jueves, 28 de mayo de 2015

De un loco muy cuerdo.

La de “locos por Cristo”, es una categoría de santidad extraña la sensibilidad occidental, donde toda la espiritualidad ha estado muy encauzada, siempre dirigida por movimientos, fundadores o escuelas místicas. En nuestra Iglesia romana todo movimiento espontáneo de espiritualidad o “devotio” ha sido mirado siempre con sospecha, por salirse de los métodos establecidos. Principalmente en el Medievo occidental fueron controlados personas y movimientos “locos”. No es así en Oriente, donde la espontaneidad ha guiado a muchos a vivir su realidad con Cristo de diversas  maneras, disímiles entre sí. El loco por Cristo, tal vez sea el único cuerdo de su entorno: sabe donde está lo verdadero, no pierde el tiempo con convencionalismos, etiquetas o bienes de ningún tipo. Tiene la mirada puesta donde importa: en Cristo, culmen de la felicidad eterna. Por eso se burla de todos aquellos que en este mundo vagamos con la mirada puesta en las cosas terrenas. Pero como todo seguimiento verdadero de Cristo, la locura por Cristo es denuncia de las realidades que atentan contra la justicia, la caridad y la santidad. No tiene justificación, simplemente. Se es loco por Cristo porque el amor de Dios conmina a ello, empuja a servir, denunciar y salvar. Y es así en la tremenda vida de este santo que os traigo hoy:

Icono del Santo con escenas de su vida.
Siglo XVII
San Andrés  de Constantinopla, “loco por Cristo”. 28 de mayo y 2 de octubre (Iglesias Orientales).

Vivió el santo en el siglo IX, nació en algún país eslavo, que no se sabe cual puede ser, muy joven fue apresado por los bárbaros y vendido como esclavo en Constantinopla. Su amo, un cristiano rico llamado Theognostes, al ver las virtudes de su esclavo, le permitió aprender a leer y escribir, y le dejaba visitar la iglesia siempre que quería, lo que Andrés hacía regularmente. Fue acrecentando su vida espiritual y su radicalidad evangélica le llevó a vivir como un loco por Cristo, a ejemplo de tantos otros santos que hallaban en la “locura” una manera de imitar a Cristo, el loco de Amor. Es muy probable que haya llegado a su conocimiento la prodigiosa vida del paradigma de los “locos por Cristo”: San Simeón el Salo (1 de julio).

Fuera por opción, o por una conminación divina, un buen día mientras iba a por agua, se arrancó la ropa, para no querer vestirla más, y comenzó a hacer locuras, a la par que gritaba el nombre de Cristo. Su amo, pensando que realmente estaba loco, le ató con una cadena y lo llevó a la iglesia de Santa Anastasia la Pharmakolitria (25 de diciembre), santa famosa en milagros, para que esta le sanara. Pero claro, no hubo “curación”, así que Theognostes le dio la libertad, pues como esclavo no le servía para nada. Andrés comenzó a vivir de limosnas, predicando a Cristo, ganándose las burlas y los desprecios de la gente. A la par, fue creciendo en la gracia y obteniendo dones, como el discernimiento de espíritus, o exorcizar a los demonios.

Además, gozó de varias visiones y consuelos divinos. La más importante fue en la iglesia de las Blanquernas, eran las cuatro de la mañana y los fieles cantaban el oficio litúrgico, cuando vio abrirse el techo y bajar del cielo a la Santísima Virgen, que oraba y lloraba por todos los cristianos del mundo, pidiendo a Cristo que aceptara sus súplicas por todos. Mientras, cubría con su manto a los que oraban en la iglesia, como signo de protección. Sería una imagen equivalente a la Madre de Misericordia que los occidentales conocemos, que nace en Italia en el siglo XII. Esta leyenda se ha fundido con la de otra visión, ocurrida el 1 de octubre, en que fue vista la Madre de Dios protegiendo a Constantinopla de un ataque de los eslavos, dos siglos después. Por esta fusión de portentos es que algunas iglesias orientales celebran la Fiesta de la Protección de la Madre de Dios el 1 de octubre y colocan la memoria de San Andrés el Loco a 2 de octubre.

Otras visiones e intervenciones divinas tuvo, como cuando vio una serpiente enroscada en la garganta de un monje avaro, que tenía fama de espiritual y santo. Al verle le recriminó su velado vicio por las riquezas, revelándole lo que veía. El monje se humilló y ante sus ojos apareció la visión de la serpiente, que no desapareció hasta que dio a los pobres sus riquezas ocultas. En otra ocasión hablaba con su discípulo Epifanio sobre la salvación del alma, cuando el demonio se acercó a este y le distraía con pensamientos vanos. Andrés conminó al diablo a marcharse, pero este antes tuvo que revelarle que la humanidad ya casi era peor que el mismo diablo, que eran irrefrenables en sus pecados, con los que vivían y justificaban. Se regocijaba el maligno de poseer a personas consagradas y espirituales. El santo, luego de oírlo, sopló sobre él y el demonio desapareció.

Un día se topó un gran y espléndido funeral en la ciudad, y junto al cadáver se arremolinaban pequeños diablillos, que se reían de los que lloraban al difunto. A la par, un bello joven, lloraba tras los diablos, sin que nadie les viera. Reveló el joven a Andrés, que era el ángel custodio del difunto, un hombre pecador que vivía entregado al demonio, matando, robando, corrompiendo a jóvenes. Que se había perdido para siempre, y por eso los demonios se reían de los que acompañaban al muerto, pues el fastuoso funeral era en vano.

También, como San Pablo (29 y 30 de junio, 25 de enero, 18 de noviembre), fue arrebatado al cielo en vida: una noche mientras dormía en su sitio preferido, un muladar y rodeado de perros callejeros, se le apareció su ángel y le llevó al paraíso, donde permaneció 15 días, contemplando la belleza y perfección de Dios y de los bienaventurados. Adoró a Dios con los santos, entre los serafines, el cual le dijo palabras únicas, intraducibles para los hombres. Volvió a la tierra lleno de amor de Dios y de deseo de morir para gozar de Dios definitivamente. Finalmente, después de una vida de ascética hasta el extremo, Andrés entró en la gloria el 28 de mayo de 911.

Fuentes:
-“Constantinopla 1453: mitos y realidades.”  PEDRO BÁDENAS DE LA PEÑA, INMACULADA PÉREZ MARTÍN.
-“Locos por Cristo.” PETER HANS KOLVENBACH. S.J. Colección Manresa, 20.
-“Los testigos están entre nosotros.” MARIE-JOSEPH LE GUILLOU. Ebook. 2013.

miércoles, 27 de mayo de 2015

San Julio, glorioso mártir.

San Julio de Dorostoro, "el Veterano", soldado mártir. 27 de mayo.

La versión más antigua que se conoce de las Actas de este mártir se conservaba, según Ruinart, en la biblioteca de la basílica de San Remigio, en Reims. Son Actas que, de las pocas, que se libran de las fabulaciones y las leyendas, y son tenidas por verdaderas incluso por los Bollandistas. El toque cetequético que tienen los diálogos no les resta veracidad, es solamente un estilo de redacción posterior con vistas a ejemplificar. No nos dicen la época en que ocurrió el martirio, pero debió ser cerca del año 300, imperando Diocleciano.


Ilustración hecha en Corel Draw.
Según estas Actas, era Julio un soldado veterano ya, de la zona de Mesia, actual Bulgaria, que fue acusado de cristiano ante el gobernador de la ciudad, llamado Máximo. Este le preguntó si era cierto lo que se decía, que era cristiano, a lo que julio respondió afirmativamente. Ante la conminación a cumplir la ley y adorar a los dioses, respondió: "yo soy cristiano, y jamás podré hacer lo que ellos mandan [los edictos]. No he de renunciar yo al Dios que adoro, que es el Dios vivo, y el Dios verdadero. La Ley de Dios me lo prohíbe y no he de obedecer yo, con perjuicio suyo, a la de un Príncipe infiel. (...) En lo demás, yo he llevado las armas veinte y seis años, pero en todo este tiempo no se me ha visto cometer una mala acción, que me haya obligado a comparecer ante los Jueces. Yo he servido siete campañas sin que ninguno pueda quejarse de haberle hecho la menor violencia; y cuando fue menester pelear, ninguno me dejó atrás. El Príncipe jamás me ha hallado en alguna falta, y ahora que se trata de mostrarle a Dios mi fidelidad, ¿le había yo de faltar a ella?".

Máximo quedó impresionado con la justicia de este argumento, en el que el santo clamaba justicia, en atención a sus méritos, así que para cumplir la ley (recordad que el gobernador tenía que hacerla cumplir) y convencer al santo, le dijo: “Pareces un hombre cuerdo, y así, déjate persuadir sacrificar á los dioses. (…) yo te tomo a mi cargo. Yo soy quien te hago violencia; y quiero que sepan que no haces esto de tu voluntad. Sacrifica, y después te retirarás pacíficamente a tu casa, sin que nadie se atreva a decirte palabra. Toma diez piezas de plata, que estimaré las recibas.” Se ve no conocía este gobernador lo que es un cristiano de temple, que no le importan las apariencias ni los respetos humanos. No era cuestión se supiese o no, era cuestión de su conciencia y su alma ante Dios.

Julio respondió a esa proposición: “No puedo, no me he de exponer yo a perder mi alma por toda una eternidad. Ese es un grandísimo pecado. Ni la plata, ni el dinero del demonio, ni tus falsos discursos me hacen impresión alguna. No me privaré yo a mí mismo, por tan poca cosa y de la posesión de mi Dios. No le renunciaré jamás. Y así, bien podéis, cuando gustéis, pronunciar la sentencia de muerte contra mí como cristiano.” Le dijo Máximo: “Te apresuras por morir, y sin duda te imaginas que el sufrir la muerte te será glorioso. Por la defensa de las que has recibido, de un hombre clavado en una cruz. ¡Qué locura, preferir un hombre común, que ya no existe, a unos Príncipes que viven, que reinan, y que te pueden hacer feliz!” Otro error de quien no conoce a Jesucristo: no hay más felicidad que seguir a Cristo hasta las últimas consecuencias. Y así se lo dijo Julio: “Verdad es que ese hombre de quien hablas, ya no vive, pero es porque se dignó morir por nuestros pecados; y esta muerte es para nosotros el principio de una vida perdurable. Porque en fin, Dios es eterno y cualquiera que no temiere confesarle, eternamente vivirá, pero el que fuese cobarde, y le renunciare, para siempre perecerá. (…) Esa vida que me ofreces, es una verdadera muerte y esa muerte con que me amenazas, es una verdadera vida, que jamás se acabará."

Máximo, ya exasperado, le conminó a obedecer, amenazándole realmente con darle pronta muerte. ¿Resultado? Otra confesión de fe del santo soldado: “Eso es lo que yo deseo de todo mi corazón. Si yo te he de merecer alguna gracia, sea la de quitarme prontamente de este mundo miserable. (…) Para vivir siempre, es necesario que yo muera de este modo.” No quiso perder más tiempo Máximo, y no quedar más en ridículo ante aquel soldado íntegro, y dictó sentencia: “Por haberse resistido Julio a obedecer á los Emperadores, le hemos condenado a perder la cabeza”.

Y le apresaron y le llevaron a las afueras de la ciudad, para ejecutar la sentencia. Cuando le conducían algunos cristianos que no se atrevían a confesar a Cristo, le abrazaban y él les conminaba a proclamar su fe diciéndoles: “Mire cada uno el motivo que le obliga a abrazarme.” Entre los soldados que le custodiaban había uno llamado Esiquio, cristiano escondido también, que se acercó a Julio para decirle “Ve con valor, y corre por la corona que el Señor te ha prometido: y acuérdate de mí, que muy pronto te seguiré. Encomiéndame a los siervos de Dios Pasicrates y Valencio, que por confesar el santo nombre de Jesús, han ido antes que vos al suplicio.” Entonces, abrazándole Julio le dijo: “Hermano, date prisa a venir. Aquellos a quienes me pides salude de tu parte ya han recibido tus recuerdos.” Los Santos Pasicrates y Valencio (25 de mayo) eran soldados mártires que habían padecido dos días antes.

Llegados al sitio de la ejecución, Julio tomó su pañuelo, se vendó los ojos y ofreció el cuello al verdugo. Se arrodilló y clamó: “Señor Jesús, por quien muero, dígnate recibir mi alma y colocarla entre tus ángeles.” E inmediatamente el verdugo le cortó la cabeza del primer tajo.

Fuentes:
-"Las verdaderas actas de los martires" Tomo Tercero.  TEODORICO RUINART. Madrid, 1776.
-"Vidas de los Padres, Mártires y otros principales Santos". Tomo V. ALBAN BUTLER. Valladolid, 1791.

martes, 26 de mayo de 2015

De dos santos misioneros.

Santos Dyfan y Fagan de Inglaterra, presbíteros misioneros. 26 de mayo.


Iglesia de San Dyfan, Barry.
La única referencia histórico-legendaria que de ellos consta está en el primer libro de la “Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum” obra de San Beda el Venerable (25 de mayo). Según esta, en el año 156, reinando los emperadores Antonino Vero y Aurelio Comodo, el rey San Lucio de Inglaterra (3 de diciembre), envió a los santos Elvan y Mydwyn (1 de enero), dos cristianos piadosos, al papa reinante, San Eleuterio (26 de mayo) solicitándole ser bautizado y aceptado en la Iglesia. Estos dos cristianos eran discípulos de San José de Arimatea (17 de marzo), de que la leyenda dice era comerciante en metales y poseía minas de hierro en Anglia, donde luego de la muerte y resurrección de Cristo había llevado el Evangelio. El papa respondió al rey enviándole dos presbíteros para que le bautizaran y predicaran la fe de Cristo: Dyfan y Fagan. Estos evangelizaron los dominios del rey Lucio (las proximidades de la actual ciudad escocesa de Glasgow), fundaron iglesias locales y fueron los primeros obispos.

En realidad este rey Lucio es legendario y esta “historia” de petición de misioneros está sacada de la vida del rey Abgar IX de Edesa, que se llamaba Lucio, y permitió predicadores cristianos en sus dominios. Siguiendo siempre esta improbable historia, cuando San Patricio (17 de marzo) llegó a esta zona habría hallado en unas ruinas, una copia de “Los Hechos de los Apóstoles” y una “vida y milagros” de los santos misioneros, pero esto es una leyenda no anterior al siglo XII. San Dyfan tiene una iglesia dedicada desde el siglo VI a su memoria y a la de San Teilo (9 de febrero y 5 de noviembre) en Escocia, donde se le venera como mártir, o protomártir de Gales. En dicha iglesia se conserva un pozo del que se toma agua contra la parálisis y enfermedades reumáticas.




Fuente:
-“Welsh Classical Dictionary”. PETER BARTRUM . National Library of Wales, 1993.

domingo, 24 de mayo de 2015

El Espíritu Santo y sus dones en Santa Teresa.

Alguien llamó al siglo XX el siglo del Espíritu Santo, así como el XIX había sido el siglo del Corazón de Jesús. Es cierto que en los últimos años, a la Tercera Divina Persona de la Trinidad parécele haberla redescubrirla. Tal vez sean las formas o las devociones las nuevas, pero no la presencia, puesto que el Espíritu Santo es el Principio, Unidad y Alma de la Iglesia. Si antes se le llamaba “el Gran Desconocido”, ahora pareciera ser lo que es: “el Gran Protagonista”. Congregaciones religiosas, movimientos laicales, devociones nuevas o renovadas, acciones litúrgicas, etc., lo ponen de manifiesto. 

Afortunadamente, los amantes de Nuestra Madre, Santa Teresa de Jesús, sabemos que si bien como a todos los Santos, le guió el Santo Espíritu, además, ella lo supo y le dedicó profundas palabras, de calado teológico. La santa no solo fe sensible a la acción del Espíritu, sino que además se lo agradeció, podríamos decir. Ella se encomienda a Él, según narra en su autobiografía, en el momento cumbre de su conversión definitiva. Su confesor le anima a encomendarse al Paráclito, rezando cada día el “Veni Creator”, y haciéndolo, recibe una gracia especialísima:


me dijo que lo encomendase a Dios unos días y rezase el himno de ‘Veni Creator’, porque me diese luz de cuál era lo mejor. Habiendo estado un día mucho en oración y suplicando al Señor me ayudase a contentarle en todo, comencé el himno, y estándole diciendo, vínome un arrebatamiento tan súbito que casi me sacó de mí, cosa que yo no pude dudar, porque fue muy conocido. Fue la primera vez que el Señor me hizo esta merced de arrobamientos. Entendí estas palabras: ‘Ya no quiero que tengas conversación con hombres, sino con ángeles’. A mí me hizo mucho espanto, porque el movimiento del ánima fue grande, y muy en el espíritu se me dijeron estas palabras, y así me hizo temor, aunque por otra parte gran consuelo, que en quitándoseme el temor que -ami parecer- causó la novedad, me quedó.


Ello se ha cumplido bien, que nunca más yo he podido asentar en amistad ni tener consolación ni amor particular sino a personas que entiendo le tienen a Dios y le procuran servir, ni ha sido en mi mano, ni me hace el caso ser deudos ni amigos.” (Vida 24, 5-6.)


La santa queda “sanada” de los apegos a los cariños, a la necesidad de compañía de parientes o amistades. Recibe la gracia del amor sereno, fraterno, que se da y recibe en libertad, libertad de los hijos de Dios. En 1563 tiene la principal presencia del Espíritu Santo, no solo en el alma, sino con una visión corpórea (aquella en la que la presencia no solo se contempla con la imaginación o el intelecto, sino que se ve fuera de sí mismo):

Estaba un día, víspera del Espíritu Santo, después de misa. Fuime a una parte bien apartada, adonde yo rezaba muchas veces, y comencé a leer en un Cartujano esta fiesta. Y leyendo las señales que han de tener los que comienzan y aprovechan y los perfectos, para entender está con ellos el Espíritu Santo, leídos estos tres estados, parecióme, por la bondad de Dios, que no dejaba de estar conmigo, a lo que yo podía entender. Estándole alabando y acordándome de otra vez que lo había leído, que estaba bien falta de todo aquello, que lo veía yo muy bien, así como ahora entendía lo contrario de mí, y así conocí era merced grande la que el Señor me había hecho. Y así comencé a considerar el lugar que tenía en el infierno merecido por mis pecados, y daba muchos loores a Dios, porque no me parecía conocía mi alma según la veía trocada. Estando en esta consideración, diome un ímpetu grande, sin entender yo la ocasión. Parecía que el alma se me quería salir del cuerpo, porque no cabía en ella ni se hallaba capaz de esperar tanto bien. Era ímpetu tan excesivo, que no me podía valer y, a mi parecer, diferente de otras veces, ni entendía qué había el alma, ni qué quería, que tan alterada estaba. Arriméme, que aun sentada no podía estar, porque la fuerza natural me faltaba toda.


Estando en esto, veo sobre mi cabeza una paloma, bien diferente de las de acá, porque no tenía estas plumas, sino las alas de unas conchicas que echaban de sí gran resplandor. Era grande más que paloma. Paréceme que oía el ruido que hacía con las alas. Estaría aleando espacio de un avemaría. Ya el alma estaba de tal suerte, que, perdiéndose a sí de sí, la perdió de vista. Sosegóse el espíritu con tan buen huésped, que, según mi parecer, la merced tan maravillosa le debía de desasosegar y espantar; y como comenzó a gozarla, quitósele el miedo y comenzó la quietud con el gozo, quedando en arrobamiento.


Fue grandísima la gloria de este arrobamiento. Quedé lo más de la Pascua tan embobada y tonta, que no sabía qué me hacer, ni cómo cabía en mí tan gran favor y merced. No oía ni veía, a manerade decir, con gran gozo interior. Desde aquel día entendí quedar con grandísimo aprovechamiento en más subido amor de Dios y las virtudes muy más fortalecidas. Sea bendito y alabado por siempre, amén.” (Vida 38, 9-11.)


Santa Teresa.
Moguer, Huelva
Aunque al principio no lo entiende, le faltan las fuerzas, y parecerle que puede morir (el alma se me quería salir del cuerpo), la presencia visible del Espíritu en clásica forma de paloma la sosiega y comienza a disfrutar de la gracia. Sin miedo, sin prisa y aunque no la entienda aún, ya no le importa, pues la certeza de la presencia de “tan buen huésped”, la deja en paz, en esa paz que solo Dios puede dar al alma. Quietud, gozo, gloria, amor de Dios, fortaleza, etc., son entran entre los 12 clásicos frutos del Espíritu Santo en el alma. Toda una semana (lo más de la Pascua), la fiesta de Pentecostés y su Octava, tiene la santa con esa conciencia de haber sido invadida por Dios. Tan importante ha sido este episodio en su vida, que ha consagrado su iconografía: una paloma sobre la santa Madre, así como se ve sobre los grandes santos Doctores de la Iglesia, inspirándoles y alentándoles. Luego de este particular Pentecostés, la santa invocará al Espíritu Santo varias veces. Al escribir sus obras, por ejemplo, evidenciando docilidad a la gracia e inspiración de Dios:

Para comenzar a hablar de las cuartas moradas bien he menester lo que he hecho, que es encomendarme al Espíritu Santo y suplicarle de aquí adelante hable por mí, para decir algo de las que quedan de manera que lo entendáis; porque comienzan a ser cosas sobrenaturales, y es dificultosísimo de dar a entender, si Su Majestad no lo hace.” (Moradas. IV Moradas, 1.)

Plega a Él que acierte yo a declarar algo de cosas tan dificultosas; que si Su Majestad y el Espíritu Santo no menea lapluma, bien sé que será imposible. Y si no ha de ser para vuestro provecho, le suplico no acierte a decir nada; pues sabe Su Majestad que no es otro mi deseo, a cuanto puedo entender de mí, sino que sea alabado su nombre, y que nos esforcemos a servir a un Señor que así paga aún acá en la tierra.” (Las Moradas. V Moradas 4, 11.)



La santa, por su experiencia, entiende como esta presencia del Espíritu Santo es vital en la vida cristiana, adelantándose, tal vez, a su época. Es imprescindible que el alma se abra a la acción del Espíritu en la comunicación con Dios, el acrecentamiento de las virtudes, el discernimiento de la voluntad divina, etc. En todo:

Paréceme a mí que el Espíritu Santo debe ser medianero entre el alma y Dios y el que la mueve con tan ardientes deseos, que la hace encender en fuego soberano, que tan cerca está. ¡Oh Señor, qué son aquí las misericordias que usáis con el alma! Seáis bendito y alabado por siempre, que tan buen amador sois. ¡Oh Dios mío y criador mío! ¿Es posible que hay nadie que no os ame? ¡Oh, triste de mí, y cómo soy yo la que mucho tiempo no os amé, porque no merecí conoceros!” (Conceptos 5, 5.)


Sírvame esta breve introducción para entresacar de los textos de la Santa Madre, alusiones a los clásicos 7 dones del Espíritu Santo:


1. CONOCIMIENTO:

Paréceme ahora a mí que cuando una persona ha llegádola Dios a claro conocimiento de lo que es el mundo, y qué cosa es mundo, y que hay otro mundo, y la diferencia que hay de lo uno a lo otro, y que lo uno es eterno y lo otro soñado, o qué cosa es amar al Criador o a la criatura (esto visto por experiencia, que es otro negocio que sólo pensarlo y creerlo), o ver y probar qué se gana con lo uno y se pierde con lo otro, y qué cosa es Criador y qué cosa es criatura, y otras muchas cosas que el Señor enseña a quien se quiere dar a ser enseñado de él en la oración o a quien Su Majestad quiere, que aman muy diferentemente de los que no hemos llegado aquí.” (Camino de Perfección 6, 3.)




2. TEMOR DE DIOS:

Cuando yo veo una majestad tan grande disimulada en cosa tan poca como es la Hostia, es así que después acá a mí me admira sabiduría tan grande, y no sé cómo me da el Señor ánimo ni esfuerzo para llegarme a El; si El, que me ha hecho tan grandes mercedes y hace, no me le diese, ni sería posible poderlo disimular, ni dejar de decir a voces tan grandes maravillas. ¿Pues qué sentirá una miserable como yo, cargada de abominaciones y que con tan poco temor de Dios ha gastado su vida, de verse llegar a este Señor de tan gran majestad cuando quiere que mi alma le vea? ¿Cómo ha de juntar boca, que tantas palabras ha hablado contra el mismo Señor, a aquel cuerpo gloriosísimo, lleno de limpieza y de piedad? Que duele mucho más y aflige al alma, por no le haber servido, el amor que muestra aquel rostro de tanta hermosura con una ternura y afabilidad, que temor pone la majestad que ve en El.” (Vida 38, 21.)

3. FORTALEZA:

Entendamos bien, como ello es, que nos los da Dios sin ningún merecimiento nuestro, y agradezcámoslo a Su Majestad; porque si no conocemos que recibimos, no despertamos a amar. Y es cosa muy cierta que mientras más vemos estamos ricos, sobre conocer somos pobres, más aprovechamiento nos viene y aun más verdadera humildad. Lo demás es acobardar el ánimo a parecer que no es capaz de grandes bienes, si en comenzando el Señor a dárselos comienza él a atemorizarse con miedo de vanagloria. Creamos que quien nos da los bienes, nos dará gracia para que, en comenzando el demonio a tentarle en este caso, lo entienda, y fortaleza para resistir; digo, si andamos con llaneza delante de Dios, pretendiendo contentar sólo a El y no a los hombres.” (Vida 10, 4.)



4. CONSEJO:

¡Oh Señor mío, cómo sois Vos el amigo verdadero; y como poderoso, cuando queréis podéis, y nunca dejáis de querer si os quieren! ¡Alaben os todas las cosas, Señor del mundo! ¡Oh, quién diese voces por él, para decir cuán fiel sois a vuestros amigos! Todas las cosas faltan; Vos Señor de todas ellas, nunca faltáis. Poco es lo que dejáis padecer a quien os ama. (...) Fáltame todo, Señor mío; mas si Vos no me desamparáis, no os faltaré yo a Vos.


¡Oh, qué buen Dios! ¡Oh, qué buen Señor y qué poderoso! No sólo da el consejo, sino el remedio. Sus palabras son obras. ¡Oh, válgame Dios, y cómo fortalece la fe y se aumenta el amor!" (Vida 25, 18-18.)


5. ENTENDIMIENTO:

... antes que [Jesucristo] me lo dijese se imprimió en mi entendimiento que era El [en las visiones], y antes de esto me lo decía y no le veía. (...) [Aún] sin verse, se imprime con una noticia tan clara que no parece se puede dudar; que quiere el Señor esté tan esculpido en el entendimiento, que no se puede dudar más que lo que se ve, ni tanto. (...) Así es también en otra manera que Dios enseña el alma y la habla. (...) Es un lenguaje tan del cielo, que acá se puede mal dar a entender aunque más queramos decir, si el Señor por experiencia no lo enseña. Pone el Señor lo que quiere que el alma entienda, en lo muy interior del alma, y allí lo representa sin imagen ni forma de palabras. Y nótese mucho esta manera de hacer Dios que entienda el alma lo que El quiere y grandes verdades y misterios; porque muchas veces lo que entiendo cuando el Señor me declara alguna visión que quiere Su Majestad representarme es así, y paréceme que es adonde el demonio se puede entremeter menos.” (Vida 27, 5-6.)


6. PIEDAD:

Si os tuvieren por groseras, poco va en ello; si por hipócritas, menos. Ganaréis de aquí que no os vea sino quien se entendiere por esta lengua. Porque no lleva camino uno que no sabe algarabía, gustar de hablar mucho con quien no sabe otro lenguaje. Y así, ni os cansarán ni dañarán, que no sería poco daño comenzar a hablar nueva lengua, y todo el tiempo se os iría en eso. Y no podéis saber como yo, que lo he experimentado, el gran mal que es para el alma, porque por saber la una se le olvida la otra, y es un perpetuo desasosiego, del que en todas maneras habéis de huir. Porque lo que mucho conviene para este camino que comenzamos a tratar es paz y sosiego en el alma.


Si las que os trataren quisieren deprender vuestra lengua, ya que no es vuestro de enseñar, podéis decir las riquezas que se ganan en deprenderla. Y de esto no os canséis, sino con piedad y amor y oración porque le aproveche, para que, entendiendo la gran ganancia, vaya a buscar maestro que le enseñe; que no sería poca merced que os hiciese el Señor despertar a algún alma para este bien.” (Camino de Perfección 20, 5-6.)


7. SABIDURÍA:

¡Oh Emperador nuestro, sumo poder, suma bondad, la misma sabiduría, sin principio, sin fin, sin haber término en vuestras obras, son infinitas, sin poderse comprender, un piélago sin suelo de maravillas, una hermosura que tiene en sí todas las hermosuras, la misma fortaleza! ¡Oh, válgame Dios! ¡quién tuviera aquí junta toda la elocuencia de los mortales, y sabiduría para saber bien –como acá se puede saber, que todo es no saber nada, para este caso- dar a entender alguna de las muchas cosas que podemos considerar para conocer algo de quién es este Señor y bien nuestro." (Camino de Perfección 22, 6.)

Santa Afra, la de Brescia

Santa Afra de Brescia, esposa y mártir. 4 y 24 de mayo.


Martirio de la santa.
Según su leyenda, unida a la de Santos Faustino y Jovita (15 de febrero), Afra era una notable dama de la ciudad de Brescia, casada con Itálico, funcionario del emperador Adriano. Entre las funciones de su marido estaba la de localizar y juzgar a los cristianos, y de hecho fue el encargado de apresar, martirizar y condenar a muerte a Faustino y Jovita. Ambos santos fueron arrojados a los leones, que los respetaron, sin osar hacerles daño. 

Luego les soltaron cinco toros salvajes, ante lo cual, Afra se levantó, trazó la señal de la cruz y los toros se amansaron por milagro, yendo dócilmente a los pies de los santos. Hasta 3000 personas se convirtieron ante este prodigio. Requerida por su marido, Afra confesó que era cristiana desde tiempo, y era hija en la fe del obispo San Apolonio de Brescia (7 de julio), quien le había administrado el bautismo. Así pues, viendo esta confesión rotunda y pública, a Itálico no le quedó más remedio que obligar a su mujer a renegar de Cristo, lo que esta no hizo. Itálico mandó fuera martirizada aserrándola, junto a su esclava llamada Samaritana, que igualmente había confesado a Cristo. Mientras que unas versiones dicen que este tormento las mató, otras dicen que sobrevivieron y fueron decapitadas a las afueras de la ciudad. Su cuerpo fue abandonado y luego recogido por cristianos piadosos que lo enterraron.

En el siglo III una iglesia fue erigida en el lugar del martirio de los Santos Faustino y Jovita y dedicada a su memoria, pero en el siglo IX, que es cuando surge la leyenda de Afra y se redacta la “passio”, fue rebautizada y dedicada a la memoria de Santa Afra, luego de la traslación de las reliquias de los santos hermanos  a otro templo más grande. En realidad se trata de una mártir, o no, desconocida, a la que se unió con los reales Faustino y Jovita para darle importancia. Junto a ellos es venerada como patrona de la ciudad de Brescia. En ocasiones se le confunde con Santa Afra de Ausburg (5 de agosto).

sábado, 23 de mayo de 2015

San Guillermo de Rochester, mártir.


San Guillermo de Rochester, panadero mártir. 23 de mayo y 22 de abril (traslación de las reliquias).

Su culto consta desde el siglo XII, pues en 1160 el monje Thomas de Monmouth escribe la primera “vita” que se conoce, pero está claro que es anterior, pues las biografías, legendarias o no, suelen responder a la necesidad de conocer más sobre un santo al que ya se le venera lo suficiente.

Según esta, Guillermo era un panadero, hijo de panaderos, de la ciudad de Perth, quien de joven vivió una vida disoluta, alejado de las enseñanzas de sus padres. Por intercesión de la Santísima Virgen fue sanado de una grave enfermedad y se convirtió de su mala vida. Enmendado, tomó el negocio familiar, se casó y tuvo varios hijos. Era un hombre nuevo: oraba, iba a misa diariamente, socorría a los pobres, para los cuales separaba un pan de cada diez que cocía. Una mañana de invierno, al salir de misa, vio un bebé abandonado a las puertas de la iglesia, lo recogió, lo bautizó y lo adoptó como hijo propio. Aunque le llamó David, el niño creció con el apodo de Cockerman, o sea “expósito”. Lo educó como a sus propios hijos, sin distinciones de cariños ni exigencias, pero le salió mal. David Cockerman no se sentía igual, y tenía envidia de los hijos carnales de sus padres, aunque lo callaba.

Pasaron los años y libre de la carga del trabajo, Guillermo quiso hacer una peregrinación a Jerusalén, eligiendo a su hijo adoptivo para que le acompañase a visitar los Santos Lugares. No avanzaron mucho. Al llegar a Rochester, camino de Canterbury David temió que el viaje menguara demasiado los dineros que llevaba su padre, así que guió a este a una callejuela apartada y allí le abrió la cabeza con un hacha, le abrió la garganta con un cuchillo y le robó la bolsa, las ropas y huyó a Escocia.

El cuerpo fue descubierto por una mendiga loca, que conmovida, trenzó una guirnalda de madreselvas, la colocó primero en la cabeza del cadáver y luego la suya, quedando de pronto sana. Contó lo sucedido y viendo los que la conocían su curación, corrieron a ver el cadáver, al que hallaron resplandeciente. Avisaron al clero y este, preventivamente, llevaron el cuerpo a la catedral, verificándose varios milagros en el traslado, por lo que los monjes decidieron enterrarlo allí mismo. Enterados de quien era, la viuda y los hijos decidieron perdonar al agresor, del que nunca más se supo, y constatando la devoción que el pueblo comenzaba a tener a su pariente mártir, no reclamaron el cuerpo, sino que lo dejaron en la catedral de Rochester.

En 1266 Lorenzo de San Martín, obispo de Rochester, pidió y obtuvo, la canonización del santo al que todos llamaban mártir. Alejandro IV la concedió. El 22 de abril de ese año se elevaron las reliquias y se trasladaron al crucero de la catedral, a un bello sepulcro. Sus reliquias llegaron a ser tan veneradas como las de santo Tomás Becket en Canterbury, el sitio de peregrinación inglés por excelencia. Como memoria de la canonización, se construyó una ermita en el sitio del asesinato. En el siglo XIV se amplió y se añadió un hospital para los peregrinos que la visitaban. Varios papas y prelados enriquecieron la devoción con diversas indulgencias y perdones. Reyes y nobles se encomendaban al mártir y dotaron de prebendas y beneficios su culto. En el siglo XVI fue proclamado santo patrón de Perth. Es abogado de los niños adoptados, de los panaderos, los locos y los peregrinos.

Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"The history and antiquities of Rochester". SAMUEL DENNE y WILLIAM SHRUBSOLE. Londres 1772.