jueves, 7 de septiembre de 2017

No vivir si se puede pecar.

San Esteban de Die, obispo cartujo. 7 de septiembre.

La predicación de Esteban.
Esteban nació en Lyon, en la familia Chatillon, en 1150. Fue educado con esmero en las letras y la piedad. Desde niño fue piadoso y penitente, y la juventud no le apartó de su deseo de santidad. A los 25 años tomó el hábito cartujo en Die, y pronto se adentró en los más altos vuelos de la oración. Tenía frecuentes éxtasis, sobre todo al adorar al Santísimo Sacramento o venerar el crucifijo. En una ocasión tuvo una visión en la que veía un ángel con un incensario que agitaba ante el Señor, y cuyos perfumes representaban las oraciones que Esteban elevaba, y que eran agradables a Dios. Además, celebraba la misa con gran devoción, ofreciéndola siempre con abundantes lágrimas.

Al fallecer el prior de su monasterio, Esteban fue elegido para el cargo, que desempeñó con gran caridad y obediencia a la austera Regla de San Bruno (6 de octubre). Algunos años fue prior, hasta ser elegido obispo de Die, en 1201. El santo se horrorizó, pues aquello le supondría abandonar su retiro y su amado monasterio, y aunque se negó, el clero reclamó a Roma, para que el papa Inocencio III hiciera que Esteban aceptara el gobierno de la sede por obediencia. El santo fue consagrado en Vienne en 1202, y fue un excelente prelado. Vivía austeramente, oraba diariamente y asistía siempre al coro con sus canónigos. Predicaba todos los domingos, arrancando lágrimas a los asistentes, y logrando numerosas conversiones, ya fuera por su palabra o por sus milagros. Se dice que como predicaba siempre contra el pecado de trabajar los domingos, en una ocasión pidió a Dios que mostrara a los fieles los castigos que esperaban a los que rompían el mandato divino, y al momento, aparecieron algunos demonios y almas atormentadas y desfiguradas, que horrorizaron a los presentes. Este milagro logró que nadie volviera a trabajar en domingo. Cada vez que podía, Esteban pasaba tiempos en su monasterio como un monje más, participando de la oración común, la penitencia y las austeridades propias de la Cartuja.

En agosto de 1208 Esteban visitaba la Cartuja de de Durbon, y estando consolando a un hermano converso que estaba agonizando, le dijo: "Creed, hermano, que esta enfermedad os llevará al Señor; por eso os pido que cuando estéis con Él, le roguéis por mí, y le pidáis la gracia de que no permita continúe en mi obispado si el hacerlo hubiera de ser causa de ofenderlo a Él". El religioso murió luego de prometerle que así lo haría. Ese mismo día Esteban cayó enfermo de fiebres, y sabiendo que era llegada su hora, se encomendó a la Santísima Virgen, pidió perdón por sus pecados y pasó sus últimos días en éxtasis y conversaciones con Dios. Falleció el santo el 7 de septiembre de 1208, con 58 años de edad. Fue sepultado en la iglesia abacial, y pronto comenzaron a ocurrir milagros junto a su tumba.

En 1231 los obispos de Vienne y otros rogaron al papa Gregorio IX para que le canonizara. Acompañaba la carta una extensa relación con milagros del santo, en vida y luego de muerto. En 1561 los protestantes quemaron la Cartuja, con su maravillosa biblioteca y, lo peor, quemaron además el cuerpo incorrupto de San Esteban. En 1859 su fiesta pasó a toda la Orden Cartujana.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 7 de septiembre además se celebra a 
Nuestra Señora de Regla.
Beato Mateo de Agrigento, obispo franciscano.
San Hildward de Dikkelvenne, monje y obispo.

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