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martes, 17 de mayo de 2016

Bertoldo II, el emigrante.

Beato Bertoldo II de Lombardía, IV General latino. 17 de mayo.


De este “santo nuestro pasado”, que no hay que confundir con San Bertoldo (29 de marzo), no sabemos nada de su origen e infancia, salvo que los biógrafos le hacen natural de Lombardía y nacido a mediados del siglo XII. Fue de familia de caballeros y caballero él mismo.

Según una apócrifa carta de San Cirilo de Constantinopla (6 de marzo), Bertoldo fue de aquellos caballeros que una vez acabada la Cruzada y hartos del mundo y de las armas, quiso retirarse a soledad. Visitando la santa cueva y los lugares santificados por los profetas San Elías (20 de julio en la Iglesia romana; 12 de enero, la ascensión al Paraíso; 20 de junio, traslación de reliquias a la iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla) y San Eliseo (14 de junio), conoció a los carmelitas, que ya tenían su regla, dada por San Alberto de Jerusalén (17 de septiembre y 8 de abril) a San Brocardo (2 de septiembre). A la sazón, estaban regidos los monjes del Carmelo por San Cirilo Constantinopolitano, el cual, apenas conoció a Bertoldo y vio su devoción, virtudes y luces, le dio el hábito carmelita. Fue un ejemplar religioso y, pronto se convirtió en la mano derecha de Cirilo.

En 1224 murió San Cirilo y los monjes eligieron a Bertoldo como superior y General de la Orden. En este mismo Capítulo en el que se eligió, debatieron los monjes si era conveniente pasar a Europa y extenderse por toda la cristiandad. El motivo principal era el peligro que corrían en Palestina, pues los crueles sarracenos asolaban cualquier territorio cristiano, y cada vez se acercaban más a la Tierra Santa. Si bien una facción recordaba las palabras evangélicas "si os persiguen en una ciudad, huid a otra" (San Mateo), la otra abogaba por permanecer en el Carmelo y afrontar el martirio si era necesario, y evocaban las palabras de Cristo "vosotros no temáis, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino" (San Lucas). Esa misma noche, se le apareció la Santísima Virgen a Bertoldo y le dijo: "Esta es la voluntad de mi Divino Hijo: Que la Orden del Carmelo ilustre no solo la Palestina y Siria, sino todo el orbe cristiano". Así que determinó Bertoldo que debían ir a Europa. Por ello se le atribuye la expansión de la Orden con los primeros religiosos llevados por los reyes cristianos y establecidos en Nicosia, Nápoles, Roma, España. Incluso en Alemania e Inglaterra.

En 1225, como había visto en visión San Bertoldo I, padecieron el martirio muchos carmelitas en Oriente, por parte de los sarracenos. Sus cabezas fueron arrojadas a la fuente de Elías y los cuerpos esparcidos por un valle que luego se llamaría "Valle de los mártires". Pero ese mismo año, en Europa empezarían a los carmelitas padecer otro “martirio”, por parte de los cristianos: la intención del clero y algunas órdenes monásticas de suprimir a los carmelitas. La principal razón aducida era que los carmelitas eran monjes de Oriente sin Regla aprobada por la Iglesia. Acudieron los carmelitas a Rieul, Patriarca de Jerusalén y sucesor de San Alberto, para que les confirmase la Regla Albertiniana. Este lo hizo y, además, les aconsejó que la hicieran confirmar por el papa. 

La persecución arreció y efectivamente, los carmelitas vieron zozobrar la Orden, por la insistencia y tejemanejes de dos prelados. Los carmelitas pidieron al papa Honorio III que les confirmase la Regla y este lo hizo, a pesar de que ya el Decreto de supresión ya estaba redactado por los tales prelados, y solo faltaba la firma del papa. La leyenda cuenta que la Virgen se le apareció al papa y le dijo que recibiese a sus hijos del Carmelo en la Iglesia, y que como prueba de su protección sobre la Orden, aquella misma noche, 15 de julio de 1226, habían muerto aquellos dos "infestissimi curiale", de diversa muerte, pero a la misma hora. Confirmado el hecho por parte del papa, expedió la Bula "Ut vivendi", que aprobaba la Regla Albertiniana, fechada a 26 de enero de 1226.

En memoria de esta aprobación (de palabra) del papa, al día siguiente de la muerte de los enemigos del Carmelo, el Beato Bertoldo instituyó para siempre, a 16 de julio, la Conmemoración Solemne de la Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo. Ese mismo año, visitando el Monte Carmelo, nuestro Bertoldo falleció santamente. Fue sucedido por el Beato Alano (11 de febrero), V General latino .


Por diversas causas, principalmente por dejarse llevar por la pasión y sumándole el desconocimiento de la historia, no pocos hagiógrafos escribieron que dichos “infestissimi curiale” son nada menos que Santo Tomás de Aquino (7 de marzo y 28 de enero, traslación de las reliquias) y San Buenaventura (15 de julio). La razón de tal asimilación puede originarse en que realmente ambos santos murieron inesperadamente. Tomás mientras se dirigía al II Concilio de Lyon, y Buenaventura, el 15 de julio, habiendo comenzado dicho Concilio. Pero esto fue en 1274, pues en 1225, ambos santos ¡tenían un año de edad!

Fuente: 

-"Flos Sanctorum del Carmelo". P. SIMEÓN MARÍA BESALDUCH, O.Carm. Barcelona 1951.


A 17 de mayo además se celebra a
San Torpes, mártir
San Pascual Baylon.

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