lunes, 27 de abril de 2015

De cautivo del pecado, a redentor de cautivos

San Pedro Armengol, mercedario. 27 de abril.

Nació Pedro en 1258, en Guardia del Prats, Tarragona, como miembro de la noble familia de los Armengol, emparentados con las dinastías castellana, aragonesa y francesa. Su padre, de nombre Arnaldo, era un caballero reconocido por su gallardía y vida cristiana. Según la leyenda, fue bautizado por el ilustre mercedario Fray Bernardo de Corbera, que profetizó: “A este niño el patíbulo ha de hacerle santo”.  Cuando tenía 9 años murió su madre mientras su padre estaba al servicio del rey y el niño quedó bajo el cuidado del mayordomo de su padre, que ya le había educado al mismo Arnaldo. Los años pasaron, y el buen viejo ya no era lo que había sido antes: la ancianidad le había hecho blando como un abuelo, por lo que comenzó a consentir y mimar al jovencito, que descuidó todo deber y responsabilidad. Cuando quiso ponerle remedio, el joven ya estaba metido en líos de juegos, apuestas, pendencias, y rodeado de una camarilla pendenciera.

Martirio de san Pedro Armengol
Vicente Carduch
Finales del siglo XVI-XVII
Llegados a su padre los escándalos de su hijo, pidió días licencia en el ejército, se fue a Guardia del Prats, donde amonestó a su hijo, recordándole su linaje y el ejemplo que debía a sus vasallos. Le conminó a enderezar su camino a Dios y le contó la profecía del día de su bautismo, notando que por ese camino tenía el patíbulo asegurado, mientras que la santidad se alejaba. Fingió Pedro arrepentirse y volver a la senda del bien, pero solo volvió su padre la espalda y volvió al frente de batalla, cuando huyó de casa para irse definitivamente con su pandilla, formando una banda de asaltantes, siendo al poco tiempo Pedro el jefe de todos. Y una banda muy peligrosa, por cierto. Durante años robaron, incendiaron, saquearon y dieron muerte lo mismo a pobres que a ricos. Ninguna batida contra los bandidos daba resultado, era imposible apresarlos.

Terminada la conquista de Valencia, el rey Beato Jaime I (23 de julio) pretendió volver a Montpellier, por lo que organizó una acometida organizada contra los bandidos, poniendo al frente precisamente a Arnaldo Armengol. Iba el caballero con gran tristeza, debatiéndose entre el amor paternal y el patriotismo y la justicia. Los desmanes de su hijo eran lo suficientemente conocidos como para otorgarle perdón y no darle su escarmiento. Y llegó el día, la banda fue sorprendida en un valle entre dos montañas y viéndose superada en número por los soldados, emprendieron la huida, menos su jefe, que se enfrentó a los soldados. Poco tardaron en encararse padre e hijo, ambos llenos de la misma furia aunque por causas diferentes. El padre se lanzó hacia a su hijo y lo hizo rodar por el suelo, sacó su espada y fue a rematarlo, cuando le reconoció. Ambos se miraron y las lágrimas rodaron por ambos ojos, el joven se arrodilló ante su padre y le pidió perdonase su vida aún sin merecerlo. Prometió enmendarse y entrar como religioso para dedicar su vida a la penitencia para siempre. El padre le perdonó la vida, siendo imposible matarlo por sí mismo, pero le llevó ante el rey, para que este hiciese justicia según conviniera. El rey, viendo el dolor del padre y en consideración a este, perdonó a Pedro, con la condición que cumpliera su promesa de vida religiosa en la Orden de la Merced, fundada recientemente por San Pedro Nolasco (6 de mayo), San Raimundo de Penyafort (7 de enero) y el mismo rey Jaime.

Entrado en la Orden, fue un novicio fervoroso, penitente y muy humilde, siempre preocupado por servir a los hermanos y a los pobres. Cuando llegó el momento de cumplir la misión redentora de los mercedarios, marchó a tierras de África a liberar cautivos y quedarse como rehén de los musulmanes si era necesario. En la primera ocasión en que estaba prisionero, Jesús y María se le aparecieron y rompiendo las cadenas le liberaron. En la segunda ocurrió el portento que ha pasado a configurar la iconografía del santo: En 1266 quedó cautivo como rehén, hasta que se pagase el rescate que los moros pedían por 18 cristianos esclavizados. Al no llegar el rescate, los musulmanes le ahorcaron, pero la Santísima Virgen le sostuvo por los brazos, hasta el día siguiente en que Fr. Guillermo de Florencia lo halló en ese estado, dio el dinero y le liberó. El santo conservó toda su vida la marca en el cuello y este torcido como recuerdo permanente de su fallida ejecución. Por este hecho en ocasiones se le llama mártir, pues aunque no murió estuvo dispuesto a ello por Cristo y los cautivos cristianos.

En 1304 regresó definitivamente a España, donde su pasado pecador y su actual vida santificada eran de conocimiento público fue recibido clamorosamente. Pero él, rechazando honores y triunfos, se retiró al convento de Santa María de los Prados, Tarragona, donde murió en 1277, a 27 de abril. Allí fue sepultado, aunque las reliquias se trasladaron posteriormente a su parroquia natal de Guardia del Prats. El 18 de abril de 1683 Inocencio X le canonizaría.

domingo, 26 de abril de 2015

San Paschasius, el abad eucarístico


San Paschasius Radbert, abad benedictino. 26 de abril.
  
Imagen que se venera en Corbie
No se conoce mucho de los primeros años de este santo, al que podemos llamar también Pascual o Pascal. Se supone que nació en la década de 790 y quedó huérfano de pequeño, pues a tierna edad se le halla en el monasterio de las benedictinas de Soissons, y según algunas “vitae” fue dejado en la puerta del monasterio siendo un bebé. Allí fue acogido y educado por las monjas, que le querían mucho, en especial la Beata Teodora (7 de junio), abadesa y hermana de los santos abades de Corbie, San Adelhard (2 de enero) y San Wala (31 de agosto). Cuando el niño creció y ya no era prudente estuviera entre las monjas, Adelhard lo llevó consigo a Corbie, donde le dio el hábito monástico. En 826 muere Adelhard, y Wala le sucede en la dignidad abacial, hasta 836, cuando fallece, para sucederle el abad Ratramn, quien no las tenía todas con nuestro Paschasius, como veremos más adelante. Al fallecer, en 844, nuestro santo sería elegido abad, para renunciar en 854 con la intención de dedicarse mejor a la oración y sus obras teológicas y espirituales. Por problemas entre bandos reformistas y conservadores del monasterio, se fue a la abadía de San Riquier, hasta 865, cuando regresó, muriendo ese mismo año. Fue sepultado en la misma iglesia, donde comenzó a extenderse su fama de santidad y ocurrieron varios milagros. El 12 de julio de 1058 las reliquias serían “elevadas”, o sea, lo que corresponde a una beatificación. Posteriormente serían trasladadas a la iglesia abacial, hoy parroquial, de San Pedro.


Escribió varias obras teológicas y doctrinales, comentarios a las Sagradas Escrituras, y las biografías de San Adelhard y San Wala. Se conserva una interesante También escribió un tratado titulado “De Nativitae Sanctae Mariae”, sobre la naturaleza de la Virgen María y el nacimiento de Jesucristo, en la que aparecen asentadas las bases de la doctrina de la Concepción Inmaculada de María. Pero su obra más importante es “De Corpore et Sanguine Domini”, escrita entre 831 y 833. Esta obra, que fue escrita para los monjes, es el primer tratado eucarístico occidental que se conoce, pues toda la doctrina sobre el tema que creía y enseñaba la Iglesia hunde sus raíces en Oriente. En ella se defiende la doctrina católica y la unidad entre el Cristo humano y encarnado y el Cristo Eucarístico, como un solo Ser Divino con dos naturalezas inseparables desde la Encarnación del Verbo. Su principal argumento es que en la Última Cena Cristo enseña que el pan y el vino eran su real Cuerpo y Sangre y debía ser tomado literalmente. Solo si es el mismo Cristo, podría la Eucaristía ser algo salvífico para los cristianos, solo así se daría una unión real y efectiva con Jesucristo en la comunión. Una unión física y tangible, no solo espiritual, como sostenía su abad Ratramn, que se inclinaba por una relación basada en la fe en la presencia de Cristo en el Sacramento, por lo que no habría unión si el alma dudaba o no creía en dicha presencia. Su otro gran opositor fue el Beato Rábanus Maurus (4 de febrero). Carlos el Calvo terció en el asunto, y declaró que en sus dominios se debía creer lo que nuestro Santo enseñaba, como enseñaba la Iglesia.


Esta obra aporta una visión de Dios muy “humana”, pues en ella se habla del cuerpo y figura humana como imagen de Dios, y no solo el alma. Así como Jesucristo es imagen del Padre, encarnación física de Dios en este mundo mediante su Encarnación, los hombres también somos imagen de Dios incluso en la carne. También, aunque cree en la dualidad alma-cuerpo, en su obra el cuerpo físico no es obstáculo para la santidad, sino que de hecho puede ayudar a esta. Aunque es en el alma donde se siembran y desarrollan las virtudes teologales y cardinales, estas se manifiestan por medio del cuerpo y las potencias de memoria, entendimiento y voluntad. El cuerpo no es, por tanto, la cárcel del alma, sino el medio por el que esta se santifica o se pierde, según el caso.



Fuentes:

-“The Catholic Encyclopedia Vol. 11”. New York, 1911.
-https://vatikos.wordpress.com/2013/10/22/first-eucharistic-controversy/
- http://www.documentacatholicaomnia.eu

jueves, 23 de abril de 2015

San Ibar, el enemigo de San Patricio.

San Ibar (o Ivor) de Beggeri, obispo. 23 de abril. 

Ibar es, junto a San Ailbe de Emly (12 de septiembre), San Ciaran de Saiguir (5 de marzo) y San Declan de Ardmore (24 de julio) uno de los primitivos apóstoles de Irlanda, antes que el famoso y semi-legendario San Patricio (17 de marzo). 

St. Ibar. Vidriera de la
iglesia de Wexford. Siglo XIX
Según la vida-leyenda, Ibar nació en un sitio llamado Cruintain, en el siglo IV, y era de sangre real, pues su padre era de la dinastía Conall. Como todos los principales, estudió con los sabios druidas que, y es probable haya sido uno de ellos. No hay que pensar en los druidas como simples magos, sino como sabios versados en artes, astronomía, filosofía, ciencias naturales, medicina, y magia, claro. Mucho del saber de los santos y misioneros de origen celta, su historiografía, leyendas y formas de devoción proviene del saber druídico, que según se expandía el cristianismo fue decayendo como forma filosófica de ver y explicar la realidad. Una vez conocido el cristianismo, se interesó en él, por una inquietud intelectual. Sobre como conoció la fe es interesante constatar que mucho antes que San Patricio ya Cristo habría llegado a Irlanda por medio de romanos, tal vez soldados o comerciantes, que se movían de un sitio a otro, formando una incipiente comunidad cristiana aunque sin organización eclesial potente y es posible dependiente espiritualmente de la Iglesia británica, que ya contaba desde el siglo III con una institución eclesial sólida.

Viajó a la Galia, donde la fe de Cristo avanzaba gracias a la imponente obra del también converso San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias ; 1 y 13 de diciembre, traslaciones) para imbuirse del modo de predicar, celebrar el culto y establecer la Iglesia que tenía el gran santo. También visitó Atenas donde conoció la obra filosófica de los grandes pensadores y autores helenos y la asimilación de estos por parte de la fe cristiana. Finalmente visitó Roma, donde luego de estudiar a los clásicos latinos y comparar todo su conocimiento y la fe de Jesucristo, rindió su corazón a este, convirtiéndose. Ibar se bautizó en la Ciudad Eterna.

Para adentrarse más en el conocimiento de la fe, viajó a Lerins, al célebre monasterio fundado por San Honorato (16 de enero) donde profundizó en los escritos primitivos de la Iglesia, y conoció a San Ciaran y a San Patricio. Una vez regresado a su tierra, sobre el año 480, lo primero que hizo fue fundar una comunidad monástica femenina en Arran, para luego hecerse eremita en la ciudad de Beggerin, donde se construyó una ermita y una celda. Al poco tiempo tuvo sus primeros discípulos, fundando una comunidad monástica, que la leyenda hace unos 3000 en vida del santo, pero vamos, de seguro no fueron más de 100. Entre ellos estuvo su sobrino San Abban (24 de agosto), que se le unió con 12 años y le acompañó toda su vida.

Esta comunidad monástica, primera en Irlanda, y que sería llamada “Insula Sanctorum et Doctorum” por su ciencia y piedad, se dedicó a la conversión de los paganos, con la predicación y el culto divino. Su campo de misión fue el actual condado de Wexford, donde reinaba el clan Hy-Kinsellagh, cuyo rey estaba casado con la propia hermana de Ibar, lo que allanó su camino para la predicación y la conversión del pueblo. Fundó numerosas comunidades cristianas, poniendo al frente a uno de sus discípulos para que enseñase al pueblo, contribuyendo a la organización de la iglesia local.

Como no puede ser menos, los milagros abundan en su leyenda como buen santo irlandés. Una nos dice que estando su hermana para morir, el santo le predijo que aún tenía que concebir y dar a luz a un gran santo: efectivamente, su sobrino Abban, que le acompañaría desde los doce años y sería elegido para sustituirle en la comunidad durante su segundo viaje a Roma, aunque el niño quería acompañar a su tío. Tanto lloró Abban, que la noche antes de su partida, Ibar le abrazó diciéndole "Descansa tu cabeza entre los pliegues de mi manto", cubiréndole con su propia capucha. El niño se durmió inmediatamente, e Ibar le dejó tendido y subió a la barca que había de cruzarle el mar, mientras indicaba a los monjes hicieran silencio. Pero cuando se había alejado un poco, Abban despertó, vio a su tío a lo lejos y clamó al cielo y la barca quedó estática sobre las olas, Abban se adentró en el mar y caminando sobre este llegó a la barca. Ante esto, los monjes y el mismo Ibar no pudieron sino aceptar que era voluntad de Dios que el niño hiciera el viaje a Roma con su tío.

A la llegada de San Patricio a Irlanda, este chocó con Ibar, porque los métodos de ambos diferían, además de que San Patricio pretendía que, al ser enviado por el papa, Ibar y los demás obispos, luego de consagrarles obispos formalmente, le rindieran obediencia a lo que se negaron. San Patricio pretendió expulsarle de Irlanda, a lo que Ibar se enfrentó rotundamente. Patricio evangelizó en zonas donde el cristianismo aún no llegaba e Ibar, por hacer la paz, se suscribió a su región de Wexford, donde, además, se dedicó, siempre según la leyenda, a dirigir espiritualmente a las monjas de Santa Modwenna (8 de octubre), cosa que también se dice del monasterio de Santa Brígida de Kildare (1 de febrero). Predicó en Meath, en la actual Vall-Ibor, en Olden Leix donde convirtió y bautizó a los doce hijos de Barr, el feroz jefe de un clan pagano.

Ibar murió el 23 de abil de 500, según la crónica escrita por Abban, y su obra monástica duró casi hasta el año 1000, en que padeció el asesio de los paganos daneses, que destuyeron la impresionante biblioteca comenzada por sus sucesores Abban y San Coemghen (13 de julio), hermano de San Kevin de Glendalough (3 de junio). Luego de la expansión normanda, los Canónigos Regulares levantaron el monasterio y la iglesia, reavivando el culto junto a la tumba de San Ibar. Una peregrinación muy popular se mantuvo hasta el siglo XVII, hasta que fue prohibida por los protestantes de origen británico. Actualmente la iglesia es un templo protestante que mantiene su nombre latinizado “San Iberius”.

Se le considera patrón contra la calumnia y el falso testimonio. Durante el medievo era costumbre hacer junto a su imagen un juicio de veracidad, ante la duda sobre los acusados. Estos tocaban la imagen de madera del santo y si se quedaba pegado, era signo de culpabilidad, mientras que si nada pasaba, era signo de inocencia.

Fuentes:

-“The Irish Ecclesiastical Record”. Volume XVIII, 1921.
-http://omniumsanctorumhibernae.blogspot.com.es

miércoles, 22 de abril de 2015

Beato Francisco, bibliotecario

Beato Francisco de Fabriano, religioso franciscano. 22 de abril y 14 de mayo (traslación de las reliquias)

Ilustración realizada
en Corel Draw
Nació Francisco el 2 de septiembre de 1251 en Fabriano, Ancona, y fue hijo del médico Compagno Venimbene y de Margarita di Federico. Fue un niño despierto, piadoso y amante de la cultura, la lectura y las artes. A los 16 años ya estaba graduado de Artes y Filosofía, cuando sintió la llamada a la reciente Orden del Seráfico Padre San Francisco (4 de octubre; 17 de septiembre, impresión de las llagas, y 25 de mayo, traslación de las reliquias), y entró al noviciado que la Orden tenía en su ciudad natal. Siendo novicio viajó a Asís, para obtener la santa Indulgencia de la Porciúncula (2 de agosto), donde encontró y veneró al santo fraile Hermano León, compañero de San Francisco. También conoció a San Buenaventura (15 de julio), de quien fue alumno.

En 1316, edificó un nuevo convento e iglesia, de donde fue nombrado Guardián, para repetir en el cargo en 1318. Para este convento organizó, con una herencia que le dejó su padre, la primera biblioteca franciscana que se conoce. Fue un gran predicador itinerante en la zona de la Umbría, destacando por su palabra encendida y su gran caridad con los pobres, mendigos y por su misericordia con los pecadores a la par que era severo con el pecado. Vestía un sayal muy pobre, se sometía a duras penitencias y dormía poco, para tener más tiempo para la oración y la predicación.

Fue devotísimo de la Pasión de Cristo, de la Santísima Virgen y de las almas del Purgatorio, a quienes se encomendaba frecuentemente. Era muy fervoroso celebrando la santa misa, y lo hacía con tanta veneración que una ocasión, habiendo ya consagrado, cayó un escorpión en el cáliz y no atreviéndose a arrojar la Sangre del Señor, la bebió con normalidad y continuó celebrando la Eucaristía, encomendándose a Dios. Al terminar la misa, el escorpión salió tranquilamente de la boca. En 1322, Dios le reveló que moriría el 22 de abril del mismo año, y así lo dijo a sus hermanos. Así sucedió, ese día, con 61 años, entró en la gloria, luego de 45 años de franciscano. En 1775 el papa Pío VI confirmó el culto que se le tributaba en torno a su sepultura y reliquias. Estas actualmente se veneran en la iglesia de Santa Catalina de Fabriano, adonde fueron trasladadas.

lunes, 20 de abril de 2015

Hildegundis, el novicio mujer.

El 20 de abril de 1188 fallecía en el monasterio de Shönau un joven novicio, el Hermano José, del que poco se conocía. Al lavar el cuerpo se descubrió que no era un joven, sino una chica. Hechas las pesquisas necesarias, se descubrió que en realidad se trataba de:


Hildegundis pide su entrada
al monasterio de Shönau.
Santa Hildegundis de Shönau, "virgen" y novicio cisterciense. 20 de abril.

Su vida fue escrita como una crónica monástica que se escribe cuando fallece un religioso de vida ejemplar, para que quede constancia de su vida y virtudes. En ocasiones se enviaba a otros monasterios, tomando el nombre de "circular". Así es que se trata de un testimonio de primera mano, según lo que el mismo José-Hildegundis contó a su entrada al monasterio y lo que luego pudo comprobarse. Luego, el cisterciense Cesáreo de Heisterbach, daría forma y añadiría otros detalles, aureoléndola de santidad en su "Vita et Miraculae".

Según este testimonio, sus padres eran oriundos de Neuss, y por largo tiempo no tenían hijos hasta que, luego de largas súplicas y devociones, tuvieron gemelas: Hildegundis e Inés las llamaron. Aún siendo pequeñas, sus padres las llevaron a un monasterio para que fueran educadas por las religiosas, como era común entre las familias nobles de la época. Cuando las niñas tenían 12 años, la madre murió de fiebres y el padre, consternado, decidió emprender una peregrinación a Tierra Santa, para venerar los Santos Lugares. Como ya era viejo, decidió que Hildegundis le acompañara, la sacó del monasterio, la vistió de chico, llamándola José, y se la llevó consigo. Pero el padre murió en el viaje, aunque antes llmó a un paisano que igualmente iba a Tierra Santa y le dijo: "cuida a mi José, que en realidad es mi querida hija Hildegundis". Al llegar a San Juan de Acre, el hombre robó a José todo el dinero, ropas y utensilios que tenía y desapareció. José salió llorando de la posada, y topó con un Templario que lo llevó a Jerusalén, al hospital que estos caballeros tenían allí. Estuvo algún tiempo trabajando en el hospital, sin revelar su sexo, hasta que llegó un pariente de su padre y le tomó afecto, así que le pidió le acompañase de vuelta a Alemania. Mala suerte, antes de llegar al Rhin, el pariente murió y José quedó solo de nuevo.

Se dirigió a Colonia, donde se colocó como sirviente de un canónigo de la catedral. Este canónigo tenía una hermana entre las monjas del monasterio de Santa Úrsula en Colonia, y fue elegida como abadesa. Pero el arzobispo, Felipe de Heinsberg, quiso que las monjas nombrasen a su sobrina, imponiéndoles penas eclesiásticas si no la aceptaban a la fuerza. El canónigo quiso apelar a Roma, pero las circunstancias políticas no lo permitían. El emperador Barbarroja estaba enemistado con el papa a cuenta de imponer un obispo a la ciudad de Treves, en contra del elegido por el clero, así que había prohibido cualquier trato, apelación, negocio con el papa de Roma. Así que se le ocurrió que le acompañase su sirviente José hasta Roma, con las alegaciones a favor de su hermana, dentro de un cayado hueco, que José llevaría para que no fueran encontradas, en caso de ser detenidos por los soldados del emperador. Partieron hacia Verona, donde se hallaba en papa a la sazón. Al llegar a Zusmarshausen de Suabia, se separaron por seguridad.

Cuando José, ya solo, pasó la ciudad, encontró a un hombre con un saco que, fingiendo había olvidado algo, le pidió le cuidara su fardo mientras él regresaba a la ciudad. Pero era un ladrón que estaba siendo perseguido, que aprovechó al cándido jovencito para alejar de sí toda sospecha si era hallado, por lo que sacó lo de más valor del saco y huyó. Al poco rato, los soldados hallaron a José con el botín, lo apresaron y lo llevaron a rastras a la ciudad. Como el robo había sido en un palacio muy principal de la ciudad, quisieron escarmentar a los ladrones y sin oír su defensa, le condenaron a la horca. José pidió un sacerdote, al que contó su misión de embajador ante el papa y como había sido engañado por el verdadero ladrón. El sacerdote buscó en el bastón y halló los documentos, por lo que pidió al consejo de la ciudad aplazaran la ejecución, por si se hallaba al verdadero culpable. Ambos fueron sometidos a la prueba del fuego, común en el medievo: caminar sobre planchas ardiendo y si uno se quemaba, pues era culpable. José pasó y quedó ileso, mientras que el ladrón se quemó y sin más juicio, le colgaron de un árbol, liberando a José.
Pero la cosa no terminó ahí, sino que los compinches del ladrón le apresaron al salir de la ciudad, y como castigo, le colgaron por los pies junto al ladrón ahorcado. Allí habría muerto si no fuera por unos pastores que le hallaron y le descolgaron. José contaría luego que junto a sí veia un caballero con armadura blanca, en un caballo blanco (San Jorge?), que junto a los ángeles le sostenía la cabeza, permitiendo descansara sobre su hombro.

Escultura de Hildegundis
en Neuss.
Libre José, que ya tenía 17 años, continuó hacia Verona, donde halló al canónigo, pero el papa ya había partido, así que se fueron a Roma. Como fue la legación, no nos dice su "vita", supongamos que bien. Acabada la misión, el canónigo y José regresaron a Colonia, donde el chico dejó el trabajo de sirviente y se instaló junto a la ermita de la Beata Matilde de Colonia (3 de mayo), una reclusa que tenía fama de santa, para aprender de ella. Allí conoció a un viejo caballero de nombre Bertold, que iba camino de Shönau a profesar como monje lego del Císter. José se enamoró de esta vida que el viejo le decía y decidió acompañarle para también ser monje, porque ni pensaba contar su realidad femenina. Llegado al monasterio, fue admitido como novicio lego por su piedad y sencillez. Le encomendaron la tarea de acarrear piedras y maderas desde un bosque cercano, propiedad del monasterio. Trabajaba como el que más, derrochando amabilidad y una ternura que nadie sabía de donde emanaba, ganándose en breve el cariño de los demás monjes, que veían un prometedor monje en él.

Un día su condición de mujer le jugó una mala pasada. Estando en la cena, juntó su rostro al de un connovicio llamado Hermann, y le dijo: "Hermann, que piensas de mi rostro, ¿no es hermoso?". El chico, escandalizado, le respondió: "Eres tan vano como una mujer". La conversación fue oída por el maestro, que los tomó a ambos y los castigó y les dio de palos. Este castigo, o simplemente que añoraba la vida errante, provocó en José los deseos de volver a su vida errante. Por tres veces intentó huir, pero las tres veces fue retenido. Antes de la profesión, enfermó gravemente de una pleuresía, diciendo y murió, diciendo antes: "Después de mi muerte descubriréis un gran secreto". Como dijimos, la sorpresa fue grande entre los monjes al saber que era una chica. El abad se negó a hacer las oraciones fúebres, pero se oyeron voces angélicas que las entonaron, y los monjes se sumaron, impresionados por el heroísmo de la chica en vivir una vida estrecha, trabajos y dolores en el monasterio. Como José había hablado en algunas ocasiones de su hermana Inés, que estaba en el monasterio de Neuss, el abad envió un mensajero para obtener noticias sobre quien podría ser esta chica. La abadesa le respondió que Inés había muerto y que, efectivamente, tenía una hermana gemela llamada Hildegundis, a la que su padre había llevado a Tierra Santa y desde entonces no sabían nada de ella.

Salvo algún detalle añadido, la historia es verídica y consta en el monasterio. Ciertamente, de santidad hay poco que contar, aunque esta historia se suma a las de santas mujeres que se santificaron viviendo como hombres, la más famosa Santa Eufrosina-Esmaragdo (2 de enero y 11 de febrero), aunque no la única. Poco a poco la historia fue haciéndose ejemplar, y la mayoría de hagiógrafos la incluyen en sus martirologios, como Usuardo o San Pedro Canisio en su "martirologio alemán", aunque nunca ha sido canonizada. Los monjes comenzaron su culto y su historia traspasó la localidad, siendo su tumba meta de peregrinajes y devoción popular.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Clothes Make the Man: Female Cross Dressing in Medieval Europe.  VALERIE R. HOTCHKISS. 1996.

jueves, 16 de abril de 2015

San Thuribe, otro en la máquina del tiempo

Imagen en la iglesia que tiene dedicada
en Asse-le-Bérenger.
San Thuribe de Le Mans, obispo 16 de abril.

Era Thuribe, según la leyenda gala, de origen romano,  vivió en el siglo II, y fue discípulo de San Juan Evangelista (27 de diciembre y 6 de mayo), quien le envió con San Julián de Le Mans (27 de enero) cuando este fue nombrado obispo de esta ciudad. En la Galia, Thuribe ayudó al santo obispo a extender el Evangelio, y cuando este murió, luego de 47 años de episcopado, le sucedió en la sede. Le costó bastante la evangelización, en varias ocasiones fue perseguido y castigado. Solo con su tesón y los prodigios que obraba, fue reduciendo el paganismo y llevando a los pueblos a la fe de Cristo: Sanó a una noble muy principal, con gran influencia en el pueblo, que al saber la curación, abrazó a Cristo. En otra ocasión, al convertir a una noble llamada Sabina, su marido, Gaiano, arremetió contra su mujer, encerrándola en casa. Sabiéndolo Thuribe, oró a Dios y Gaiano quedó mudo y ciego. Este, desesperado, pidió a su mujer que el santo le sanara, prometiendo convertirse a Cristo. Ella fue, suplicó al santo y este devolvió la salud al pagano, que se hizo bautizar inmediatamente, y donó su casa al santo, para que se construyese una capilla. Además, Gaiano construyó una iglesia en honor de Santos Pedro y Pablo, en el que Thuribe estableció una comunidad de monjes. La iglesia y monasterio serían arrasados por los bárbaros en el siglo VII, hasta que San Calais (1 de julio) los reconstruyó, para ser derruidos de nuevo con los siglos.

Estando predicando en Asse-le-Bérenger, los habitantes le pidieron agua, pues la sequía les hacía enfermar, mataba los animales y las cosechas. El santo comenzó a orar y una fuente brotó delante de todos. Los paganos se convirtieron y los cristianos se afirmaron más en la fe. Esta fuente aún se conserva, con el nombre del santo. Allí se le invoca contra los males de la vista. Después de una corta, pero intensa vida de cinco años como pastor de sus fieles, sabiendo que la muerte se acercaba, Thuribe se retiró a la soledad junto al río Sarthe, para prepararse en oración y penitencia, como mismo había hecho su maestro San Julián. Allí estuvo hasta el 16 de abril, cuando entró en la gloria del cielo. Otra versión dice que murió de sufrimientos al ser perseguido hasta la muerte por Juillé, jefe de una aldea de romanos paganos, que no aceptaron su predicación y le apalearon y apedrearon. Por tal razón, en ocasiones se le llama “mártir”. Fue enterrado en la iglesia de Santos Pedro y Pablo, y una capilla, hoy en ruinas, fue erigida en su memoria en el sitio de su muerte, frente a la capilla de San Julián. 


En el siglo XI ambas capillas tenían comunidades monásticas, donde se escribe la vida de San Julián, la diócesis y sus santos, reescribiendo y reinterpretando, fundiendo leyenda con historia. Y es que consta en el siglo V un obispo en Le Mans llamado así: Thuribe, al que ante la falta de datos históricos, la leyenda le hizo retroceder al siglo I. Ya hemos visto otros casos, especialmente en este artículo. En 835, San AIderic de Le Mans (7 de enero), le dedicó un altar en la catedral de San Julián y en 837 trasladó las reliquias de ambos santos a este altar, junto con las de todos los santos obispos de Le Mans. En la Revolución Francesa la cartedral fue asaltada y las reliquias profanadas y luego recogidas y depositadas con otras en una capilla lateral, sin que conste cuales son cuales.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"France historique et monumentale". ABEL HUGO. 1837.

miércoles, 15 de abril de 2015

La santa de las tres coronas.

Es Edwette (Edvet o Julvette) una de esas santas de Bretaña, a la que la falta de información auténtica no le han quitado devoción, y durante siglos. Sabido es que, en lo que el culto a nuestros  hermanos los santos se refiere, más puede la tradición y la fe, que la historia y los documentos. A los que aman a Dios todo les sirve para el bien, a decir de San Pablo (Rm 8, 28). Veamos que nos dice la leyenda de esta santa, venerada en un pequeño pueblo costero bretón:

Santa Edwette de Esquibien, virgen y mártir. 15 de abril.
La leyenda, con visos medievales, anterior sin duda al siglo X, nos dice que los santos hermanos San Demet (1 de enero, Todos los Santos Misioneros de Bretaña) y Edwette, naturales de Gales, viajaban en un barco que padeció un naufragio del que solo sobrevivieron los hermanos. Salvados, llegaron a las costas bretonas, en Plozevet, donde erigen una ermita para agradecer a Dios su salvación y dedicarse a la vida eremítica. Recibida una revelación, ambos decidieron separarse para iniciar su nueva vida. Edwette se metió en una artesa o pila de granito, y se dejó llevar por las olas, sin que se hundiera, confiando a la Providencia la elección del sitio done comenzar su vida de penitencia y oración. Las olas la llevaron al sitio que hoy se llama puerto Sainte Edwette.


Los habitantes de la zona, paganos, no entendieron las palabras evangélicas que la santa les trasmitía, ni menos aún el prodigio que la había traído flotando por los mares. Pensaron que era una hechicera, y comenzaron a pegarle con palos y horquillas de  hierro. La dieron por muerta, pero Dios la sanó de los golpes. Esa noche, al ver que aún vivía, los paganos intentaron golpearle de nuevo, pero comprobaron que las horquillas habían desaparecido de todas las casas, teniendo desde entonces que usar de madera, lo que dio origen al nombre del pueblo. Los habitantes del pueblo, atemorizados, la dejaron en paz, permitiéndole hacerse una ermita sobre las piedras. Aún puede verse en una roca las supuestas huellas de las rodillas, el rosario y la mano derecha de la santa. Al morir, luego de convertir a la región, se construyó una capilla que a pesar de los avatares del tiempo, aún se conserva, restaurada y embellecida con el pasar del tiempo. En 1743 se restauró del todo. Allí se venera su imagen, del siglo XIX y repintada, con la característica que posee tres coronas: una en el pecho, por virgen; otra en la cabeza, por princesa; y la tercera en la mano por mártir.


Pero, ¿como que mártir? Pues sí, porque la leyenda se complica, haciendo a Edwette una de las 11.000 vírgenes compañeras de Santa Úrsula (21 de octubre), algo bastante frecuente en santas desconocidas o legendarias, y en reliquias con nombres femeninos de las que igualmente nada se sabe. De hecho, en la misma capilla puede leerse: “Santa Edwette, virgen y mártir, que murió en el año 383, fue una de las compañeras de Santa Úrsula”. Algunos historiadores creen es un desdoble del culto de la también legendaria compañera de Santa Úrsula, Santa Thumette (4 de mayo y 21 de octubre), aunque esta leyenda es posterior al siglo XIII. Otros, los más, creen que en realidad es la misma Santa Julvette (18 de noviembre), hermana de San Maudez (2 de septiembre y 18 de noviembre), del que sí se sabe en ocasiones se confunde con San Demet.


Fuente:
-“Les vies des saints de la Bretagne Armorique”. Fr. Albert le Grand. 1636.