentar, Sabino ordenó que a Claudiano le fueran cortados pies, manos, brazos, piernas y muslos en pedazos, y que los trozos fueran esparcidos entre los demás, para atemorizarles. Fue aserrado y aún vivía cuando Sabino dijo a sus compañeros: "Si prefieren escapar este a castigo, sacrifiquen y no les obligaré a sufrir". Pero ellos respondieron a una voz: "Tu oferta nos hace sufrir un dolor más insoportable que los que puedas concebir, pues nunca romperemos nuestra fidelidad a Dios, ni negaremos a Jesucristo, nuestro Salvador, porque él es nuestro Dios, de quien obtenemos nuestro ser, y a quien solo aspiramos". Entonces Sabino ordenó que Dióscoro fuera quemado a fuego lento, que Serapión fuera colgado por los talones, rasgado y decapitado. A Papías mandó le colgasen una piedra en el cuello y lo lanzaran al mar. Era el 25 de febrero de 284. 

Los martirologios occidentales recogen su memoria a 25 de febrero, aunque los griegos lo hacen a 24 del mismo mes, junto a otros mártires y en Corinto, no en Egipto. Además, los mencionan a 31 de enero y 5 de abril, haciéndolos padecer en Nicomedia. A 10 de marzo los traen los menologios rusos, acompañando a San Leónidas. El martirologio pseudojenonimiano los pone igualmente a 24 de febrero, como ciudadanos de Corinto y siendo martirizados en la persecución de Diocleciano, por el procónsul Tercio, en 249. Lo más probable es que formen parte de un solo grupo de mártires cuyas actas se repartieron en estas iglesias, y con el tiempo las copias fueron añadiendo o quitando detalles. Los Bollandistas reunieron todas estas copias y los distintos fragmentos de las "passio, considerándolas auténticas, poniéndoles 25 de febrero.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

miércoles, 24 de febrero de 2016

De Santos Reyes (VI): San Ethelbert de Kent.

San Ethelbert de Kent, rey y confesor. 24 de febrero.

Ethelbert fue hijo y sucesor de Irminric, rey de Kent, y bisnieto del Henguist, primer conquistador sajón de Gran Bretaña. Durante su reinado, sus territorios se ampliaron y conquistó a otros príncipes sajones, a los que sometió a vasallaje o simplemente se anexó sus territorios. Hasta los confines de Northumbria llegó su reinado. Un rey tan poderoso no podía pasar inadvertido a los francos, cuyo rey, Caribert, le dio a su hija Santa Bertha (1 y 4 de mayo) como esposa, para afianzar alianzas entre ambos reinos. Bertha cruzó el mar con su confesor, el obispo San Liudhard de Senlis (24 de febrero). Aún quedaban en aquellas tierras vestigios del antiguo cristianismo, mezclados con la civilización romana, pues no hay que olvidar que las tierras de Gran Bretaña ya habían sido evangelizadas, aunque el paganismo había vuelto y revuelto, según cambiaban los reyes y príncipes locales. En Canterbury, por ejemplo, se conservaba una ermita dedicada a San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias ; 1 y 13 de diciembre, traslaciones), donde Liudhard predicaba el Evangelio y celebraba la Eucaristía. 

Aunque Ethelbert era pagano, era de corazón noble y permitía a su esposa practicar la fe cristiana, y no se oponía a que sus súbditos adoptaran la religión de Cristo, incluso les veía más civilizados y pacíficos. Así que cuando Bertha le planteó evangelizar su reino y convertirlo al cristianismo, Ethelbert no se negó, si bien no se interesó en convertirse él mismo. Así que Betha pidió al papa San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre) que le enviase misioneros, y este envió a San Agustín de Canterbury (26, Iglesia Anglicana, y 27 de mayo; 13 de septiembre, traslación de las reliquias; y 10 de noviembre) y a San Lorenzo de Canterbury (2 de febrero) con varios monjes elegidos por Agustín para que predicasen el evangelio a los anglos. Una leyenda dice ya el papa había tenido este deseo, pues un día paseando por el puerto, vio tres bellos niños esclavos, y preguntando de donde era le dijeron "son anglos". "Anglos no, sino ángeles son", haciendo un juego de palabras. Les liberó, se informó de aquella tierra y decidió enviar a Agustín y demás. Pero es eso, leyenda.

Llegados Agustín, Lorenzo, y su comitiva, el rey Ethelbert les recibió bajo una encina, árbol protector para los paganos. Responde esto a una superstición antigua, según la cual los hechizos no tenían efectos si se realizaban bajo una encina. Por ello, temiendo que los cristianos fueran hechiceros, no los recibió en su palacio. Agustín llegó precedido por una cruz de plata, los santos Evangelios y una imagen del Salvador. Cantaban canto "gregoriano", que inundaba a todos los presentes, transportándoles, pues nunca habían oído semejante canto celestial. Eso según las crónicas de San Beda (25 de mayo). Díjole el rey a Agustín: "Haces bellos discursos y hermosas promesas, pero todo esto es para mí nuevo e incierto. No puedo poner la fe en lo que me dices, y al mismo tiempo abandonar todo lo que yo, con toda mi nación, durante tanto tiempo hemos considerado sagrado. Pero ya que has venido de tan lejos para enseñarnos lo que crees es la verdad y el bien supremo, no te haré ningún daño, sino, por el contrario, todo mi reino mostrará su hospitalidad, y velaré por que se te faciliten medios para hacerlo". 

Encuentro de Ethelbert y Agustín.
Así que Agustín se estableció en San Martín y comenzó su labor apostólica. Con tan buen ejemplo y maravillas, que no tardó el rey Ethelbert en aceptar a Cristo, y el día de Pentecostés de 597 se bautizó. Y con él, más de diez mil anglos, que se sumaron a los muchos que ya creían en Cristo, pues Ethelbert respetaba la libertad de sus súbditos en estos asuntos al menos. No impidió que se convirtieran, ni les obligó a que lo hicieran con él, a los que preferían seguir siendo paganos. Ya convertido, colaboró ardientemente con la evangelización. Levantó las iglesias arruinadas que los sajones habían destruido en sus invasiones, y reparó las que aún quedaban en Cornualles y Gales. Donó su palacio de Canterbury a Agustín para que fuera la sede episcopal. Dotó de terrenos a la Iglesia para que se fundasen monasterios y hospitales, u él mismo promovió la construcción de las primitivas catedrales de Rochester, Londres. Abrió su reino a la filosofía griega, el derecho romano, las artes y la música del continente. Además, influyó en la conversión del rey Sebert y su reino de los sajones del Este, y de Redwal, rey de los anglos del Este, aunque este apostató y volvió al paganismo. 

Veinte años más vivió San Ethelbert, como un buen rey cristiano. Murió en 616 y fue enterrado en la abadía de San Pedro y San Pablo (que luego se llamaría de San Agustín), junto al cuerpo de la piadosa Bertha. Una luz ardía constantemente junto a su tumba hasta la persecución de los católicos por parte de Enrique VIII.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

lunes, 22 de febrero de 2016

Del Islam a Cristo, por Cristo a la Merced.

Beato Mahomed Muley Abdalá (Pablo de Santa María), converso y religioso mercedario. 22 de febrero.

Sobre este peculiar santo, musulmán convertido, no se conoce mucho, salvo noticias que hallamos en la “vita”, bastante legendaria, de San Pedro Nolasco. Según esta, Muley era pariente de Abenjason, rey de la villa de Niebla, perteneciente al reino de Sevilla. Era versado en artes, magia, medicina, astrología y conocía las Escrituras cristianas. Una vez reconquistada Sevilla en 1248, entraron en la ciudad algunos frailes mercedarios, de los que tuvo noticia pronto. Al conocer Mahomed el estilo de vida de los mercedarios, como se sacrificaban por la conversión de los otros, por el rescate de los cautivos cristianos, se admiró muchísimo y quiso conocerles. Una vez que vio su ejemplo de caridad, reconoció que no había en el mundo ley más grande y divina que aquella de Jesucristo, que mandaba a los religiosos a entregarse del todo a los demás. Quemó sus libros y artilugios, se instruyó en la fe cristiana y cuando estuvo listo para ser bautizado, viajó a Barcelona, donde se entrevistó con San Pedro Nolasco (29 de enero y 6 de mayo). Este le bautizó con el nombre de Pablo y le admitió en la Orden con el sobrenombre “de Santa María”. Algunas crónicas dicen que como caballero, pero siendo converso musulmán, lo más certero es que haya sido como hermano donado. Luego le destinó al Hospital de San Lázaro, en Zaragoza, donde luego de una vida entregada a los enfermos y pobres, falleció santamente. 


Fuente:
-“Vida del Glorioso Patriarca San Pedro Nolasco”. R. P. Fr. FELIPE COLOMBO, O.M. Madrid, 1769.

viernes, 19 de febrero de 2016

Auxibio, uno y dos.

San Auxibio I de Solias, obispo. 19 de febrero.

Los únicos datos que de este personaje se saben están en una supuesta “vita”, supuestamente escrita por un contemporáneo, pero probablemente es lo menos de cuatro siglos después. Según esta era de origen romano, hijo de una hermana del apóstol San Marcos (11, Iglesia griega, y 31 de enero, traslación de las reliquias a Venecia; 9, 25, y 30 de abril, Iglesia Copta; 25 de junio, invención de las reliquias, 23 de septiembre, 3 Octubre, 8, y 30 de octubre, Iglesias  Orientales). Después del martirio de San Bernabé (4, Iglesias Orientales, y 11 de enero, 11 de abril, Iglesias Orientales, 11 de junio y 17 de diciembre) se fue a Chipre, donde fue bautizado y ordenado presbítero por el mismo Marcos. Este le envió a Solias, actualmente Lerka, al norte de la isla, donde predicó el Evangelio, logrando numerosas conversiones, algunas de los sacerdotes paganos.

Después de la predicación de San Marcos en Alejandría, este fue a ver a San Pablo (Colosenses 4, 10), el cual envió a San Epafras (19 de julio) y a San Tíquico (29 de abril) a la ciudad de Heraclias, Creta, para que San Tito (26 de enero, junto a San Timoteo; 4 de enero, Synaxis de los Apóstoles, Iglesia oriental; 27 de enero, y 25 de agosto, Iglesia Griega) les ordenase obispos, y que igualmente lo hiciera con Auxibio, que ya predicaba en Chipre. Como obispo igualmente se lanzó a la predicación, llevando a muchos a Cristo. Entre ellos, estaba un tocayo suyo, Auxibio (19 de febrero también), natural de Lolopotamus, al que eligió como sucesor en el episcopado, por una señal que recibieron ambos: Iban predicando y se sentaron bajo un árbol a descansar. Auxibio el discípulo apoyó la cabeza al tronco del árbol y se durmió. De pronto, una colonia de hormigas salieron del árbol y le cubrieron la cabeza, sin morderle. Lo vio Auxibio el obispo e interpretó que esa una señal de los muchos hombres que atraería a sí Auxibio cuando fuera apóstol y obispo de Cristo.

Además, convirtió a su hermano y cuñada, Santos Temistágoras y Tima (20 de febrero). Luego de una vida de apostolado, la “vita” cuenta que cuando estaba muriendo, mandó no abriesen su sepulcro hasta que falleciese su hermano, para reposar juntos. Designó a Auxibio II como sucesor y murió. Pero cuando Temistágoras iba a morir, no se sintió digno de ser sepultado con su hermano y fue enterrado aparte.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

miércoles, 17 de febrero de 2016

A los cerdos, ni una perla.

San Policronio, obispo y mártir. 17 de febrero y 12 de abril.

Sus actas, que se consideran genuinas, no están completas, pero permiten un acercamiento a su testimonio. Todos los martirologios antiguos recogen su nombre, solo, a 17 de febrero, o entre otros mártires, a 12 de abril. Las actas nos cuentan que comenzada la persecución bajo el emperador Decio, este dejó a Galba como regente en Roma y se lanzó a la campaña de Persia, logrando conquistar varias ciudades, persiguiendo a los cristianos, acto seguido. Tomada Babilonia, mandó llamar al obispo Policronio, al que acompañaron los presbíteros Pármenas, Elimas, Crisótelo, y los diáconos Lucas y Mucio. Cuando los tuvo delante, Decio mandó que sacrificaran a los dioses, con la intención de que los cristianos siguieran a su líder en la apostasía. Policronio respondió a Decio: "Nosotros ofrecemos sacrificios al Señor Jesucristo, y no nos someteremos a los demonios o a ídolos hechos por manos humanas". Y Decio les mandó a la cárcel.

Entretanto, el emperador para agradecer su victoria en Babilonia, mandó hacer una estatua de yeso del dios Saturno, la que mandó dorar. Cuando estuvo lista, fue puesta en público y muchos la adoraron. Mandó llamar Decio a Policronio y su clero, y le ordenó sacrificaran al dios, pero se negaron. Decio dijo: "Tú eres sacrílego, Policronio, pues no guardas los mandamientos de los dioses del emperador", como callaba, se dirigió a Pármenas diciéndole: "Tu jefe calla", a lo que Pármenas replicó: "Nuestro jefe no va a contaminar su boca; pues guarda el mandato de Nuestro Señor, que mandó no tirar sus perlas a los cerdos. ¿Consideras acaso correcto que lo que antes se ha purificado, debe ser contaminado con excrementos?" Decio, por supuesto, respondió airado: "Ah, ¿es que soy yo estiércol, lo soy?" Y mandó le cortaran la lengua a Policronio, el cual permaneció impávido. Luego de esto, Pármenas clamó: "Oh padre bendito Policronio, ruega por mí, porque veo que el Espíritu Santo te inunda, por él abres tu boca y esta destila miel". Decio insistió: "Policronio, sacrifica a los dioses", pero el obispo no se movió. Entonces Decio mandó le apedrearan, especialmente en la boca. Mientras, el santo levantó los ojos al cielo, abrió los brazos y recibiendo la lluvia de piedras, expiró.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.



A 17 de febrero además se celebra La Huida a Egipto.

viernes, 12 de febrero de 2016

De un Patriarca que se las tuvo que jugar.

San Melecio de Antioquía, obispo. 12 de febrero.

Infancia y juventud.
Nació en Melitine, ciudad de Armenia, hacia principios del siglo IV. Su familia era de las más nobles del país y, según el “Flos Sanctorum” era bueno, “amigo de dar gusto a todos, y de una inclinacion tan naturalmente propensa a todo lo bueno, que parecía en él innata la virtud”. Eran los duros tiempos de la expansión de los herejes arrianos, que apoyados por el emperador Constancio, lograban atraer a su causa hasta a obispos, habiendo sedes oficialmente arrianas. Católicos y arrianos se enzarzaban en peleas que aprovechaban los príncipes para hacerse con bienes eclesiásticos, deponer o poner obispos, con el prejuicio de la sana fe católica. Melecio, que ya vimos era bueno y paciente desde niño, solía poner paz entre ambas facciones, poniendo siempre la caridad y la doctrina de Cristo sobre todo. Discutía y defendía la fe católica con caridad, por lo que hasta los arrianos le querían y los que no se dejaban convencer para abandonar su error, al menos consentían en escucharle y no hacer guerra contra los católicos. Su reputación de rectitud y prudencia era más fuerte que la aprensión que sentían hacia él algunos católicos que no veían con buenos ojos fuera amigos de algunos herejes.

Obispo disputado.
Así, tan estimado, llegó el año 358, cuando fue elegido obispo de Sebaste tanto por católicos como por arrianos, en base a su prudencia y justicia. Aunque en principio se negó, una vez que constató era voluntad de Dios, Melecio aceptó y luego de su consagración episcopal se lanzó a un ferviente apostolado para convertir a unos y reducir los ánimos violentos de unos y otros. Pero nada, los conflictos se enrarecieron, y más aún, porque ambos bandos intentaban atraerse para si al obispo. Fue tal la presión que Melecio huyó Boreia de Siria, para vivir allí desconocido de todos y retirado en soledad, pretendiendo dedicarse a la contemplación. En este sitio, que es la actual Alepo, muy pronto fue venerado por su santidad y justicia, por lo cual, según Sócrates en su historia eclesiástica, habría sido aclamado obispo. En 360, murió San Eustacio (19 de julio), Patriarca de Antioquía que había sido injustamente depuesto en 330, y había marchado al exilio. Luego de este, habían ocupado la sede obispos mediocres y la tensión no había aminorado en 30 años. En este tiempo, los eustacianos, es decir, católicos partidarios de Eustacio, su legítimo obispo hacían la sede ingobernable, incluso a los obispos no arrianos. 

Melecio es expulsado de Antioquía.
Patriarca de Antioquía.
En 362 los obispos reunidos en Antioquía se reunieron para elegir patriarca y tanto los católicos como los arrianos comenzaron a maquinar para entronizar a un obispo que les fuera adepto. Unos y otros se fijaron en Melecio. Los católicos porque sabían de su ortodoxia en la fe, y los arrianos porque sabían que los arrianos de Sebaste le habían apoyado para llegar a la sede, y por ello no desconfiaban del todo. Así que, dice el “Flos Sanctorum” que “conociéndole todos por un hombre muy elocuente; de un natural dulce, amigo de hacer bien, muy propio para conciliar los ánimos, y unir los corazones, irreprensible en sus costumbres, y generalmente estimado de todo el mundo, esperaron hallar en él un digno prelado”. Su indefinición teológica no pesó más que sus virtudes, su modestia, vida sencilla y afabilidad, y por ello le apreciaban los más eminentes prelados del momento como San Basilio Magno (2 de enero y 14 de junio). Pero hay que decir que no faltan historiadores que apuntan que Melecio hizo concesiones y promesas en privado a todos, arrianos y católicos, y a los católicos eustacianos, de modo que todos pensaban que estaba de su parte. Como fuese, el emperador Constancio dio su visto bueno a la elección y Melecio tomó posesión de su sede. En un principio fue ambiguo, según parece, y su afán conciliador hizo recelar a los católicos, como ya había pasado antes y lo que antes le habían pasado por alto, la indefinición, comenzó a pasarle factura. Constancio II, emperador arriano, le hizo comparecer ante él para que aclarase su fe y proclamase su preferencia teológica. Melecio evidenció que a pesar de su paciencia y caridad con los arrianos, no se había apartado de la fe ni un punto. San Basilio escribirá que “Melecio fue el primero en hablar con libertad a favor de la verdad y pelear la batalla en el reinado de Constante. Cuando Melecio finalizó su discurso los asistentes le pidieron que resumiera de su enseñanza. Él extendió tres dedos hacia la gente, luego cerró dos y dijo ‘Tres Personas se conciben en la mente pero es como si nos dirigiéramos a una sola’”. Gesto que aún vemos en la iconografía oriental como signo de proclamación de fe trinitaria.

Los herejes se enfadaron y le calumniaron, acusándole de sabelianismo, una herejía que erraba en la fe trinitaria. En 361 el emperador le depuso y desterró a Melitine. Esto supuso el enconamiento de los problemas entre católicos y arrianos. Los primeros, además divididos entre eustacianos y melecianos. Los arrianos poseían las iglesias y los católicos de un bando no querían ni oír hablar de los otros. Los melecianos incluso llegaron a venerar iconos de Melecio, aún en vida y desterrado. Ese mismo año 361 murió Constancio II y Melecio regresó a Antioquía, pero nada cambiaba, el cisma entre los católicos continuaba, y los arrianos contentos de ello. Melecio y San Eusebio de Vercelli (2 de agosto) intentaron arreglarlo, pero nada podían. Y más se agravó cuando San Lucifer de Cagliari (20 de mayo) ordenó obispo a Paulino, el jefe de los eustacianos, que comenzó a llamarse Patriarca de Antioquía. Para colmo, el emperador Juliano consumó su apostasía y comenzó su persecución a la Iglesia. De los cristianos que padecieron estaban los mártires Santos Bonoso y Maximiano (21 de julio), a quien Melecio acompañó hasta el lugar del martirio. 

Enemistad con San Atanasio.
En 363, llegada la paz con el emperador Joviano, este reconoció a Melecio como legítimo Patriarca, y lo mismo hizo San Atanasio (2 de mayo). Pero Melecio fue displicente, no respondió a su mano tendida y Atanasio lo tomó como una rebeldía, considerándole sospechoso de herejía y desobediencia, pasando este juicio a los católicos. Curiosamente, esta aversión de los alejandrinos hizo rodear a Melecio de la admiración de Occidente y no pocos obispos y fieles orientales, que veían a la sede de Alejandría como rival en autoridad a la de Antioquía, fundada por San Pedro (29 de junio; 1 de agosto, “ad Víncula”; 18 de enero, cátedra en Antioquía; 22 de febrero, cátedra en Roma; y 18 de noviembre, la Dedicación). Mientras que en su sede los eustacianos le disputaban, el imperio y las prominentes sedes de Calcedonia, Constantinopla o Cesarea aceptaban su autoridad y admiraban su ejemplo. Así fue que logró reponer la unidad teológica, solo teológica, en Siria. Tal hecho no podía ser perdonado por los arrianos, que le expulsaron en 365, y sus fieles fueron arrojados de las iglesias y excomulgados por los católicos eustacianos. 

En 367 recuperó su sede, y este mismo año ordenó diácono al gran San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal). En 371 la persecución contra los católicos por parte de los arrianos, se hizo patente en Antioquia. San Basilio, que era obispo de Cesarea, comenzó a poner paz entre Atanasio y Melecio como primer paso para imponer la paz entre los católicos y entonces suprimir a los arrianos: No podían estar divididos frente a un enemigo común. El papa San Dámaso (11 de diciembre) bendijo aquellas negociaciones. Atanasio, olvidando el desplante de 363, accedió a hacer la paz y mostrarse como una sola Iglesia. Pero murió repentinamente, y su sucesor, San Pedro II de Alejandría (14 de febrero), no estaba tan dispuesto a ello, incluso toleró y acogió a una nueva división en la iglesia de Antioquía, aceptando la obediencia de una facción de católicos que se sentían fieles de Alejandría y no de Antioquía, al no considerar legítimos ni a Melecio ni a Paulino. O sea, que la división entre los católicos iba a más y, para más inri, San Dámaso optó por Paulino el obispo eustacianista, reconoció como válida su elección y, además, lo nombró legado papal para Oriente. San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), que en un principio había optado por mantenerse al margen, finalemente apoyó a Paulino que le ordenó presbítero, y escribió profusamente defendiendo a este frente a Melecio y sus fieles. Basilio y Melecio quedaron, claro, decepcionados. 

Una leyenda dice que San Julián Sabas (18 de octubre) pasó por Antioquía para alentar a los católicos, realizando algún milagro.

Inicio de la paz. Concilio de Constantinopla.
En 378 Roma condenó los errores teológicos nacidos a la par del cisma antioqueno. A mediados de ese año murió Valente y subió al trono Graciano, católico, que se propuso la restauración de la paz y la unidad en la Iglesia. A finales de 378 Melecio volvió a su sede. En 379 convocó un Concilio para proclamar la fe de la Iglesia, sin ambages ni concesiones teológicas. Se arrojaron a los arrianos de sus sedes, los católicos volvieron a poseer sus iglesias y se ordenaron obispos que habían sido probados en su ortodoxia mediante la persecución. Restaurada la unidad teológica, quedaba el problema de los dos obispos, Melecio y Paulino, que se consideraban legítimos. Melecio planteó que cuando uno de ellos muriera, el cisma terminara, aceptando todos la autoridad del sobreviviente pero los eustacianos (ya “paulinistas”) no aceptaron. Pero Dios supo como poner las cosas en su sitio: se convocó un concilio en Constantinopla para elegir al Patriarca de esta sede. La costumbre decía que el obispo de Alejandría debía presidirlo, pero al haber sede vacante, le correspondía al obispo de Antioquía. El emperador San Teodosio I (17 de enero), que veía claramente a Melecio como único que hacía algo para terminar el cisma de Antioquía, le designó para el concilio, por encima de Paulino, al que todos ignoraron. El concilio eligió como obispo de Constantinopla a San Gregorio Nacianceno (1, Iglesia Siria, 2; 19, traslación de las reliquias, 25, traslación de las reliquias y 30, Sinaxys de los Tres Patriarcas, de enero; 9 de mayo; 11 de junio, traslación de las reliquias, y 23 de agosto, Iglesia de Georgia), que fue promovido principalmente por Melecio, que igualmente quiso que el concilio terminase con una solemne proclamación de la fe católica. 

Muerte y culto.
Y con este concilio en el que Melecio coronó su obra en pro de la paz de la Iglesia le llegó el momento de subir al Padre. En la última sesión del concilio, 12 de febrero de 381, sufrió un ataque y murió casi instantáneamente. Sus funerales se celebraron en la iglesia de los Santos Apóstoles y sirvieron de muestra de la unidad de la Iglesia, dejando de lado partidos y bandos, en ellos predicó San Anfiloquio de Iconia (23 de noviembre), que siempre había apoyado a Melecio. El emperador asistió conmovido. Un segundo funeral se celebró en la catedral, predicado por San Gregorio de Nisa (9 de marzo y 10 de enero, rito bizantino). El cuerpo fue trasladado a Antioquía, y depositado junto al del santo obispo San Babilás (24 de enero y 4 de septiembre, Iglesias Orientales). Le sucedió San Flaviano I (21 de febrero), su fiel seguidor. A los cinco años de su muerte, y siendo ya venerado como santo, San Juan Crisóstomo predicó en su honor un bello sermón que aún se conserva.

Fuentes:
-“La leyenda de oro para cada día del año”. Volumen 1. PEDRO DE RIBADENEIRA. Barcelona, 1864.
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 12 de febrero además se celebra a Santa Humbelina de Jully, abadesa.

jueves, 11 de febrero de 2016

Beata Eloísa de Coulomb

Pregunta: Buenos días. Gracias por el trabajo que hace respondiendo preguntas relacionadas con los santos ¿Mi pregunta es existe alguna santa llamada Eloísa? Costa Rica.

Respuesta: Gracias a ti por leerme y suscribirte, yo solo hago lo que puedo. Sí que existe al menos una santa, o beata, según quien escriba, de este nombre:

Beata Eloísa (o Hèloïse, Helvise o Helwise) de Coulomb, viuda reclusa. 11 de febrero. 

No se conoce mucho de su infancia, pero era de ascendencia noble y caritativa. Fue casada con el conde Hugues II de Meulan, llamado Cabeza de Oro, del que enviudó pronto. En 1033 donó a la abadía de Coulomb rentas y bienes que le pertenecía, procedentes de sus parroquias Lainville y Montreuil-sur-Epte. Se casó en segundas nupcias con Alejandro Azzelin, con el que tuvo varios hijos. Pero nuevamente enviudaría. Dispuesta a dedicar totalmente su vida a Cristo, en 1056 donó las posesiones que le quedaban en  Montalet-le-Bois, Meulan y Jambville a la abadía. Luego de esto, pidió al abad, que era su hijo Godofredo, vivir junto al monasterio como reclusa. Se le hizo una pequeña celda, donde vivió en oración y penitencia el resto de su vida. Según las crónicas abaciales, murió el 10 de febrero de 1066, aunque el martirologio de Chartes dice que fue el 8 de febrero. Como sea, la abadía de Coulomb comenzó a celebrar su memoria litúrgica como beata a 11 de febrero bajo el mandato del abad Roberto, tercer abad y sobrino de Eloísa, hijo de Alix, hermana de esta. En 1090 el abad Gautier estableció una comunidad de vírgenes junto a la iglesia abacial, construyendo un complejo monástico tomando parte de la celda de Eloísa, cuyo ejemplo seguían aquellas reclusas. En un tiempo indeterminado sus reliquias pasaron a la iglesia. Luego de la Revolución Francesa, solo se conserva su cabeza en un busto relicario en la parroquia de Coulombs.


Fuente:
-“Histoire de l'abbaye de N.-D. de Coulombs. LUCIEN MERLET. Chartres, 1864.

miércoles, 10 de febrero de 2016

San Caralampio

San Caralampio (Haralambos), presbitero y mártir. 10 de febrero.

Anónimo mexicano.
Las actas martiriales narran que en el tiempos del emperador Severo había un sacerdote cristiano de nombre Caralampio que enseñaba la doctrina de Cristo y despreciaba a los dioses romanos. Enterados de esto, los romanos hicieron comparecer a Caralampio e intentaron que renunciara a su fe cristiana y adorara a los dioses con sacrificios. Ante la negativa de san Caralampio ordenaron que le azotaran con garfios de hierro, dándose vuelta Caralampio agradeció a sus verdugos el haberle renovado el cuerpo y el espíritu con los azotes. Los verdugos sorprendidos vieron que a pesar de haberle azotado, la piel de Caralampio permanecía intacta y que al golpearle se sentía tan dura como el hierro. Los dos verdugos, de nombre Porfirio y Bapto, ante esto decidieron convertirse al cristianismo y posteriormente también murieron mártires. El capitán Lucio indignado por la torpeza de los verdugos pensó que se trataba de artes de magia del anciano y el mismo decidió asestar contra él un golpe, pero al momento sus manos se separaron de los codos quedando totalmente inútiles. El presidente Luciano al ver esto muy molesto se levantó de su silla y escupió el rostro de Caralampio, y al momento se le torció la cabeza. Ante tales signos todos tuvieron miedo y pidieron perdón a san Caralampio el cual oró por sus captores y todos quedaron sanos y decidieron posteriormente bautizarse. Caralampio seguía obrando milagros curando enfermos y resucitando muertos.

Ante las noticias de lo sucedido con Caralampio el emperador hizo que trecientos soldados le apresaran y le llevaran a Antioquía. Al llegar los soldados apresaron al santo y le clavaron clavos por todo el cuerpo y lo ataron de las largas barbas y le hicieron que caminase de esa forma. dice la leyenda que pasó un caballo el cual le habló a los soldados, amonestándolos por llevar de esa forma a Caralampio y no reconocer que con él estaba Dios. A pesar de este prodigio los soldados continuaron en su camino. Se narra que el mismo demonio tomó forma de un viejo y se presentó ante el César para acusar a Caralampio de ser un mago. El César ordenó que Caralampio fue quemado vivo y a fuego lento, la concubina del emperador tomó un manojo de ceniza caliente y la arrojó en la cabeza del santo. Pero al ser llevado san Caralampio ante las llamas estas se apagaron al instante y los verdugos se desmayaron; ante todo esto el emprador hizo traer a un hombre que se encontraba poseído y ordenó a Caralampio que lo curase. El demonio al verse frente a Caralampio pidió perdón a este, y a la orden del santo el hombre quedo liberado. De la misma manera hicieron traer el cadáver de un joven que tenía tres días de muerto y Caralampio lo resucitó al instante, haciendo que el César reconociera lo grande que era el Dios de los cristianos. Desgraciadamente el emperador fue aconsejado por un tal Crispo que se deshiciera de Caralampio con el pretexto de que no era más que un poderoso mago, por lo que intentaron una vez más obligar a Caralampio a sacrificar a los dioses y ante la negativa de este le hicieron andar sobre teas encendidas pero no dañaron en absoluto al santo sino al contrario dañaron a setenta soldados.

Ante estos portentos san Caralampio logró la conversión de la hija del emperador santa Galena y ante esto el emperador lo condenó a morir decapitado, pero estando a punto de recibir el golpe en el cuello se abrieron los cielos y se escuchó una voz que decía: “Ven Caralampio, amigo mío, que has padecido tanto por mi nombre: ven y pídeme lo que quieras, que yo lo concederé”. San Caralampio agradeció a Dios por tal gracia y le pidió que donde depositasen sus reliquias o celebrasen su memoria, no hubiese hambre, ni peste, ni aire contagioso y que en cualquier lugar en donde se conservase la memoria de su martirio, librara Dios a los cristianos y a los animales de todo mal. La voz le respondió: “Hágase como lo has pedido, mi generoso atleta”, y al momento sin que el cuello de san Caralampio fuera tocado por la espada murió al instante, a la edad de 113 años.

Imagen venerada en
Comitán de Domínguez, Chiapas.
El culto a San Caralampio en especial movido por su leyenda tuvo gran fuerza durante los siglos XVIII y XIX. En Portugal y Galicia se le venera en algunos sitios. En México, específicamente en la población de Comitán de Domínguez, Chiapas, existe actualmente un fuerte culto por este santo, ya que se cuenta que en el siglo XIX llegó un soldado algunos dicen que proveniente de Cuba, otros que de Guatemala, que traía consigo una novena de san Caralampio y que un hombre de nombre Raymundo Solís que habitaba en el barrio en el que actualmente se levanta el templo del santo se la compró. Mandó a hacer una imagen a Guatemala que fuera similar a la de la novena. Siendo el pueblo atacado por una terrible peste, toda la gente se moría. A excepción de la casa del señor Raymundo todas las casas habían sido infectadas, y ante esto coincidieron que se debía a la intercesión de San Caralampio por lo que el pueblo entero decidió llevar en procesión la imagen del santo prometiéndole celebrar su fiesta anualmente con lo que al poco tiempo cesó la peste en Comitán y de esta forma inició su culto.

Por: Lic. André Efrén Ordóñez

lunes, 8 de febrero de 2016

San Esteban, el abad olvidado.

San Esteban de Grandmont, abad. 8 de febrero (y 13, antiguo martirologio romano).


Esteban y Hugo de la Certa,
su discípulo.
Su vida la escribió su VI sucesor, Gerard Ithier, a finales del siglo XII. También su discípulo querido, Hugo La Certa recopiló sus pensamientos y frases. La "vita", casi leyenda, y cuenta que Esteban era hijo de Esteban y Cándida, vizcondes de Thiers, y que nació en 1046. A los doce años fue llevado por su padre en una piadosa peregrinación por diversos santuarios de Italia, especialmente las reliquias de San Nicolás (6 de diciembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias a Bari). A su regreso, Esteban cayó enfermo en Benevento, y el padre se vio obligado a dejarlo a cargo de San Milo (23 de febrero), arzobispo de la ciudad, al que conocían por ser coterráneos. Aquí las noticias no son muy certeras, pues San Nicolás no fue trasladado a Bari hasta 1087, y Milo gobernó Benevento antes, de 1074 a 1076. Como fuese, este prelado tuvo el mayor cuidado del joven Esteban y lo educó en ciencias, piedad, artes, etc. A medida que crecía, aumentaba en Esteban la intención de servir a Dios en el estado eclesiástico, por lo cual lo ordenó de diácono. A los 24 años de edad murió su protector y Esteban se fue a Roma a terminar sus estudios de teología y liturgia. Allí sus deseos cambiaron hacia la vida religiosa y pidió permiso a los papas Alejandro II y San Gregorio VII (25 de mayo) para imitar la vida austera de unos ermitaños que poblaban Calabria. El papa vaciló, pues tenía grandes planes para el joven dentro de la carrera eclesiástica, así que le ofreció pingües beneficios eclesiásticos y el cardenalato, pero Esteban no cejó, así que el 1 de mayo de 1073, Gregorio VII cedió a su solicitud firmando la Bula de autorización.

Libre ya, Esteban regresó a su patria. Visitó a sus padres y halló que su padre había muerto. Repartió sus bienes entre Guido y Guillermo, sus hermanos menores luego se fue a Aurielle, donde San Gaucher (9 de abril) tenía un monasterio de canónigos regulares. Allí estuvo un tiempo, aprendiendo los usos de la vida monástica, pero poco duró allí, pues San Gauchier había fundado allí mismo un monasterio de canonesas y a Esteban no le gustaba la proximidad de aquellas mujeres, por lo que en 1076 se retiró a Muret, cerca de Limoges. Allí, entre las rocas y los árboles, construyó una pequeña cabaña, y entregó a sí mismo a Jesucristo poniéndose un anillo que su padre le había dado al partir. Lo puso en su dedo y escribió esta fórmula en un pergamino: "Yo, Esteban, renuncio al diablo y todas sus pompas, y me ofrezco a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, Único Dios verdadero en tres Personas". Luego de haber escrito estas palabras, las puso sobre su cabeza, y añadió: "Oh Dios Todopoderoso, que vives eternamente, y reinas Uno en Tres Personas, prometo servirte en esta ermita en la fe católica, y en señal de lo cual coloco este escrito sobre mi cabeza, y coloco este anillo en mi dedo, esperando que en la hora de mi muerte esta promesa pueda servir en mi defensa contra mis enemigos". Luego dirigiéndose a la Santísima Virgen dijo: "Santa María, Madre de Dios, encomiendo mi cuerpo, mi alma y mis sentidos a tu Hijo y a ti".

"No puedo recibir
lo que no es tuyo"
En esta soledad salvaje, Esteban vivía en oración y practicando todo tipo de austeridades. Vivía de hierbas silvestres y raíces, y en ocasiones de algún pan o queso que los pastores de cabras le dejaban por caridad. Siempre llevaba sobre la piel una piel de cabra con placas de hierro y aros tachonados con puntas afiladas, sobre la cual vestía su única prenda, hecha de arpillera grosera, tanto en verano como en invierno. Solo dormía unas pocas horas, y eso sobre unas tablas en forma de ataúd. Y pasaba tanto tiempo postrado en el suelo, que la nariz se le fue torciendo hasta desfigurarse. Además, le salieron callos en las rodillas y la frente. Contra lo que pueda pensarse, este género de vida no le hizo permanecer en soledad, sino que poco a poco, discípulos se reunieron a su alrededor algunos discípulos que se pusieron bajo su guía. Él no permitia le llamara abad o superior, sino solamente Hermano corrector. Como sabía que todos no estaban llamados a aquella vida tan dura, era caritativo e indulgente con los que no podían ayunar tanto, o vivir en tanta penitencia. Áspero consigo mismo, suave con los demás. Su fama se extendió y los prelados de la Iglesia le veneraban y pedían su consejo, incluso el papa envió dos cardenales, Gregorio de Papareschi, futuro Inocencio II y Pedro de Lyon, futuro antipapa Anacleto II, para oír sus palabras. Estos, legalistas, le preguntaron con deseo de analizar su situación canónica en la Iglesia, le preguntaron si era monje, ermitaño o canónigo. "Soy un pecador", fue su respuesta. Otra versión de este leyenda dice que los legados fueron Rolando Bandinelli, futuro Alejandro III, y Pablo Scolari, futuro Clemente III, que habrían quedado "enamorados" del siervo de Dios y su santidad. Otra anécdota cuenta que un día en que había muchas visitas, saludó con distancia a unos caballeros y nobles; luego que estos se fueron, y solo quedaban los pobres, los abrazó y hablaba animadamente con ellos. Algún monje le dijo que descansara, a lo que respondió: "¿Ahora queréis que me retire, cuando está Jesucristo entre nosotros? No quiera Dios incurra yo en esa falta de delicadeza, es deber mío servir a nuestro Salvador en la persona de estos, sus miembros".

Además, tenía el don de espíritus, por lo que conocía cuando sus discípulos estaban tristes o habían pecado, ante lo cual obraba con prudencia y caridad. Un día una joven le regaló una cesta de huevos, entre los que había algunos robados. El santo le dijo "¿Por qué ofreces bienes mal adquiridos? No puedo recibir lo que no es tuyo", y con paciencia, seleccionó solamente aquellos que sabía eran de origen honesto. Algunos milagros realizó: A uno que llevaba un caballo cargado de pan para los monjes le asaltaron los ladrones. Al decirle que eran panes para el abad Esteban, los ladrones dijeron "aun cuando sean para el mismo Dios, lo comeremos". Pero ni con aflilados cuchillos podían partirlo, ni hubo diente que lograra romperlos. Ante tal maravilla, acompañaron al bienhechor al monasterio y allí Esteban partió el pan con facilidad, dando a cada ladrón un trozo y aconsejándoles cambiar de vida. A un pobre hombre cuya estaba mujer enferma y por ello había gastado todos sus ahorros, el santo le animó a no dejarla, como había prometido en el matrimonio. Además, le dio un pan y una moneda de plata asegurándole que con ello bastaría para salir adelante.

46 años vivió así Esteban, sin cejar en sus austeridades por Cristo. El 1 de febrero de 1124, sabiendo estaba pronta su partida, llamó a sus discípulos y les dijo: "Hijos míos, os dejo sólo a Dios, a quien todas las cosas pertenecen, y para el cual habéis renunciado a todas las cosas, y a vosotros mismos. Si os gusta la pobreza, y os unís a Dios constantemente, Él os dará todas las cosas que necesitáis". Cinco días después se le llevó en una litera a la capilla, donde oyó misa, recibió la extremaunción y el viático. Murió el viernes 8 de febrero de 1124, con 78 años. Fue enterrado en su celda, que convirtieron en capilla. En 1125, los hermanos se trasladaron a 5 km de Grandmont, a Ambazac, trasladando el cuerpo con ellos. Es abogado contra la tos ferina.


Busto relicario.
La Orden Gramontina.
Su Orden monástica, que no tenía más regla que el Evangelio, de ahí su conocida frase "No hay regla que no sea el Evangelio de Cristo", se inscribe dentro de un marco renovador en la Iglesia, de búsqueda espiritual del cristianismo primitivo, alejado de las tradicionales órdenes monásticas, ricas la mayoría. Los gramontinos, como se les conocerá con el tiempo, originalmente no poseían tierras ni animales, si acaso abejas. Vivían de su trabajo, la pobreza era absoluta y sus iglesias austeras y sin ornamentación alguna. Al santo le atribuyen esta sentencia que decía a los que pedían tomar aquella vida: "Hermano, puede ir a cualquier monasterio que desee, donde hallará edificios impresionantes, alimentos delicados, servidos de acuerdo a su ánimo. Allí también hallará grandes extensiones de tierra y de rebaños. Aquí encontrarás solamente la pobreza y la Cruz de Cristo". Una característica especial era que los hermanos clérigos o sacerdotes no eran nunca los superiores de las comunidades, sino los hermanos laicos. Después de la muerte de Esteban, la Orden siguió su curso, y como otras, fue cayendo en la relajación, hasta extinguirse. Estos fueron algunos de sus hitos: en 1150 se escribe la primera Regla, que acepta el papa Adriano IV en 1156. Alejandro III la confirma en 1171. El 21 de marzo de 1189 el santo fundador, Esteban, fue canonizado por Clemente III (por ello la leyenda los identifica con los prelados que le visitaron). Entrado el siglo XIII la tensión entre los hermanos sacerdotes y los laicos va en aumento, pues los primeros quieren gobernar ellos, siguiendo la costumbre de otras órdenes monásticas. El abad cisterciense San Pedro Monóculo (29 de octubre) fue legado del papa para resolver los problemas, pero poco pudo hacer por ayudarles. Poco a poco, a base de condenas, amenazas de excomuniones y negación de sacramentos, los hermanos laicos van perdiendo su autoridad, a la par que la Regla se va atenuando y sucesivos papas la mitigan.

Las fundaciones realizadas en Inglaterra, Francia y España entre los siglos XII y XIV reciben diezmos y donaciones cuantiosas, con lo que el ideal primitivo de austeridad del culto y pobreza de vida, desaparecen. A su favor hay que decir que su interés por el culto y la belleza, les lleva a convertir sus monasterios en verdaderos talleres de creación de vidrieras, esculturas, bellos libros litúrgicos, forja, esmaltes, relicarios de oro, etc. En 1317 la situación de relajación es tal, que hay intenciones por parte de algunos de retomar el espíritu primero, se fundan otras comunidades y amenaza el cisma. El papa Juan XX suprime algunos monasterios, corrige excesos, erige la abadía de Grandmont, refundada en el siglo XII como abadía madre, imponiendo un Padre General. Reduce las comunidades a no más de 20 hermanos. Los monjes recomienzan más o menos su vida sencilla y austera. Pero la Guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia diezma los monasterios y los religiosos dejan la vida monástica, algunos toman las armas o se integran en monasterios de otras órdenes. En Inglaterra desaparecen con la persecución de Enrique VIII. 

Los siglos XVI y XVII son nefastos para la vida contemplativa gramontina. No queda nada del espíritu fundacional y los monasterios son cotos privados de los sucesivos reyes franceses, único país donde permanecen. En el siglo XVII solo queda la abadía de Granmont, y algunas casas dispersas, sin comunicación con las demás. Charles Frémon, abad de Grandmont, se propone retomar definitivamente el ideal primero, viviendo la sencillez y la penitencia a imagen del fundador, pero todas las casas no lo aceptan, ni se hallan con fuerzas o miembros suficientes para reformarse. 

Aprovechando esta esta baja moral en la Orden, en 1772 el obispo de Limousin logra hacerse con el mando de la abadía, dispersando a los religiosos y vende la abadía para que usen los materiales. Comienzan las demoliciones, que se cortan a finales de siglo, con la Revolución Francesa, que persigue a los pocos monjes que quedan, como a todos, y saquea y destruye casi todos los monasterios. Finalmente, en 1817, ante el peligro de derrumbe, Grandmont es demolido totalmente. En 1975 un ermitaño retomó el ideal de San Esteban, estableciéndose en el antiguo eremitorio gramontino de Saint-Etienne de Villiers. En 1983 se unieron dos hermanos, y establecieron una comunidad que permanece.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
- http://nominis.cef.fr/contenus/saint/593/Saint-Etienne-de-Grandmont.html

-"Les vies de tous les Saints de France". Tomo II. M. CH. BARTHELEMY. Versalles 1864.
-"El Santo de cada día". EDELVIVES. Huesca, 1946.

domingo, 7 de febrero de 2016

Beata Rosalía Rendu.

Beata Rosalía Rendu, virgen Hija de la Caridad de San Vicente. 7 de febrero.

Juana María Rendu nació en 1786, en Confort, Lancrans, Francia. Sus padres Antonio y María eran de clase media, labradores acomodados. En 1789, cuando estalla la Revolución Francesa y los sacerdotes y miembros de la Iglesia refractarios al nuevo orden republicano son perseguidos a muerte la familia Rendu arriesga su vida y bienes acogiendo a algunos sacerdotes y al mismo obispo de Annecy. En este ambiente de persecución, de noche y en el secreto de un sótano, como en las catacumbas, la pequeña Juana María toma la primera comunión. A los 10 años muere su padre y la menor de las hermanas, en un breve lapsus de tiempo. Como es la mayor, deja sus ilusiones de estudiar, para hacerse cargo de dos hermanas pequeñas y ayudar a su madre a sacar la familia adelante. 

En 1794, llegada la paz, su madre la envió con las ursulinas Gex, que acogían niñas en un modesto pensionado, a la par que las instruían en labores y oficios, preparándolas para la vida. Allí la jovencita conoce a las Hijas de la Caridad, que si bien durante la revolución Francesa habían sido toleradas por su acción en favor de los pobres, estaban obligadas a vestidas de civil y no podían admitir novicias. En 1800 el Ministro de Interior, Chaptal permitió recibieran miembros en la “asociación”, ante la evidente escasez de enfermeras que padecía Francia. En 1802, el Ministro de Cultos, Portalis, autorizó la restauración de las Hijas de la Caridad como congregación religiosa. Las demás congregaciones femeninas de vida activa tendrían que esperar hasta 1807. En este entorno de dificultades las conoció Juana María, trabajando incansablemente por los enfermos, los pobres y los niños expósitos. Colabora con ellas, visita a los pobres y les lleva consuelo y ayuda de parte de las religiosas. 

Así se define su vocación, y en 1802 entra con las Hijas de la Caridad de París. Fue de las primeras en ser admitidas luego de la restauración de la Congregación. En 1803, antes de terminar el noviciado le trasladan al deprimido barrio de Mouffetard, donde profesa con el nombre de Rosalía. Las religiosas tenían varias obras, y Rosalía es destinada a la educación y catequesis de los niños y las visitas a los pobres. Pero poco a poco, además de colaborar, Rosalía va poniendo su sello caritativo y organizador. Es despierta, resolutiva, paciente pero firme, cualidades excelentes para una religiosa que trata diariamente con las miserias y la desesperación humanas. 

En 1807, con la total libertad de las Congregaciones religiosas por parte de Napoleón salen a la luz parte de estas miserias humanas: Napoleón, para controlar la actividad de las religiosas, como cosa del Estado, las pone bajo la obediencia del obispo de París, pisoteando al Superior Superior General de los Padres Paúles, hasta el momento superior también de las Hijas de la Caridad. Las monjas se dividen entre ellas. Unas prefieren aceptar la resolución imperial y obedecer al obispo con tal de no padecer otra disolución que podría ser mortal, y otras prefieren abandonar París antes que negarse a traicionar el espíritu y las normas de la Congregación. Entre las primeras se halla Rosalía, que teme la extinción de la Congregación y sobre todo, que los necesitados queden sin protección. La tensión se calma en 1815 con el regreso de los Borbones, que deciden no meterse en esos asuntos, y las religiosas regresan bajo la autoridad del Superior General. Aunque Rosalía había estado entre las "transigentes", fue elegida superiora de la casa. Con el paso de los años a las obras que las Hijas de la Caridad tenían, Rosalía añadirá un horfanato, una escuela, un dispensario, y escuela nocturna para las jóvenes obreras, para las cuales añadieron en breve una guardería matutina. Además, abrió una casa para ancianos abandonados. Se atrae colaboradores, ricos y pobres. Unos aportan dinero, otros brazos y corazón. Se hace rodear de seglares que extienden la obra compasiva según el espíritu de San Vicente de Paúl (27 de septiembre y 26 de abril, traslación de las reliquias), lo que se considera el germen de la Sociedad de San Vicente de Paúl, fundada posteriormente por el Beato Federico Ozanam (8 de septiembre).

En 1830 estalla la "revolución de julio", y Rosalía se prodiga con los necesitados, atiene a los heridos, protege a perseguidos de uno y otro bando, además de mantener las obras iniciadas. Llega incluso a meterse en barricadas y trincheras, para salvar a los heridos que no podían trasladarse. En su casa hallan refugio algunos sublevados y el Comisionado de Policía, de nombre Gicquel manda arrestarla por hacerlo. Los soldados se niegan, conscientes de que la defenderán con las armas si lo creen necesario. Gicquel se entrevista con la Hermana Rosalía. Le pide que le explique como es que las religiosas violan la ley. Ella responde: "Señor Comandante, soy una Hija de la Caridad, y en todas partes ayudo a los desafortunados. Si usted estuviera siendo perseguido, yo le socorrería, se lo aseguro". "Prométalo", dijo él. "No es necesario" – replicó Sor Rosalía – "una Hija de la Caridad no tiene derecho a perder la caridad". Y Gicquel la dejó en paz. Además, se desvivió con los necesitados en las distintas epidemias de cólera 1831, 1849 y 1854. Y no solo por con su persona, sino con solo nombrarla. En 1831, corrió el rumor que los médicos y farmacéuticos propagaban aposta el cólera, para acabar con los pobres. Que era un plan, vamos, para matarlos. Por ello, los ánimos se caldearon contra los doctores, y la desconfianza se acentuaba. Un día llevaba el doctor Royer-Collar un enfermo al hospital desde Mouffetard, cuando un grupo de vecinos quiere detenerlo y lincharlo. "¡Soy uno de los amigos de la Hermana Rosalía!", grita, y como por ensalmo, le dejan tranquilo, incluso le ayudan a llevar al enfermo. 

"En esta casa no se mata"
En 1848 estalló otra revolución en la que igualmente, Rosalía se volcó con todos los que padecían. Amigos y enemigos, revolucionarios o conservadores, todos los heridos eran acogidos por ella y las religiosas, llegándose a vivir momentos de tensión, pues en varias ocasiones los heridos de uno u otro bando discutían, peleaban e incluso se amenazaban de muerte. Sucedió el 24 de junio de 1848, cuando unos oficiales fueron rodeados por revolucionarios y huyeron refugiándose en la casa de las Hermanas, y estos pretendieron llevárselos a punta de bayoneta. Pero Sor Rosalía arriesga su vida y les impone su ley: "En esta casa no se mata". Los revolucionarios pretenden sacarlos fuera, las religiosas los rodean y la beata se arrodilla ante el cabecilla de los insurgentes y le dice "En nombre de todo lo que por ustedes, sus esposas e hijos he hecho, te ruego perdones la vida de estos hombres". Los sedientos de odio se desarman, sueltan sus bayonetas y algunos lloran. El que antes quería matar, le dice estupefacto: "¡Pero Hermana, ¿quién eres tú?!" "Señor – fue la respuesta – sólo soy una Hija de la Caridad. Sólo eso".

En otra ocasión puso en jaque a un poderoso, en aras de la caridad: en su escuela había una niña que lloraba constantemente porque su padre estaba preso. Sor Rosalía, informada que había sido una injusticia, y el hombre era bueno y trabajador, se propuso liberarle. Y un día en el que el general Cavaignac, que apreciaba a Sor Rosalía, visitaba el colegio, nuestra beata tomó a la niña de la mano, la plantó delante del militar diciéndole "Hija mía, este hombre puede liberar a tu padre, si quisiera".
"¡Oh, Señor – dijo la niña – devuélveme a mi padre! Le necesitamos en casa" "Pero él debe haber hecho algo serio", dijo  Cavaignac. La niña replicó "¡Oh no! Mamá dice que no, y si lo hizo, no lo hará más, te lo prometo, ¡devuélveme a mi padre y te querré siempre!" Y no hay que decir que a los dos días el obrero estaba libre.


Pero esta temeridad caritativa le trajo una reprimenda por parte de los superiores (que incluso la suspendieron como superiora durante 10 días en 1840), por asistir a los rebeldes opositores del gobierno de Luis Felipe. Tuvo apoyos de María Amalia, esposa de Luis Felipe, y Mme. Villette, la gran amiga de Voltaire, el embajador español Donoso Cortés, entre otros, y ganaba para su causa a la élite parisina, cosa que también le valió críticas de las religiosas, que la acusaban de elitista, aduladora de los poderosos, de gustarle el poder, incluso llegaron a comentar que acudía a fiestas y recepciones. Sus vínculos con el célebre arzobispo de París, Denis Affre, le permitió mediar en los asuntos internos de los padres paúles, lo que le valió rencor continuado del General Nozo. Por todo esto, fue duramente criticada por otras religiosas y no pocos padres paúles, que la consideraban imprudente, rebelde a las normas y demasiado dada a la vida activa, sin dedicar tiempo a la oración. Tal vez porque malentendían su famosa frase "Jamás hago la oración tan bien como en la calle". Palabras metafóricas, pues sus cartas demuestran que toda su actividad apostólica procedía de profunda unión con Dios. 

La revolución, mal conducida, llevó a Napoleón III a coronarse en 1851 como “emperador de los franceses”, el cual, en 1852, le concede la “Cruz de la Legión de Honor”, por toda la obra asistencial y apostólica realizada en la paz o en la guerra. En 1854 Napoleón y Eugenia visitaron la guardería y todas sus obras, siendo espléndidos en elogios y donativos. 

La Beata Rosalía en medio de los combates.

En 1856, luego de 54 años en Mouffetard, Sor Rosalía muere, y sus funerales en la iglesia de San Medardo, el 9 de febrero, fueron multitudinarios y muy sentidos por los pobres. Se hizo luto oficial y la ciudad lo vivió conmocionada. Tal vez sería la principal manifestación de que ricos y pobres, todos mezclados despidiendo a su santa protectora, avanzaban con el cortejo. Ese mismo año, en la alcaldía de París se pone un busto de bronce en su memoria. En 1857 se publicó la primera “vita”, que obvió toda la infancia y la juventud de Rosalía, de las que se poseen pocos datos. En 1867 se le dedica una calle, y unos años más tarde se edifica en su barrio una iglesia en su memoria y dedicada, como no, a su santa patrona, Santa Rosalía de Palermo (4 de septiembre). 

Todos recordaban la memoria de Sor Rosalía. Todos, menos por su superior, el General de los Paúles, que no asistió a los funerales, y gran parte de sus hermanas de hábito, que ni la mencionaban. Tendrían que pasar casi 50 años para que el resentimiento con los métodos y acciones controvertidas, más que con su persona, de la beata fueran puestos en su justo lugar. A principios del siglo XX algunos presbíteros de la Congregación de la Misión escriben artículos sobre ella, comprendiendo su entorno y valorando su obra caritativa. Pero no sería hasta los años 1950 cuando las Hijas de la Caridad rehabilitan su memoria y legado, y solicitan a la arquidiócesis de París la apertura del proceso de canonización. San Juan Pablo II (22 de octubre) la beatificó a 9 de noviembre de 2003.


Fuente:
-“Soeur Rosalie Rendu. Une passion pour les pauvres”. LOUISE SULLIVAN, Archives de sciences sociales des religions. Montreal, 2007.



A 7 de febrero además se celebra a San Tressan de Avenay, religioso.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Santidad Aragonesa

Pregunta: A mi tambien me ha sorprendido algunas preguntas y respuestas como a ti. También me ha sorprendido la respuesta que das del primer santo, yo a veces tambien me lo he preguntado asi que gracias por tan exahustiva respuesta mas de lo que yo hubiera esperado. Mi pregunta es mas facilita. Quisiera saber los santos y beatos nacidos en Aragón. España. 

Respuesta: Sí, hombre, como no, facilita facilita... A ver que podemos hacer: 

Santos Aragoneses:

San Valero de Zaragoza.
San Valero de Zaragoza, obispo y mártir. 28 de enero y 20 de octubre (traslación de las reliquias). 
San Braulio de Zaragoza, obispo. 18 de marzo y 19 de julio (Invención de las reliquias).
San José de Calasanz, presbítero fundador. 25 de agosto.
San José María Escribá de Balaguer, presbítero fundador. 26 de junio.
San Indalecio, obispo. 15 de mayo y 9 de agosto (fue obispo de Almería, pero era de Zaragoza).
San Lorenzo, diácono y mártir. 10 de agosto.
Santos Orencio y Paciencia, padres de San Lorenzo. 1 de mayo.
Santa Eurosia u Orosia, virgen y mártir. 25 de junio.
Santa Isabel de Portugal, reina. 4 de julio. 
San Lamberto de Zaragoza, esclavo mártir. 19 de junio.
San Pedro de Arbués, canónigo y mártir. 15 de septiembre.
San Pascual Baylón, religioso. 17 de mayo.
San Vicente, diácono y mártir. 22 de enero.
San José Pignatelli, presbítero jesuita. 14 de noviembre.
San Prudencio de Tarazona, obispo y mártir. 28 de abril.
Santo Dominguito del Val, acólito mártir. 31 de agosto.
Santa Engracia, virgen y mártir. 16 de abril (la tienen como aragonesa, pero nació en Braga, Portugal. Con ella se celebran los Santos Optato, Luperco, Sucero, Marcial, Urbano, Quintiliano, Julia, Publio, Frontón, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo, Apodemo, Casiano, Matutino, Fausto y Januario. Algunos añaden a Cayo y Cremencio).
Santas Nunilón y Alodia, vírgenes mártires. 21 de octubre.
San Orencio de Auch, obispo. 1 de mayo.
San Victorián de Asán, abad. 19 de enero.
San Gaudioso de Tarazona, obispo. 3 de noviembre.
Santos Juan, Voto, Félix, Marcelo y Benito, ermitaños de Atarés. 29 de mayo.
San Úrbez de Nocito, eremita. 17 de diciembre.
San Ramón de Roda, obispo. 21 de junio y 16 de noviembre (traslación de las reliquias).
Los innumerables mártires de Zaragoza. 3 de noviembre.
San Ignacio Delgado, obispo dominico, mártir de Tonkín. 19 de julio.
San Fernando de Aragón, obispo de Caiazzo. 27 de junio.
Santos Juan de Cetina y Pedro de Dueñas, franciscanos mártires de Granada. 19 de mayo. Solo Pedro era aragonés.
San Íñigo de Oña, abad. 1 de Junio.

Santos de posible o dudosa pertenencia aragonesa: 

San Prudencio Galindo, obispo. 6 de abril.
Santos Atanasio y Teodoro (supuestos discípulos de Santiago el Mayor); Máxima, Leoncia, vírgenes; Flámulo, diácono; Draconcio, presbítero, y Eximino; mártires.

Beatos:

Beatos Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, franciscanos mártires de Teruel. 29 de agosto. (eran italianos en realidad, pero predicaron y fueron martirizados en Teruel).
Beatos Luis Turón Aínsa, y 110 compañeros mártires. 6 de noviembre (son de las diócesis de Zaragoza, Barbastro, Teruel-Albarracín).
Beatos Domingo y Gregorio, dominicos. 27 de enero.
Beatos Secundino María Ortega García, y 19 compañeros claretianos mártires. 13 de agosto.
Beata María Pilar Izquierdo Albero, virgen fundadora. 27 de agosto.
Beato Florentino Asensio, obispo y mártir. 12 de agosto.
Beatos Felipe de Jesús Munárriz, presbítero, y compañeros mártires. 13 de agosto.
Bta. Ma. Pilar Izquierdo.
Beatos Dionisio Pamplona, presbítero, y compañeros mártires. 22 de septiembre.
Beatos José Calasanz Marqués, presbítero, y compañeros mártires. 22 de septiembre.
Beato Jaime I de Aragón, rey. 23 de julio. (pues sí, este rey nada ejemplar tiene permiso de culto para la Orden Mercedaria).
Beata Leonor de Aragón, reina, mercedaria. 25 de enero.
Beata Sancha de Aragón, princesa, mercedaria. 19 de octubre.
Beata Blanca de Aragón, reina. 12 de noviembre.
Beata Costanza de Aragón, reina. 17 de julio (en realidad era siciliana, pero casó con Pedro III de Aragón. Es la madre de Santa Isabel de Portugal).
Beato Ceferino Giménez Malla, laico, terciario franciscano mártir. 4 de mayo.