domingo, 7 de febrero de 2016

Beata Rosalía Rendu.

Beata Rosalía Rendu, virgen Hija de la Caridad de San Vicente. 7 de febrero.

Juana María Rendu nació en 1786, en Confort, Lancrans, Francia. Sus padres Antonio y María eran de clase media, labradores acomodados. En 1789, cuando estalla la Revolución Francesa y los sacerdotes y miembros de la Iglesia refractarios al nuevo orden republicano son perseguidos a muerte la familia Rendu arriesga su vida y bienes acogiendo a algunos sacerdotes y al mismo obispo de Annecy. En este ambiente de persecución, de noche y en el secreto de un sótano, como en las catacumbas, la pequeña Juana María toma la primera comunión. A los 10 años muere su padre y la menor de las hermanas, en un breve lapsus de tiempo. Como es la mayor, deja sus ilusiones de estudiar, para hacerse cargo de dos hermanas pequeñas y ayudar a su madre a sacar la familia adelante. 

En 1794, llegada la paz, su madre la envió con las ursulinas Gex, que acogían niñas en un modesto pensionado, a la par que las instruían en labores y oficios, preparándolas para la vida. Allí la jovencita conoce a las Hijas de la Caridad, que si bien durante la revolución Francesa habían sido toleradas por su acción en favor de los pobres, estaban obligadas a vestidas de civil y no podían admitir novicias. En 1800 el Ministro de Interior, Chaptal permitió recibieran miembros en la “asociación”, ante la evidente escasez de enfermeras que padecía Francia. En 1802, el Ministro de Cultos, Portalis, autorizó la restauración de las Hijas de la Caridad como congregación religiosa. Las demás congregaciones femeninas de vida activa tendrían que esperar hasta 1807. En este entorno de dificultades las conoció Juana María, trabajando incansablemente por los enfermos, los pobres y los niños expósitos. Colabora con ellas, visita a los pobres y les lleva consuelo y ayuda de parte de las religiosas. 

Así se define su vocación, y en 1802 entra con las Hijas de la Caridad de París. Fue de las primeras en ser admitidas luego de la restauración de la Congregación. En 1803, antes de terminar el noviciado le trasladan al deprimido barrio de Mouffetard, donde profesa con el nombre de Rosalía. Las religiosas tenían varias obras, y Rosalía es destinada a la educación y catequesis de los niños y las visitas a los pobres. Pero poco a poco, además de colaborar, Rosalía va poniendo su sello caritativo y organizador. Es despierta, resolutiva, paciente pero firme, cualidades excelentes para una religiosa que trata diariamente con las miserias y la desesperación humanas. 

En 1807, con la total libertad de las Congregaciones religiosas por parte de Napoleón salen a la luz parte de estas miserias humanas: Napoleón, para controlar la actividad de las religiosas, como cosa del Estado, las pone bajo la obediencia del obispo de París, pisoteando al Superior Superior General de los Padres Paúles, hasta el momento superior también de las Hijas de la Caridad. Las monjas se dividen entre ellas. Unas prefieren aceptar la resolución imperial y obedecer al obispo con tal de no padecer otra disolución que podría ser mortal, y otras prefieren abandonar París antes que negarse a traicionar el espíritu y las normas de la Congregación. Entre las primeras se halla Rosalía, que teme la extinción de la Congregación y sobre todo, que los necesitados queden sin protección. La tensión se calma en 1815 con el regreso de los Borbones, que deciden no meterse en esos asuntos, y las religiosas regresan bajo la autoridad del Superior General. Aunque Rosalía había estado entre las "transigentes", fue elegida superiora de la casa. Con el paso de los años a las obras que las Hijas de la Caridad tenían, Rosalía añadirá un horfanato, una escuela, un dispensario, y escuela nocturna para las jóvenes obreras, para las cuales añadieron en breve una guardería matutina. Además, abrió una casa para ancianos abandonados. Se atrae colaboradores, ricos y pobres. Unos aportan dinero, otros brazos y corazón. Se hace rodear de seglares que extienden la obra compasiva según el espíritu de San Vicente de Paúl (27 de septiembre y 26 de abril, traslación de las reliquias), lo que se considera el germen de la Sociedad de San Vicente de Paúl, fundada posteriormente por el Beato Federico Ozanam (8 de septiembre).

En 1830 estalla la "revolución de julio", y Rosalía se prodiga con los necesitados, atiene a los heridos, protege a perseguidos de uno y otro bando, además de mantener las obras iniciadas. Llega incluso a meterse en barricadas y trincheras, para salvar a los heridos que no podían trasladarse. En su casa hallan refugio algunos sublevados y el Comisionado de Policía, de nombre Gicquel manda arrestarla por hacerlo. Los soldados se niegan, conscientes de que la defenderán con las armas si lo creen necesario. Gicquel se entrevista con la Hermana Rosalía. Le pide que le explique como es que las religiosas violan la ley. Ella responde: "Señor Comandante, soy una Hija de la Caridad, y en todas partes ayudo a los desafortunados. Si usted estuviera siendo perseguido, yo le socorrería, se lo aseguro". "Prométalo", dijo él. "No es necesario" – replicó Sor Rosalía – "una Hija de la Caridad no tiene derecho a perder la caridad". Y Gicquel la dejó en paz. Además, se desvivió con los necesitados en las distintas epidemias de cólera 1831, 1849 y 1854. Y no solo por con su persona, sino con solo nombrarla. En 1831, corrió el rumor que los médicos y farmacéuticos propagaban aposta el cólera, para acabar con los pobres. Que era un plan, vamos, para matarlos. Por ello, los ánimos se caldearon contra los doctores, y la desconfianza se acentuaba. Un día llevaba el doctor Royer-Collar un enfermo al hospital desde Mouffetard, cuando un grupo de vecinos quiere detenerlo y lincharlo. "¡Soy uno de los amigos de la Hermana Rosalía!", grita, y como por ensalmo, le dejan tranquilo, incluso le ayudan a llevar al enfermo. 

"En esta casa no se mata"
En 1848 estalló otra revolución en la que igualmente, Rosalía se volcó con todos los que padecían. Amigos y enemigos, revolucionarios o conservadores, todos los heridos eran acogidos por ella y las religiosas, llegándose a vivir momentos de tensión, pues en varias ocasiones los heridos de uno u otro bando discutían, peleaban e incluso se amenazaban de muerte. Sucedió el 24 de junio de 1848, cuando unos oficiales fueron rodeados por revolucionarios y huyeron refugiándose en la casa de las Hermanas, y estos pretendieron llevárselos a punta de bayoneta. Pero Sor Rosalía arriesga su vida y les impone su ley: "En esta casa no se mata". Los revolucionarios pretenden sacarlos fuera, las religiosas los rodean y la beata se arrodilla ante el cabecilla de los insurgentes y le dice "En nombre de todo lo que por ustedes, sus esposas e hijos he hecho, te ruego perdones la vida de estos hombres". Los sedientos de odio se desarman, sueltan sus bayonetas y algunos lloran. El que antes quería matar, le dice estupefacto: "¡Pero Hermana, ¿quién eres tú?!" "Señor – fue la respuesta – sólo soy una Hija de la Caridad. Sólo eso".

En otra ocasión puso en jaque a un poderoso, en aras de la caridad: en su escuela había una niña que lloraba constantemente porque su padre estaba preso. Sor Rosalía, informada que había sido una injusticia, y el hombre era bueno y trabajador, se propuso liberarle. Y un día en el que el general Cavaignac, que apreciaba a Sor Rosalía, visitaba el colegio, nuestra beata tomó a la niña de la mano, la plantó delante del militar diciéndole "Hija mía, este hombre puede liberar a tu padre, si quisiera".
"¡Oh, Señor – dijo la niña – devuélveme a mi padre! Le necesitamos en casa" "Pero él debe haber hecho algo serio", dijo  Cavaignac. La niña replicó "¡Oh no! Mamá dice que no, y si lo hizo, no lo hará más, te lo prometo, ¡devuélveme a mi padre y te querré siempre!" Y no hay que decir que a los dos días el obrero estaba libre.


Pero esta temeridad caritativa le trajo una reprimenda por parte de los superiores (que incluso la suspendieron como superiora durante 10 días en 1840), por asistir a los rebeldes opositores del gobierno de Luis Felipe. Tuvo apoyos de María Amalia, esposa de Luis Felipe, y Mme. Villette, la gran amiga de Voltaire, el embajador español Donoso Cortés, entre otros, y ganaba para su causa a la élite parisina, cosa que también le valió críticas de las religiosas, que la acusaban de elitista, aduladora de los poderosos, de gustarle el poder, incluso llegaron a comentar que acudía a fiestas y recepciones. Sus vínculos con el célebre arzobispo de París, Denis Affre, le permitió mediar en los asuntos internos de los padres paúles, lo que le valió rencor continuado del General Nozo. Por todo esto, fue duramente criticada por otras religiosas y no pocos padres paúles, que la consideraban imprudente, rebelde a las normas y demasiado dada a la vida activa, sin dedicar tiempo a la oración. Tal vez porque malentendían su famosa frase "Jamás hago la oración tan bien como en la calle". Palabras metafóricas, pues sus cartas demuestran que toda su actividad apostólica procedía de profunda unión con Dios. 

La revolución, mal conducida, llevó a Napoleón III a coronarse en 1851 como “emperador de los franceses”, el cual, en 1852, le concede la “Cruz de la Legión de Honor”, por toda la obra asistencial y apostólica realizada en la paz o en la guerra. En 1854 Napoleón y Eugenia visitaron la guardería y todas sus obras, siendo espléndidos en elogios y donativos. 

La Beata Rosalía en medio de los combates.

En 1856, luego de 54 años en Mouffetard, Sor Rosalía muere, y sus funerales en la iglesia de San Medardo, el 9 de febrero, fueron multitudinarios y muy sentidos por los pobres. Se hizo luto oficial y la ciudad lo vivió conmocionada. Tal vez sería la principal manifestación de que ricos y pobres, todos mezclados despidiendo a su santa protectora, avanzaban con el cortejo. Ese mismo año, en la alcaldía de París se pone un busto de bronce en su memoria. En 1857 se publicó la primera “vita”, que obvió toda la infancia y la juventud de Rosalía, de las que se poseen pocos datos. En 1867 se le dedica una calle, y unos años más tarde se edifica en su barrio una iglesia en su memoria y dedicada, como no, a su santa patrona, Santa Rosalía de Palermo (4 de septiembre). 

Todos recordaban la memoria de Sor Rosalía. Todos, menos por su superior, el General de los Paúles, que no asistió a los funerales, y gran parte de sus hermanas de hábito, que ni la mencionaban. Tendrían que pasar casi 50 años para que el resentimiento con los métodos y acciones controvertidas, más que con su persona, de la beata fueran puestos en su justo lugar. A principios del siglo XX algunos presbíteros de la Congregación de la Misión escriben artículos sobre ella, comprendiendo su entorno y valorando su obra caritativa. Pero no sería hasta los años 1950 cuando las Hijas de la Caridad rehabilitan su memoria y legado, y solicitan a la arquidiócesis de París la apertura del proceso de canonización. San Juan Pablo II (22 de octubre) la beatificó a 9 de noviembre de 2003.


Fuente:
-“Soeur Rosalie Rendu. Une passion pour les pauvres”. LOUISE SULLIVAN, Archives de sciences sociales des religions. Montreal, 2007.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Santidad Aragonesa

Pregunta: A mi tambien me ha sorprendido algunas preguntas y respuestas como a ti. También me ha sorprendido la respuesta que das del primer santo, yo a veces tambien me lo he preguntado asi que gracias por tan exahustiva respuesta mas de lo que yo hubiera esperado. Mi pregunta es mas facilita. Quisiera saber los santos y beatos nacidos en Aragón. España. 

Respuesta: Sí, hombre, como no, facilita facilita... A ver que podemos hacer: 

Santos Aragoneses:

San Valero de Zaragoza.
San Valero de Zaragoza, obispo y mártir. 28 de enero y 20 de octubre (traslación de las reliquias). 
San Braulio de Zaragoza, obispo. 18 de marzo y 19 de julio (Invención de las reliquias).
San José de Calasanz, presbítero fundador. 25 de agosto.
San José María Escribá de Balaguer, presbítero fundador. 26 de junio.
San Indalecio, obispo. 15 de mayo y 9 de agosto (fue obispo de Almería, pero era de Zaragoza).
San Lorenzo, diácono y mártir. 10 de agosto.
Santos Orencio y Paciencia, padres de San Lorenzo. 1 de mayo.
Santa Eurosia u Orosia, virgen y mártir. 25 de junio.
Santa Isabel de Portugal, reina. 4 de julio. 
San Lamberto de Zaragoza, esclavo mártir. 19 de junio.
San Pedro de Arbués, canónigo y mártir. 15 de septiembre.
San Pascual Baylón, religioso. 16 de mayo.
San Vicente, diácono y mártir. 22 de enero.
San José Pignatelli, presbítero jesuita. 14 de noviembre.
San Prudencio de Tarazona, obispo y mártir. 28 de abril.
Santo Dominguito del Val, acólito mártir. 31 de agosto.
Santa Engracia, virgen y mártir. 16 de abril (la tienen como aragonesa, pero nació en Braga, Portugal. Con ella se celebran los Santos Optato, Luperco, Sucero, Marcial, Urbano, Quintiliano, Julia, Publio, Frontón, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo, Apodemo, Casiano, Matutino, Fausto y Januario. Algunos añaden a Cayo y Cremencio).
Santas Nunilón y Alodia, vírgenes mártires. 21 de octubre.
San Orencio de Auch, obispo. 1 de mayo.
San Victorián de Asán, abad. 19 de enero.
San Gaudioso de Tarazona, obispo. 3 de noviembre.
Santos Juan, Voto, Félix, Marcelo y Benito, ermitaños de Atarés. 29 de mayo.
San Úrbez de Nocito, eremita. 17 de diciembre.
San Ramón de Roda, obispo. 21 de junio y 16 de noviembre (traslación de las reliquias).
Los innumerables mártires de Zaragoza. 3 de noviembre.
San Ignacio Delgado, obispo dominico, mártir de Tonkín. 19 de julio.
San Fernando de Aragón, obispo de Caiazzo. 27 de junio.
Santos Juan de Cetina y Pedro de Dueñas, franciscanos mártires de Granada. 19 de mayo. Solo Pedro era aragonés.
San Íñigo de Oña, abad. 1 de Junio.

Santos de posible o dudosa pertenencia aragonesa: 

San Prudencio Galindo, obispo. 6 de abril.
Santos Atanasio y Teodoro (supuestos discípulos de Santiago el Mayor); Máxima, Leoncia, vírgenes; Flámulo, diácono; Draconcio, presbítero, y Eximino; mártires.

Beatos:

Beatos Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, franciscanos mártires de Teruel. 29 de agosto. (eran italianos en realidad, pero predicaron y fueron martirizados en Teruel).
Beatos Luis Turón Aínsa, y 110 compañeros mártires. 6 de noviembre (son de las diócesis de Zaragoza, Barbastro, Teruel-Albarracín).
Beatos Domingo y Gregorio, dominicos. 27 de enero.
Beatos Secundino María Ortega García, y 19 compañeros claretianos mártires. 13 de agosto.
Beata María Pilar Izquierdo Albero, virgen fundadora. 27 de agosto.
Beato Florentino Asensio, obispo y mártir. 12 de agosto.
Beatos Felipe de Jesús Munárriz, presbítero, y compañeros mártires. 13 de agosto.
Bta. Ma. Pilar Izquierdo.
Beatos Dionisio Pamplona, presbítero, y compañeros mártires. 22 de septiembre.
Beatos José Calasanz Marqués, presbítero, y compañeros mártires. 22 de septiembre.
Beato Jaime I de Aragón, rey. 23 de julio. (pues sí, este rey nada ejemplar tiene permiso de culto para la Orden Mercedaria).
Beata Leonor de Aragón, reina, mercedaria. 25 de enero.
Beata Sancha de Aragón, princesa, mercedaria. 19 de octubre.
Beata Blanca de Aragón, reina. 12 de noviembre.
Beata Costanza de Aragón, reina. 17 de julio (en realidad era siciliana, pero casó con Pedro III de Aragón. Es la madre de Santa Isabel de Portugal).
Beato Ceferino Giménez Malla, laico, terciario franciscano mártir. 4 de mayo.

martes, 2 de febrero de 2016

San Lorenzo de Canterbury

San Lorenzo de Canterbury, obispo. 2 de febrero.

Lo que de él se sabe principalmente está en la “Historia Eclesiástica” de San Beda. Y no es mucho. Ignoramos su origen, infancia y demás. Sí que sabemos que cuando San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre) envió a San Agustín de Canterbury (26, Iglesia Anglicana, y 27 de mayo; 13 de septiembre, traslación de las reliquias; y 10 de noviembre) a predicar el evangelio a los reinos anglos. La artífice de la misión fue Santa Bertha (1 y 4 de mayo), hija de Cariberto I, rey franco, la cual había casado con el rey San Ethelbert de Kent (24 de febrero), pagano al que ella convirtió por medio de su obispo San Liudhard (2 de mayo), al que había llevado con ella a Inglaterra. Una vez convertido el rey Ethelbert, este quiso que su reina fuera cristiano y mandó pedir misioneros. Agustín tomó a Lorenzo entre los monjes de la abadía de San Andrés de Roma que le acompañaron. Llegaron a Thanet de Kent sobre el año 597. Hay algunas diferencias de fechas, porque más de una vez volvió a Roma para dar cuenta al papa de la labor misionera, llevando regalos y comunicaciones entre el rey y el papa. Así hay varias fechas en las que está en Roma, como 598 ó 601. En esta última fecha llevaría consigo al también evangelizador San Melitón (24 de abril). Ambos serían celosos apóstoles junto a Agustín. Por ello antes de morir, este consagró obispo a Lorenzo para que le sucediera a su muerte.

En 604, al morir Agustín, y efectivamente, Lorenzo fue elegido obispo de Canterbury. Esta forma de sucesión no era la tradición de la Iglesia, pero las circunstancias mandaban. De hecho la confirmación romana de su episcopado no consta, y si la hubo se perdió en el tiempo. Pero en 610 ya hallamos cartas del papa San Bonifacio IV (8 de mayo), el cual le trata de “Cantuariensis archiepiscopi, legitimum successorem Augustinum”. En 613 “rededicó” a San Agustín de Canterbury la abadía que este mismo había construido y dedicado a San Pedro y San Pablo.

El principal escollo de Lorenzo no fueron los paganos, sino los obispos locales, renuentes a la “romanización” de las tierras inglesas. Es que, a la par que la evangelización de aquellas tierras, avanzaba la cultura, los usos y costumbres y la liturgia romana. La iglesia local era renuente, por ejemplo, a celebrar la Pascua en la misma fecha que la Iglesia de Roma lo hacía. Lorenzo escribió a los prelados de Escocia y las otras tierras inglesas, pero nada logró. Tampoco es que su lenguaje, con frases tipo “unos míseros celtas que viven donde el mundo se acaba no pueden saber más que todas las iglesias de la cristiandad”, ayudara mucho.

En 616 otro problema se le sumó: Eadbald, hijo de Ethelbert y Bertha, renegó del cristianismo para volver al paganismo, y con él su reino, además de tomar por mujer a su madrastra, la segunda esposa de su padre. Temiendo la persecución, los obispos Melitón y Justo se fueron de sus sedes, y muchos monjes cruzaron al continente, fundando en Bretaña. Pero el arzobispo Lorenzo permaneció allí, para reconvertir al nuevo rey. Una leyenda, recogida por Beda dice que estaba desanimado y pensaba claudicar cuando fue a orar a la abadía de los Santos Pedro y Pablo, cuando se le apareció San Pedro (29 de junio; 1 de agosto, “ad Víncula”; 18 de enero, cátedra; 22 de febrero, cátedra; y 18 de noviembre, la Dedicación) y le azotó por pusilánime, mientras le decía “¿Por qué abandonas el rebaño que te han encomendado? ¿Es que como el mal pastor vas a comprometer a las ovejas de Cristo, que están en medio de lobos? Has olvidado que por el bien de mis hijos, a los cuales Cristo me encomendó en señal de su afecto, sufrí a manos de los enemigos de Cristo, los azotes, las cadenas, la prisión, y por último, la muerte en la cruz, para que yo fuera ser coronado con Él?” Lorenzo mostró las marcas de los latigazos a Eadbald y este, temiendo le sobreviniera algún castigo semejante, abandonó el paganismo, para volver a Cristo. Abjuró de los dioses, renunció a su mujer-madrastra y prometió proteger y promover la verdadera fe. Pero en realidad no está muy claro todo este momento histórico, pues algunos historiadores, como D. P Kirby sitúan esta vuelta a la fe, bajo el episcopado de San Justo de Canterbury (10 de noviembre), en 624.

La misión de Lorenzo no despegaba, pues reyes cercanos a Kent recelaban del cristianismo, la influencia del papa y, en última instancia, que al tomar aquella fe, también tuvieran que someterse a Eadbald. Tanto era el temor que, por ejemplo, el rey Raedwald, se convirtió a Cristo, pero no obligó a su pueblo a hacer lo mismo, sino que simplemente colocó un altar cristiano en un templo pagano, celebrándose allí la sagrada liturgia. Lorenzo murió el 2 de febrero de 619, y fue enterrado en la abadía antes mencionada. En  1091, las reliquias fueron levantadas y al abrir la sepultura, una fragancia desconocida salió de la tumba. Fueron trasladadas solemnemente a la nueva iglesia abacial. Desde el siglo VIII consta su memoria litúrgica en la arquidiócesis, y en todas las iglesias de Inglaterra.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

lunes, 1 de febrero de 2016

San Enrique Morse. Y los demás.

Pregunta: Hola Ramón, cómo estas??? :)  es la primera vez que entro a tu página, esta muy padre. Te escribo desde Monterrey, Nuevo Léon, México y pues mi hija esta en el catecismo preparándose para su primera comunión, y ahí le han encargado investigar acerca de un Santo que la verdad, no lo había escuchado, es San Enrique Morse. Te agradezco de antemano la atención a esta pregunta y pues recibe un caluroso saludo desde Monterrey. México. 

Respuesta: Hola. Estoy muy bien, gracias, espero que tú también y tu niña lo mismo. Anda, que cosas mandan a averiguar en la catequesis hoy en día… Bueno, pues San Enrique Morse es un mártir inglés, del siglo XVII. Aquí te escribo una reseña breve: 

San Enrique Morse (Mowse), presbítero jesuita, mártir. 1 de febrero.

Nació en Brome, Suffolk en 1595, de padres anglicanos, religión oficial de Inglaterra. En 1612 perdió a su padre, y como le había dejado bien posicionado económicamente, se fue a estudiar (al parecer, porque no hay constancia de su inscripción) al Bernard College de Londres, donde ocurrió su conversión. Es esta una época algo turbia de su vida y sólo se tienen referencias por terceras personas. El hecho es que, ya convertido, lo encontramos en 1614, comenzando los estudios para ser sacerdote católico, por tanto ya había habido una conversión y una vivencia sólida de fe. Tuvo que abandonar su casa, entre las presiones familiares y el miedo a comprometer a los suyos. Fue apresado por religioso y encarcelado en Newgate, de donde fue exiliado a Roma, en cuyo Colegio Inglés termino sus estudios sacerdotales y recibió el diaconado en 1620 (otra vez chocamos con la incertidumbre en las fechas, pues no consta su ordenación sacerdotal). Ese mismo año fue enviado de nuevo a Inglaterra a misionar, pero fue detenido casi enseguida y recluido en el castillo de York. Es allí, en la cárcel donde se decide a sumarse a la Orden Jesuita, que le atraía desde Roma. Al cabo de esta fecha fue liberado y expulsado a Flandes, donde fue capellán de los católicos ingleses que pretendían, junto a España, atacar Inglaterra para imponer el catolicismo de nuevo. Así que, al menos, en 1624 ya es sacerdote.

En 1633 regresó a Inglaterra, bajo el nombre falso de Cuthbert Claxton, y se sabe que destacó en la epidemia de peste que asoló Londres entre 1636 y 1637, arriesgando su salud y labor, asistiendo a los enfermos física y espiritualmente, ayudándolos a reconciliarse con la fe católica antes de morir. En 1641 se dicta el decreto que ordena definitivamente la expulsión de todos los sacerdotes católicos, que hasta entonces habían sido reprimidos, pero más o menos tolerados. Obedeció por no comprometer a las personas que salieron garantes de su inocencia. Regresó a Flandes como capellán de los soldados, pero dos años después fue enviado de nuevo a Inglaterra y se dirigió al norte, donde estuvo, al menos año y medio. Fue detenido en Cumberland, pero la mujer del que lo delató y capturó, que era católica, lo ayudó a escapar; sin mucha fortuna, porque al mes y un fue detenido otra vez. trasladado a la cárcel en Durham, y luego a Londres, fue condenado a muerte por ser sacerdote. Fue ahorcado en Tyburn el 1 de febrero de 1645.

En 1929 fue declarado beato, junto a muchos otros mártires ingleses. La canonización la realizó el papa Pablo VI, el 25 de octubre 1970, dentro de un grupo conocido como los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, que, por cierto, son estos: 

Santa Margarita Clitherow
San Agustín Webster, cartujo. 4 de mayo. 
San Alban Bartolomé Roe, benedictino. 21 de enero. 
San Alejandro Briant, jesuita. 1 de diciembre. 
San Ambrosio Eduardo Barlow, benedictino. 10 de septiembre. 
Santa Ana Linne, laica. 27 de febrero. 
San Cutberto Mayne, presbítero. 30 de noviembre. 
San David Lewis, jesuita. 27 de agosto. 
San Edmundo Arrowsmith, jesuita. 28 de agosto. 
San Edmundo Campion, jesuita. 1 de diciembre. 
San Edmundo Gennings, presbítero. 10 de diciembre. 
San Enrique Walpole, jesuita. 7 de abril. 
San Eustaquio White, presbítero. 10 de diciembre. 
San Felipe Evans, jesuita. 22 de julio. 
San Juan Almond, presbítero. 5 de diciembre. 
San Juan Bost, presbítero. 24 de julio. 
San Juan Houghton, cartujo. 4 de mayo. 
San Juan Jones, franciscano. 12 de julio. 
San Juan Kemble, presbítero. 22 de agosto. 
San Juan Lloyd, presbítero. 22 de julio. 
San Juan Paine, presbítero. 2 de abril. 
San Juan Plessington, presbítero. 19 de julio. 
San Juan Rigby, laico. 21 de junio. 
San Juan Robert, benedictino. 10 de diciembre. 
San Juan Southworth, presbítero. 28 de junio. 
San Juan Stone, agustino. 23 de diciembre. 
San Juan Wall (Joaquín de Santa Ana), franciscano. 22 de agosto. 
San Lucas Kirby, presbítero. 30 de mayo. 
Santa Margarita Clitherow, laica. 25 de marzo. 
San Roberto Southwell
Santa Margarita Ward, laica. 30 de agosto. 
San Nicolás Owen, jesuita. 2 de marzo. 
San Felipe Howard, laico. 19 de octubre. 
San Polydor Plasden, presbítero. 10 de diciembre. 
San Ricardo Gwyn, laico. 17 de octubre. 
San Ricardo Reynolds, brigidino. 4 de mayo. 
San Roberto Lawrence, cartujo. 4 de mayo. 
San Roberto Southwell, jesuita. 21 de febrero. 
San Rodolfo Sherwin, presbítero. 1 de diciembre. 
San Swithun Wells, laico. 10 de diciembre. 
Santo Tomás Garnet, jesuita. 23 de junio.

Las fechas de celebración pueden cambiar, porque el martirologio romano recoge el día del martirio, que a veces no coincide con la de celebración. En general, las órdenes religiosas y las diócesis los han situado unido por mayor comodidad y evitar la cantidad de celebraciones aisladas, siendo mártires de una misma persecusión.

Ver también: 
Santoral de la Compañía de Jesús. 

domingo, 31 de enero de 2016

Santa Ulpia y el croac croac

Santa Ulpia de Amiens, eremita. 31 de enero y 16 de mayo (traslación de las reliquias).

La Virgen aparece a Ulpia.
La leyenda de esta santa no nos dice nada sobre sus orígenes, sus padres o su infancia. Parte de su juventud, cuando Ulpia era una jovencita piadosa y caritativa. Fue pretendida por un joven, y sus padres accedieron a casarla, pero Ulpia manifestó que fuera de Jesucristo no quería otro esposo Y, dice la leyenda, dio gran alegría a sus padres con aquella resolución. El pretendiente no cejaba en sus propósitos, ora agasajándola, ora amenazándola. Tanto miedo tuvo Ulpia, que pasaba largos ratos en la iglesia, confiando en que el hombre no se atrevería a profanar la iglesia. Hasta un día en que tomó la resolución de “volverse loca” por Cristo, para que la dejasen en paz. Empezó un severo ayuno, vistió ropas miserables, vagaba por las calles gritando y peleándose con los perros. Así, cada vez más sucia y delgada, el pretendiente la dejó en paz.

Este tiempo de “locura”, Ulpia redobló sus oraciones y penitencias, lo que hizo tomara la resolución de servir enteramente a Cristo en la soledad. Tomó una capa abandonada, se cubrió y de esta guisa abandonó la su lugar de nacimiento, familia y riquezas. Llegó a un lugar solitario, a una fuente a las orillas del Noye y afueras de Amiens, donde descansó, quedando profundamente dormida. Soñó que la Santísima Virgen María se le aparecía resplandeciente, con el Niño Jesús y le decía: "Ulpia, hija mía, ya que elegiste a este niño por Esposo en la tierra, tus desposorios con Él durarán toda la eternidad, pero has de sufrir luchas terribles, como si el infierno fuera”. Y añadió la Madre de Dios: “En este lugar santificarás tus días. Aquí has de esperar la guía de un santo religioso". La visión se desvaneció, Ulpia despertó y rogó a la Virgen que la ayudara, y su oración fue contestada. A dos leguas y media de Amiens estaba establecido San Domicio (23 de octubre), un antiguo canónigo de la iglesia de Nuestra Señora, que había renunciado a sus riquezas y beneficios para disfrutar de la vida solitaria. Cada noche iba a la iglesia a rezar los maitines con los demás canónigos. Esa misma noche, estando Ulpia orando, una voz le dijo: "Levántate y ve presto a conocer a tu padre espiritual, que ya se acerca. Y al instante la santa levantó la vista y vio al religioso, vestido como ermitaño, descendiendo una pequeña montaña. Salió a su encuentro, se postró a sus pies y le suplicó en nombre de Dios, que asumiera la responsabilidad de su dirección espiritual. San Domicio se extrañó de hallar una joven en aquel sitio apartado, y temiendo fuera una tentación del diablo, le respondió a Ulpia que lo consultaría con el Señor, y ya Él diría.

Domicio se fue a su ermita y durmió pronto, por lo que olvidó a la joven, pero entonces, el ángel de la guarda de esta le despertó y le aseguró de parte de Dios que Jesucristo quería velase por su esposa. Al otro día en la mañana Domicio fue a ver a Ulpia, y la halló orando junto a la fuente. La chica le recibió diciéndole: "Bienvenido, padre mío y amigo mío. Me alegra vengas a cumplir tu obligación, ya que Dios me ha confiado a ti”. Allí pasó Domicio todo el día y llegada la noche, le dijo a Ulpia le acompañara a la iglesia a cantar los maitines con él. Llegaron a la catedral y al momento de entrar, que el obispo entonó el Oficio de vírgenes. Es que el obispo había tenido una revelación sobre ella. Terminó de cantar el obispo y se acercó a Ulpia, diciéndole: "Bienvenida, querida hija, tú que desde tu juventud estás consagrada a Jesucristo. Gracias a ti, bendeciré y consagraré una virgen cuyo ejemplo probablemente será seguido por muchas otras". Ulpia le respondió con lágrimas: "Reverendo Padre, no puedes cambiar la voluntad de Dios que me ha confiado a padre Domicio. Pero he aquí que primero tengo que obedecerte como mi obispo. Te ruego humildemente hagas aquello que más convenga a mi alma". Entonces, el obispo determinó darle la consagración de vírgenes, ordenándola de diaconisa y permitiendo viviera en soledad bajo la autoridad de Domicio. Además, le construyó una ermita con su celda, junto a la fuente donde se había establecido.

Santa Ulpia y la rana.
Allí adelantó en la virtud, alcanzando gracias del cielo y siendo muy estimada por los habitantes de la ciudad, que se encomendaban a sus oraciones, escuchaban sus consejos y se curaban con sus portentos y remedios. Y allí murió, siendo enterrada en su misma ermita. Su culto comenzó muy pronto junto a sus reliquias, una parte de las cuales están en el altar mayor de la actual iglesia del Espíritu Santo, levantada en el sitio de la ermita. Otras fueron trasladadas a la catedral.

Las ranas.
Cada noche Domicio pasaba a buscar a Ulpia para rezar los maitines en la catedral, pero una noche muy calurosa, las ranas de la fuente habían croado tanto, que Ulpia no había podido dormir nada hasta la medianoche. Domicio golpeó la puerta de la ermita, pero no halló respuesta. Pensó que Ulpia se le había adelantado, pero al llegar a la catedral no la oyó. Terminado el rezo, regresó y Ulpia estaba despierta y llorando. Le dijo “¿Cómo, mi padre, no me has despertado?”. Domicio le respondió que había golpeado la puerta y no había hallado respuesta. Ulpia le contó que las ranas no la habían dejado dormir. Ambos rezaron juntos y las ranas jamás volvieron a croar. En la iconografía de Santa Ulpia suele acompañarle una o varias ranas.


Fuente:
-"Les vies de tous les Saints de France". Tomo II. M. CH. BARTHELEMY. Versalles 1864.
-“Nouvelle vie de Sainte Ulphe: vierge, patronne de l'église d'Amiens”. LOUIS SELLIER. Amiens, 1841.
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914

domingo, 24 de enero de 2016

El embrollo de San Babilás.

San Babilás, obispo y mártir. 24 de enero y 4 de septiembre (Iglesias Orientales).

Sobre este santo las tradiciones son confusas. Algunos le ponen antioqueno, que será lo más probable. Tanto se confunden que en un tiempo se le dividió en dos personajes. Uno habría sido obispo de Antioquía, y mártir junto a tres niños, bajo Numeriano. El otro sería un maestro de Nicomedia, martirizado con un gran número de niños, alumnos suyos, imperando Maximiano. Incluso en el primer caso, unas leyendas dicen que murió en la cárcel, otras que decapitado, coincidiendo en todo menos en que fue en el gobierno del emperador Decio. El mismo San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal) le confunde, con el obispo llamado Babilás del que se lee en la “Historia Eclesiástica” de Eusebio, que habría excomulgado al emperador Filipo el Árabe por asesinar a Gordiano III. Otra tradición le pone padeciendo bajo Decio con Urbano, Prilidiano, Epolonio, a los que había catequizado. Como esta es la versión más conocida, la resumo aquí:

Vivía Babilás en Antioquía en tiempos de Decio, y tenía por discípulos a los niños Urbano, Prilidiano, Epolonio, de 12, 10 y 9 años respectivamente. Se celebraban unos festejos en honor a los dioses, cuando Decio, curioso de los misterios de la fe cristiana, quiso presenciar la celebración de la Eucaristía. Sabiéndolo el santo obispo, fue al encuentro del emperador y le prohibió entrar a la asamblea, por idólatra y blasfemo. El emperador, irritado, le hizo caso, pues temía una revuelta de los numerosos cristianos que acompañaban a Babilás. Así que esperó al otro día y mandó a los soldados que apresaran al obispo y lo llevaran a su presencia. Entonces le preguntó: “¿Por qué has insultado mi dignidad imperial al no permitir entrar en tu iglesia?”. Babilás respondió: “Cualquiera que se opone a Dios y quiere profanar el santuario, no es digno de respeto, sino que se ha convertido en enemigo del Señor”. Decio le mandó adorase a los dioses, pero, claro, Babilás se negó. Entonces Decio mandó le cargasen de cadenas y así fuera paseado por la ciudad, como escarnio. El santo respondió: “Estas cadenas son más venerables para mí que tu corona imperial lo es para ti. Para mí el sufrimiento de Cristo es más deseable que el poder imperial lo es para ti. Mi muerte por el rey inmortal es más preciosa para mí, que tu vida es para ti”.

Entonces trajeron a los tres discípulos del santo. Preguntó Decio: “¿Quiénes son estos niños?”. “Son mis hijos espirituales”- respondió el santo, y añadió - “yo les eduqué en la piedad, y aquí frente a ti, aunque en pequeño cuerpo, son grandes hombres y cristianos perfecto. Pruébales y verás”. Entonces Decio comenzó a tentar a los chicos y a Cristódula, la madre de estos, para que apostatasen de Jesucristo, pero era en vano. Mandó fueran azotados según su edad. Luego mandó decir a Babilás, que los niños habían renegado de Cristo, pero el obispo no creyó aquello. Ordenó Decio que fueran atados a un árbol y quemados, pero al ver que no perjuraban de la fe cristiana, mandó fueran decapitados.

Como dije antes, si bien sobre el martirio no se sabe mucho, sí que consta la veneración a sus reliquias y la traslación de estas, una de las primeras de las que se tiene noticia en la Iglesia. Cuando fue martirizado, los cristianos recogieron su cuerpo y lo enterraron a las afueras de la ciudad, pero en 350, llegada la paz para la Iglesia, fueron trasladadas adonde aún perduraba un oráculo del dios Apolo. Al renegar de la fe cristiana, Juliano el Apóstata se convenció que las calamidades y poca eficacia del oráculo se debían a la presencia de las reliquias del santo en el lugar, por lo que mandó fueran arrojadas de allí. Pero la iglesia antioquena, las trasladó solemnemente a la primera sepultura. Los cristianos entonaron el salmo 135, que menciona la necedad de los ídolos y de los que los adoran, y al instante un rayo fulminó el templo de Apolo. Luego de la muerte de Juliano, San Melecio (12 de febrero) edificó en Antioquía una iglesia dedicada a la memoria de Babilás, que se convirtió en un santo muy venerado, y su santuario muy popular. Con motivo de una festividad de Babilás, predicó San Juan Crisóstomo, pero como vimos, lo confundió con otro obispo santo.

El culto a tan preciadas reliquias pasó de Oriente a Constantinopla, y a Occidente llegó en el medievo, pues en el siglo VII San Aldhelm de Sherborne (25 de mayo) escribió unas “vitae” en prosa y en verso. Al parecer, Matilde de Canossa poseía reliquias insignes de él, que donó a una iglesia de Cremona donde había culto al santo y era especial abogado contra los males de huesos, artritis, etc. Una iglesia del siglo XI existe aún en Milán. En España se le venera en Bobadilla del Monte como San Babilés”. Tamayo le hizo español y nacido en Pamplona, donde se le venera. En Francia se le conoce como Saint Babel. Los bolandistas, que recogen las variantes de las versiones, no les dan crédito alguno y reconocen fueron creadas para satisfacer la devoción popular.


Fuentes:
-”Los santos del nuevo misal hispano-mozárabe”. JUAN MIGUEL FERRER GRENESCHE. Toledo, 1995.
- "Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

jueves, 21 de enero de 2016

De la Inocente Cordera del cielo.

Pregunta: Estimado, agradecería información  histórica  de  Santa Inés mártir. ¿Cómo se hizo  Santa?  Hay versiones, ¿cuál creer?

Respuesta: Hola. Como dices, varias versiones hay, y curiosamente, las más modernas son más estrafalarias, y aunque las discrepancias son antiguas, a la mayoría le llegaba una “passio” legendaria del siglo V, que resumo aquí:

Santa Inés, virgen y mártir. 14, 21 y 28 de enero; 5 de julio (Iglesias griegas).

Leyenda.
Era Inés una niña de la familia Clodia. Al llegar a los trece años, edad apropiada para contraer matrimonio, fue pretendida por un hijo del prefecto Sofronio. Era Inés cristiana, y más aún, había hecho un voto de virginidad para ser solamente esposa de Cristo, por lo que respondió al joven: "Ya estoy comprometida a uno, y a él solo mantengo mi fidelidad. Él ya me ha desposado con un anillo y me ha adornado con joyas. Él ha puesto una señal en mi frente. Él me ha mostrado tesoros incomparables, que ha prometido darme si persevero en su amor. La miel y la leche de sus labios me atraen, y he comido de su cuerpo, y con su sangre tiñe mis mejillas. Su madre es una virgen, y su Padre no conoció mujer. A Él los ángeles le sirven, su belleza sol y la luna admiran; por su fragancia resucitan los muertos, por su toque a los enfermos cura. Su riqueza nunca falta, y su abundancia nunca decrece. Sólo en él me sostengo, sólo en él confío. Para quien yo amo soy casta, para quien me toca estoy limpia, para quien me recibe soy virgen". El joven comunicó aquellas raras palabras a los padres de Inés, los cuales le preguntaron a quien había dado su corazón, y ella les respondió que era cristiana y Cristo era su amor. Sofronio la reclamó a sus padres y estos, por miedo, le instaron a que se casara con el hijo de este, pero Inés prefirió comparecer ante el prefecto y confesar su fe cristiana. Ante este defendió su deseo de virginidad por Cristo, a lo cual Sofronio respondió que la llevaría al templo de las vestales, para que consagrara su castidad a la diosa Vesta. "¿Crees" – replicó Inés – "que si me he negado a tu hijo, de carne y hueso, ¿voy a dedicarme a dioses de piedra que no sienten?"

Entonces Sofronio la envió a una casa de prostitución para que allí le arrancaran su virginidad, y por ello acudieron muchos hombres lujuriosos. Al ser desnudada, su cabellera creció milagrosamente y la cubrió por completo. Y además, bajó un ángel del cielo que le puso una vestidura blanca. El hijo del gobernador irrumpió en el burdel y el ángel le cegó, pero Inés le sanó milagrosamente. Viendo aquello, Inés fue acusada de brujería. Aspasio Paterno, diputado, ordenó que debía ser ejecutada inmediatamente, y la multitud "¡Fuera con la bruja, lejos con ella!". La condenaron a morir a fuego, pero al ponerla en la pira, Inés exclamó: "Oh, Padre Todopoderoso, que solo Tú has de ser temido y adorado, te doy gracias porque por  de tu santo Hijo, he escapado de las amenazas del tirano profano, y con Él he pasado sin mancha por encima del pantano abominable de la lujuria. Ahora yo acudo a Ti, a quien he amado, he buscado, y siempre he anhelado. Tu nombre bendigo y glorifico sin fin. Ahora con el Espíritu te digo: Enfría este fuego que hay bajo de mí, corta la llama y deshaz benignamente su calor. ¡Oh, Padre de mi Señor Jesucristo, te confieso con mis labios, y con mi corazón, todo lo espero de ti. Clamo a ti, único y verdadero Dios, que con nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén." Apenas terminó de orar, el fuego se apagó milagrosamente. 

Aspasio tomó una espada para atravesarla en su garganta, pero antes ordenó fuera esposada. Le pusieron unas esposas pequeñas, pero al ser tan niña, estas también caían de sus muñecas. Pero Inés no las necesitaba. Dando ejemplo de entereza cristiana, se arrodilló, apartó su cabello para exponer limpiamente el cuello, cruzó sus brazos sobre el pecho e inclinó la cabeza. El verdugo, temblando de emoción, la decapitó. Sus padres tomaron el cuerpo y lo enterraron en las catacumbas de la Vía Nomentana, donde los cristianos lo veneraron durante días. Los paganos y los soldados intentaban impedir la veneración, tomando a algunos presos. A la hermana de leche de Inés, Santa Emerenciana (23 de enero), le apedrearon hasta la muerte, por permanecer inmóvil junto a la sepultura, para defenderla.

Cráneo de Santa Inés.
Culto y testimonios.
Las reliquias de Santa Inés, las auténticas, se veneran en la misma Roma. El cuerpo en su iglesia extramuros y gran parte de la cabeza en Santa Inés “In Agone”. Este cráneo se halló en la tesorería de la Basílica de Letrán en 1903, cuando León XIII mandó quitar los sellos que la habían tenido intacta durante siglos. Ciertamente en la basílica de Santa Inés conservaba el cuerpo, pero no la cabeza. Los estudios sobre los dientes del cráneo demostraron que se trataba de una niña entre 12 y 15 años. Añadir que esta basílica de Santa Inés habría sido levantada por Santa Constanza (19 de febrero), la hija de Constantino, sanada milagrosamente por Santa Inés. Allí, según la leyenda, vivió Constanza como virgen consagrada a Dios.

El testimonio más antiguo sobre el culto a Santa Inés es la “Depositio Martyrum”, obra del siglo IV, que la menciona enterrada en la Vía Nomentana (que luego sería llamada precisamente, de Santa Inés). El papa San Dámaso (11 de diciembre) dedicó versos a su memoria, y además, escribió el epitafio de su tumba, lo que evidencia una sólida devoción. Este epitafio dice:
Fama refert sanctos dudum retulisse parentes Agnen cum lugubres cantus tuba concrepuisset nutricis gremium subito liquisse puellam sponte trucis calcasse minas rabiemque tyranni urere cum flammis voluisset nobile corpus viribus inmensum parvis superasse timorem nudaque profusum crinem per membra dedisse ne domini templum facies peritura videret o veneranda mihi sanctum decus alma pudoris ut Damasi precibus faveas precor inclyta martyr”.

según cuenta la tradición que sus devotos padres narraron de cuando las trompetas con su triste melodía llamaron a su hija Inés ella de pronto dejó el regazo de su nodriza [y] voluntariamente despreció la furia y amenazas del cruel tirano cuando él decidió consumir su cuerpo en las llamas [.] Aunque ella siendo débil él fracasó en inspirarle un fuerte temor ella por su parte dejó caer su larga cabellera para cubrir su desnudo cuerpo para que ninguna mirada mortal mirase aquel templo del Señor [.] A ti a quien venero, gentil y santo ornamento de virginidad vuelve tu mirada oh ilustre mártir a las plegarias de Dámaso. Te lo ruego.

Es de notar que Dámaso no menciona la proposición de matrimonio, ni el final de la vida terrenal de Inés mediante la decapitación ni arma alguna, pero sí menciona el tormento del fuego y hace hincapié en la virginidad. Tampoco habla de que su cabellera creciera milagrosamente, sino que ella misma se soltó el pelo para cubrirse, en el momento del fuego, parece.

Prudencio, el poeta cristiano, la llama “fortis puellae, martyris inclytae”, en el poema XIV de su “Liber Peristephanon”, que versa sobre la “Passio Agnetis”. Es él quien añade que fue expuesta a la vergüenza pública y llevada a un lupanar, en el que se veneraba a Minerva: “hanc in lupanar trudere publicum certum est, ad aram ni caput applicat ac de Minerva iam veniam rogat, quam virgo pergit temnere virginem". La leyenda recrea esto, ya vimos, con una primera intención de Sofronio de encerrarla con las vestales. El himno “Agnes beatae virginis”, que tal vez sí que sea de San Ambrosio (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal), no habla de decapitación, sino de “golpe de espada”, y que luego de este, la joven se cubrió la herida con modestia y se cubrió el rostro con las manos, por lo que parece se refiere a una herida de garganta o pecho, mortal, pero no instantánea.

Epitafio de San Dámaso papa.

Testimonio antiguo de su veneración por parte de todo el mundo cristiano de entonces lo da también San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental), que es el primero en darle significado al nombre, uniendo su sacrificio al Sacrificio de Cristo, Cordero Inmaculado. El 21 de enero de 396 en un sermón dice: 
Dichosa Santa Inés, que sufrió su pasión en el día de hoy. Esta virgen era lo que indicaba su nombre. Inés, Agnes, en latín significa 'cordera', y en griego, 'casta'. Era lo expresado por el nombre. Con razón pues, fue coronada”. 

San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) en una carta a Demetríade dice que la "vita" de Santa Inés es un ejemplo de constancia en la virginidad:
la vida de Santa Inés, virgen, ha sido loada con las letras y lenguas de todas las gentes, especialmente en las iglesias

San Máximo (25 de junio) dirá: 
"Oh, Virgen Gloriosa, ¡qué ejemplo de vuestro amor habéis dejado a las vírgenes para que te imiten! (...) Allegaos, doncellas, y en los tiernos años de su niñez aprended a amar a Cristo con vivas llamas de amor (...) Aprended, vírgenes, de Inés, que así está abrasada del amor divino y tiene por basura todos los tesoros y delicias de la tierra".

San Ambrosio en su obra “De Virginibus”, (libro I, capítulo 2) escribe:
 “mi tarea comienza favorablemente, y pues hoy es el aniversario de una virgen, tengo que hablar a las vírgenes (…) Es el aniversario de Santa Inés: que los hombres la admiren, que los niños tomen coraje, que los casados se asombren, que los solteros tomen ejemplo. Pero ¿qué puedo decir que sea digno de ella, cuyo a cuyo nombre no faltan las alabanzas brillante? En la devoción excedió a su edad, en la virtud estuvo por encima de la naturaleza, que me parece que no le han dado un nombre humano, sino un símbolo del martirio, por el que mostró lo que sería. (…) El nombre de esta virgen es un título de modestia. Voy nombrarla mártir, la proclamaré virgen. (…) ¿Qué amenazas utilizaría el verdugo para hacerla temer, qué tentaciones para persuadirla, cuántos deseos de atraerla al matrimonio? Pero ella respondió: 'Sería una afrenta a mi Esposo buscar cualquier posibilidad de complacerme. El que me eligió primero para Sí, me recibirá. ¿Por qué te retrasas, verdugo? Que perezca este cuerpo que puede ser amado por los ojos que no quiero'. Se levantó, oró, e inclinó su cuello. Se podía ver temblar el verdugo, como si él mismo hubiera sido el condenado, y su mano derecha se estremecía, su rostro palideció, temiendo el peligro de otro, mientras que la doncella no temía por ella misma. He aquí una víctima de un doble martirio: de modestia y de la fe. En ellas permaneció virgen y en ellas obtuvo el martirio”.

Contradicciones.
A las diferencias entre las versiones, de Dámaso, Prudencio y Ambrosio antes leídas, se suma que el diputado Aspasio Paterno fue prefecto en 264 y 265, por lo que si era diputado, el martirio habría tenido que ocurrir antes de esta fecha, y bastante, pues aún le hallamos como procónsul de África en 260. Lo más probable es que el sobrenombre Paterno haya confundido al escritor de la passio a hacer padecer a Inés bajo este Aspasio, y no bajo Ovidio Paterno, que era prefecto de Roma sobre 281, existiendo un senador de nombre Sofronio en esta misma época. Por esta razón, los hagiógrafos han datado el martirio imperando Valeriano, entre 258 y 260, o bajo Diocleciano, en 304.

"Desposorios" de Santa Inés.
La “passio” se atribuyó, durante siglos, a San Ambrosio, el cual, ciertamente en la obra antes mencionada, da detalles como el nerviosismo del verdugo, hecho romántico que también recogerá la “passio”. Está claro que en tiempos de San Ambrosio, mediados del siglo IV, existía una, o varias, redacción del martirio de Santa Inés, y San Jerónimo lo confirma cuando dice que su “vita” se lee en las iglesias. De aquí se nutriría la passio. Y mucho que se leyó, aunque más la versión de la "Leyenda Aurea" del Beato Santiago La Vorágine (13 de julio), que se recreó ampliamente, y tomando por literales las palabras "me ha desposado con un anillo y me ha adornado con joyas"e inventándose un episodio del matrimonio entre Inés y Jesús en forma de Niño, como se lee de otras santas.

Afirman algunos (yo mismo lo creía) que el nombre de Inés es solamente un símbolo, pues significa “cordero” en latín, que evoca a la inocencia, la víctima y en último caso a Cristo. Este símbolo lo habrían recreado Agustín y la “passio”, pasando al culto popular. Pero hay que recordar que antes que esta se escribiera, en 337 Inés aparece mencionada así en la Depositio, y también en el epitafio de Dámaso y lo mismo en el sermón de Agustín, todo esto antes que la “passio” fuese escrita. En todo caso, la leyenda toma el nombre de la historia, y no es ella quien recrea un nombre simbólico. 

Iconografía y devociones.
Sin embargo, esta asimilación con el cordero ha configurado su iconografía, a base de símiles entre el nombre y el animal. El medievo consagra su imagen con el cordero hasta hoy, lo que daría pie a leyendas estrafalarias sobre que poseía un cordero que la siguió hasta el martirio y otras que ni vale la pena mencionar. Y tanto se asimiló el corderito con el nombre, que otras santas del mismo nombre, Santa Inés de Montepulciani (20 de abril) y Santa Inés de Praga (2 de septiembre), igualmente portan el cordero en brazos. Y más allá, el día de su fiesta se bendicen dos corderitos cuya lana se usa para tejer los palios que usarán los obispos.

Santa Inés de trinitaria.
Monasterio de las M.M
Trinitarias. Madrid
Otra devoción a Santa Inés, hoy casi olvidada la “commemoratione S. Agnetis secundo” o sea, su octava, que duró hasta la reforma litúrgica de 1969. Solamente la conserva la Orden Trinitaria, que en Santa Inés tiene su patrona y en su octava su conmemoración solemne. El origen de esta particularidad está en que según la tradición, la primera misa de San Juan de Mata (17 de diciembre y 8 de febrero, traslación de las reliquias) fue el día de la octava de Santa Inés de 1193. Durante esta misa tuvo la revelación en la que Cristo se presentaba con dos cautivos, llamándole a la redención de estos. Según la tradición trinitaria, el 28 de enero de 1198, el papa Inocencio III tendría otra revelación igualmente relacionada con la redención de los cautivos y la Orden Trinitaria. Esta relación de los orígenes fundacionales con la octava de Santa Inés la llevaron, como dije, a ser nombrada patrona de la Orden y a ser incluso representada en ocasiones con el hábito trinitario, sobre todo en ambientes monjiles.

Es Santa Inés patrona de las vírgenes, los niños y niñas, las adolescentes, las novias y solteras en general. Es patrona de diversas asociaciones juveniles, como las "Hijas de María", por ser especial abogada para la salvaguarda de la castidad, y esto ya vimos que desde los testimonios de los más preclaros Padres de la Iglesia. Además, es protectora de horticultores y jardineros.


Fuentes:
-“Epístolas del glorioso doctor de la Iglesia, San Jerónimo”. R. P. FRANCISCO LOPEZ CUESTA. Madrid, 1613.
-“A comparison of the treatment of the figure of Saint Agnes in two medieval poems”. MARCIA MAE HINCKLEY. Universidad de Wisconsin, 1972.
-“Los santos del nuevo misal hispano-mozárabe”. Toledo, 1995.
-“Iconografía de los santos”. JUAN CARMONA MUELA. Madrid, 2003.
-“Prudentius”. Volume II. HARVARD UNIVERSITY, 1953.
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914
-http://www.documentacatholicaomnia.eu/03d/0339-0397,_Ambrosius_De_Virginibus_Ad_Marcellinam_Sororem_Sua_Libri_Tres_%5BSchaff%5D,_EN.pdf
-“Sancta Agnese, nella tradizione e nella legenda. P. FRANCHI DE CAVALIERI. Roma, 1899.
- http://meditacionestrinitarias.blogspot.com.es/2013/01/santa-ines-segundo-dia-de-la.html