miércoles, 23 de julio de 2014

Melchor, Gaspar, Baltazar... y Colonia

Los magos contemplan la Estrella,
con un bello Niño en medio.
Rogier van der Weyden. Siglo XV
Pregunta: Quisiera saber sobre la autenticidad de las reliquias de los reyes magos en Colonia. Quisiera saber algo más de su historia, como llegaron allí, porque el Papa las veneró en 2005. Gracias. España.

Respuesta: Sobre la autenticidad de estas reliquias tengo que decirte que hay una gran probabilidad de que sean más falsas que un billete con mi cara, pero lo veremos al final, primero vamos a ellos:

Santos Melchor, Gaspar y Baltazar, Reyes Magos. 1, 6, 11 (Baltazar) y 12 de enero; y 23 de julio (traslación a Colonia) Prescindo aquí de todo el sentido bíblico, simbólico, así como la evolución iconográfica de estos personajes que aparecen en el evangelio de Mateo con la finalidad de demostrar a los judíos que Cristo es el Mesías prometido, pretendiendo contar hechos que son avalados, por el mismo evangelista, con profecías o hechos del Antiguo Testamento. Y prescindo porque otros lo han hecho, y mejor que yo. Pues a partir del Evangelio surgen estas personas que ni son reyes, ni son tres, ni son magos. Se les llama así por el salmo, leído aún en la liturgia de la Epifanía: "Reges Tharsis et insulae munera offerent, reges Arabum et Saba dona adducent, et adorabunt eum omnes reges terrae, onmes gentes servient ei". De aquí, a considerarlos de sangre real hubo un paso.

Desde el siglo III los Santos Padres comienzan a comentar este episodio, con bellas frases, analogías teológicas y simbolismos. Es en el siglo V, cuando San Casiano de Arlés (29 de febrero) los nombra, por primera vez, como reyes. La cantidad ha variado mucho en el tiempo, se ha hablado (y representado) como tres, cuatro, seis, ocho… pero prevaleció el tres, número simbólico bíblico y por los tres “regalos” que ofrecieron. Aunque los Santos Padres se explayaron en explicaciones sobre la estrella, de donde venían los “magos”, como y cuando llegaron… etc., ninguno se atrevió a ponerles nombres, eran conscientes de que sería un invento demasiado grande.

Ya en el siglo VI, en Oriente, comienzan los añadidos más increíbles, como el que los dones llevados por los magos, habrían sido escondidos en una caverna por el mismo Adán (29 de julio), y trasmitido a sus descendientes, hasta que apareciera el signo de la estrella… aparecen los primeros nombres: Hormid, Jazdegard y Peroz. Serían bautizados por el apóstol Santo Tomás (21 de diciembre y 3 de julio, traslación de las reliquias). En Occidente, los tres nombres que permanecen hasta hoy, aparecen en el siglo IX. Aún abundan otras fantasías, como que fueron consagrados obispos.

Las reliquias de Colonia.
Reinaldo de Dassel traslada los tres ataúdes
de Milán a Colonia. Arte moderno.
Marco Polo, en el siglo XIII, dice ver las tumbas en Senwa, Persia, su ciudad natal y desde donde habrían salido para Belén. Incluso dice que los tres cadáveres estaban incorruptos, con pelo y barba. Pero, sin embargo, la tradición occidental señala que los tres cuerpos estuvieron primero en Milán y después en Colonia. A saber… En Occidente, a partir del siglo XII se empezó a hablar de manera difusa del traslado de Milán a Colonia. Una leyenda del siglo XI afirmaba que el obispo San Eustorgio de Milán (18 de septiembre) las había obtenido en el siglo IV del emperador de Constantinopla, lugar adonde habrían sido llevadas por Santa Elena (21 de mayo, con San Constantino), 13 y 18 de agosto), que las había obtenido en Oriente, cambiándolas por reliquias de Santo Tomás. Pero hasta ahora en Constantinopla no hay ni un solo vestigio de culto a estos personajes, cosa rara, siendo tan importantes.

En Milán fueron puestas en una Basílica dedicada a ellos, hoy perdida. En el año 1162, Federico Barbaroja conquistó Milán y siguiendo los consejos del obispo-canciller Reinaldo de Dassel, se las llevó a Colonia, Alemania, donde llegaron un día como hoy, 23 de abril de 1164, hace 850 años. El relicario que hoy vemos es una maravilla en oro, plata y piedras preciosas, que tardó 40 años en construirse. Y una vez las reliquias dentro e instalado, se concluyó que era necesaria una nueva catedral, digna de tan maravilloso relicario y reliquas. Y ya sabemos la maravilla que construyeron, joya del arte gótico.

Relicario de Colonia.
En 1247, Inocencio IV concedió indulgencias a los que fueran a venerarlas. Ante todo esto, ni siquiera hay certeza de la existencia real de estos personajes, como para que también sus reliquias hayan permanecido en el tiempo, pasando por tantos avatares. Mi opinión (que tampoco es que importe mucho) es que en el siglo XII Barbarroja se apareció en Colonia con aquellos cuerpos y encargó a Juan de Hissendeim que contara todas estas “tradiciones” y traslados Oriente-Constantinopla-Milán-Colonia.


En 1854, luego de muchas reticencias, la curiosidad pudo más que la reserva, y las autoridades eclesiásticas permitieron un estudio somero de las reliquia. el relicario fue abierto, y restaurado, y en su interior se hallaron tres osamentas de tres varones: dos hombres entre los 30 y los 50 años, y un niño entre los 12 y los 14. En 1979 se permitió un nuevo reconocimiento, esta vez de las telas brocadas que cubrían los cuerpos, y resultó que eran manufactura de entre los siglos II y III de Cristo, y de origen oriental.

Benedicto XVI las veneró en su visita a Colonia en 2005, pero esto no significa un reconocimiento oficial de la Iglesia a dichas reliquias. El papa simplemente cumplió una devoción que no implica reconocimiento, ni obliga a los demás a imitarla.

sábado, 19 de julio de 2014

Santa Macrina, la abuela y la nieta

Pregunta: Quisiera saber más de santa Macrina, y su imagen, si existe. Gracias. México.

Respuesta: Sí que existe, imágenes y santas. Y no una, sino dos, que son abuela y nieta. Para diferenciarlas se les llaman "Macrina, la anciana" y "Macrina la Joven":


Santa Macrina la Anciana y su parentela.
Santa Macrina la anciana, viuda. 14 de enero y 30 de mayo.
Poco se sabe de su vida, salvo lo que sus nietos escribieron y el elogio que le dedica San Gregorio Nacianceno (2 de enero) en su vida de San Basilio Magno. Fue mujer de San Basilio (también 14 de enero), y madre de San Basilio el Teólogo, obispo, quien estaba casado con Santa Emmelia, diaconisa (ambos el 30 de mayo). Por tanto, abuela de los santos Macrina la Joven (ver más abajo), San Basilio Magno (2 de enero y 14 de junio), San Gregorio de Nisa (9 de marzo) y San Pedro de Sebaste (9 de enero). Se cree que su familia fue convertida al cristianismo por el gran San Gregorio Taumaturgo (17 de noviembre) apóstol de Neocesarea. Las crónicas, piadosas, dicen que cuando este llegó a la región, solo había 17 cristianos y al morir, sólo 17 paganos. (1)

Macrina se casó muy joven con Basilio, devoto cristiano y también considerado santo. Fueron devotos y caritativos con los pobres. Ambos pagaron pronto el precio de ser cristianos, pues padecieron bajo el emperador Diocleciano, por lo que huyeron a las colinas del Ponto, junto al Mar Negro, donde vivieron en absoluta pobreza, al ser confiscados todos y muchos bienes. Allí dos cabras bajaron de lo alto de los montes y se ofrecieron para ser compañía y servirles alimento (me gustaría suponer que no se las comieron, sino que aprovecharon la leche). Cuando terminó la persecusión, siete años después, regresaron a casa, donde fueron recibidos con alegría, y considerados confesores de la fe. Su hijo Basilio el Teólogo nació en la persecusión, y Macrina fue su ejemplo de firmeza en la fe. Ejemplo que luego de la paz, lograda con el Emperador Constantino (21 de mayo), se extendió a toda la familia. Su hijo Basilio y Emmelia tuvieron diez hijos, de los que ya vimos que cuatro son considerados santos. Macrina influyó notablemente en la formación de sus nietos mayores, especialmente en Basilio y Macrina (la joven). Les enseñó la piedad, la caridad y el ardor de la fe. Y lo dice el mismo Basilio en el panegírico que le dedicó a su abuela. Santa Macrina sobrevivió a su marido, aunque no consta el año de la muerte de este. Ella murió en el 340.





Santa Macrina la joven
con sus hermanos
Santa Macrina la Joven, virgen. 19 de julio.
Fue la hija mayor de Santos Basilio y Emelia. Educada en la piedad cristiana por sus padres, desde niña fue ejemplo y modelo. Al morir su padre (que había arreglado un matrimonio ventajoso para ella), hizo voto de virginidad y junto a su madre se dedicó a educar a sus hermanos que, como dijimos arriba, fueron los santos Basilio Magno, Pedro de Sebaste y Gregorio de Nisa. Además, se ejercitó en la oración, la penitencia y la meditación de la Palabra, convirtiendo su vida en casi monástica en medio del mundo. Junto a su madre, fundó un monasterio femenino en su propia casa del Ponto, para el cual su hermano Basilio escribió la regla que debían seguir las vírgenes. Destacó esta regla en la penitencia y, cosa que el monacato femenino perdió con el tiempo, el estudio, meditación y aplicación de la Palabra de Dios. Establecieron horarios de oración, especialmente oración litúrgica de los salmos y cánticos tradicionales. Como ya hemos hablado en otras ocasiones, esta vida monástica era considerada seguidora de la "instaurada" por el profeta San Elías, por lo que en crónicas, santorales y escritos hagiográficos aparece como carmelita. Y hay que entenderlo según el sentido que ya explicamos en la entrada sobre Santa Sara de Egipto (13 de julio).

Ocurrió que Macrina fue afectada durante mucho tiempo por una llaga gangrenosa que llevó en silencio y humildad durante mucho tiempo, hasta ser curada milagrosamente cuando Emmelia, su madre, trazó la señal de la cruz sobre dicha llaga. Sanó y solo quedó como testimonio un pequeño punto negro. Luego de la muerte de su madre, Macrina repartió todos sus bienes entre los pobres y junto a sus monjas comenzó a vivir del trabajo de sus manos, siguiendo la norma extendida en otros monasterios y seguida sabiamente por los eremitas. Basilio murió en 379 y Macrina enfermó gravemente a finales de ese mismo año. Avisado su hermano Pedro de Sebaste, fue a visitarla y la halló agoizante de fiebres, consumida y tendida humildemente sobre tablas. Ella le recibió con alegría y él le consoló predicándole sobre el amor de Dios, los premios de la vida Eterna. Así, luego de hacer la señal de la cruz, falleció plácidamente. 


Era tal la pobreza del monasterio, que no se halló nada para cubrir el cadáver, aparte del mismo velo de Macrina, pero su hermano Gregorio, presente en el entierro, le puso su propia capa episcopal y su propia cruz, en la que había una partícula de la Vera Cruz. El sepelio fue solemne, con varios obispos, monjes y monjas. Fue enterrada en la Iglesia de los Santos Cuarenta Mártires de Sebaste (9 de marzo), en la misma tumba de su madre. Venerada por todas las Iglesias, su memoria es muy estimada por los orientales, que la consideran casi una madre del monacato femenino. Lo más extenso que de su vida se tiene por seguro es la vida que escribió su hermano Gregorio y el sermón de su funeral, que también se conserva.




(1) Basilio parece confirmar esto, al decir que su abuela guardaba celosamente las enseñanzas y escritos de Gregorio el Taumaturgo; los cuales leía asiduamente a sus nietos.

viernes, 18 de julio de 2014

Beato Roberto de Salentino

Pregunta: Hola, por favor necesito me provean de informacion de Beato Roberto da Salle, mi abuela me regalo un cuadro de el que tiene mas de 150 años, pero no encuentro nada de este santo. Agradezco informacion que me puedan suministrar. Argentina.

Respuesta: Aquí te doy todo lo que del Beato Roberto tengo:

Beato Roberto da Salle (o de Salento). 18 de julio y 19 de mayo (en Morrone).
Nació en 1273 y era originario de la aldea de Salento o La Salle, sus padres se llamaban Tomás y Bienvenida. Al bautizarlo, como si de una premonición se tratara, le llamaron “Santuccio”, digamos “santito”. Desde muy niño demostró el santo que llevaba dentro, era piadoso, caritativo, amable. A los 7 años un vecino de su hermana la ofendió y, ante la petición de venganza de esta, el domingo siguiente, en la misa, Santuccio recibió (de manera extraordinaria) la paz de manos del sacerdote, gesto que tomó como un signo de Dios y corrió a ofrecésela al ofensor, que pidió perdón, solucionando el problema en paz.


Adolescente aún, a los 16 años, tuvo clara su vocación religiosa al eremitismo y la soledad. Por ello pidió permiso a sus padres y se fue con el monje Pedro Angeleri de Isernia, que había fundado un eremitorio en Morrone, siguiendo la regla de San Benito. A la regla le añadió Pedro, algunas prácticas penitenciales propias, como las 100 postraciones de día y 100 de noche, las 3 cuaresmas (la ordinaria, la de Adviento y por la Asunción), confesión pública de los pecados, vestir el cilicio constantemente, y otras más. Pero Roberto no temió estas normas y en 1294 era el discípulo predilecto de Pedro, por su amor al silencio, la penitencia y la oración. Ese mismo año Pedro fue llamado nada menos que al solio pontificio. Fue elegido Papa en un momento muy duro para la Iglesia, hacía dos años no había papa y las familias Orsini y Colonna dominaban a los cardenales, al Vaticano. Eligieron un papa anciano (tenía 84 años) y santo, humilde y ajeno a las intrigas, los placeres y protocolos, que no hiciera nada, pero que diera tiempo a preparar su sucesión.

Roberto, que era ya su nombre de religioso aunque Pedro seguía llamándole "Santuccio" de cariño, se negó rotundamente a seguirle cuando Pedro quiso llevarle consigo, nombrándolo cardenal (su iconografía le pone con un capelo cardenalicio a los pies), y se trasladó a Roccamorice, donde continuó sus prácticas de penitencia y oración. La verdad es que la "operación papa" salió regular, porque si en verdad calmó la situación, Pedro no hizo mucho como papa, solo eso, ser una transición. Tomó el nombre de Celestino V, se retiró Nápoles y se hizo una cabaña en el palacio adjudicado, donde siguió viviendo como un eremita más. Así 5 meses, hasta abdicar (caso único hasta Benedicto XVI) del papado.

Imagen que se venera en Salentino.
Al quedar libre del papado regresó a la montaña, y Roberto fue junto a él. Pero la alegría les duró poco. Bonifacio VIII, su sucesor, temiendo un cisma lo apresó y lo mantuvo encerrado hasta morir en 1296 (Clemente V lo canonizó en 1313 y su memoria es el 19 de mayo.). Ese mismo día se le apareció a Roberto, por lo que el santo supo la noticia de su muerte días antes que se lo comunicaran. Roberto volvió a San Jorge de Roccamorice, donde recibió el sacerdocio a los 25 años (aunque la regla lo prohibía antes de los 31). Durante doce años vivió totalmente como eremita, sin salir de su celda para nada hasta ser nombrado procurador del monasterio del Espíritu Santo de Roccamontepiano. Luego fundó el de Santa Cruz, otro más en Gessopalena y en 1321 regresó a Roccamontepiano hasta 1327, que fue nombrado General de la Congregación Celestina (ya se le llamaban así). Fundó más monasterios y algún hospital para peregrinos.

Ya en vida era tenido por santo por su caridad y humildad. Muchos se hicieron monjes atraídos por su santidad. En el orden místico tuvo signos de Dios, consuelos en su oración. Algunos éxtasis y visiones fueron presenciados por monjes. Sanó a una niña lisiada mientras celebraba la misa para ella, resucitó a un monje que había muerto en pecado mortal, este se confesó y entró al cielo. En una ocasión sanó a uno de los hermanos de la lepra con solo besar y hacer la señal de la cruz a las heridas. Pero padeció lo suyo, pues fue acusado por el obispo de Chieti de abusar de las donaciones que le hacían y de aprovecharse de la fe de las gentes para enriquecerse. 

Roberto murió en 1341, el 18 de julio, luego de 52 años de vida religiosa. Luego de su muerte, su tumba fue meta de peregrinaciones debido a los muchos milagros que allí ocurrieron. En 1342 las reliquias se trasladaron a Sulmona. Otras reliquias se trasladaron a su parroquia natal de La Salle, donde se bendice a los fieles con su brazo el día de su festividad. Se le invoca contra las llagas, las úlceras de la piel y la parálisis.

domingo, 13 de julio de 2014

Santa Sara del Monte Carmelo

San Elías y sus discípulos.
Speculum Carmelitanum
Pregunta: viendo unas paginas me tope con esta particular santa llamada sara, pense que era la famosa santa del antiguo testamento esposa de abrahan tambien llamada asi, o la venerada por los gitanos santa sara kali, pero viendo su estampa dice Abadesa y fundadora del monasterio de la Santísima Maria Virgen del Monte Carmelo fallecida en el año 432, no sabia que existia una santa del carmelo pense que la carmelita mas antigua era Juana de Tolosa y Angela de Bohemia, Aqui te envio la imagen de la santa. de verdad existio? o es nombrada en algunos santorales carmelitas? la santa es muy antigua, como se que conoces mucho sobre santos y beatos carmelitas te envie esta imagen para la coleccion, muchos saludos desde Venezuela.

Respuesta: Ante todo, muchas gracias por la imagen, no la tenía y me viene de perlas. Ahora, sobre los santos antiguos "carmelitas". Es algo que ya he tratado varias veces en el blog, sobre como la Orden del Carmen, asumiendo su nacimiento junto a la fuente de San Elías (20 de julio, 12 de enero, en la Iglesia Oriental, la ascensión al Paraíso; y 20 de junio, traslación de reliquias a la iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla), se consideró hija directa de este. Y la explicación estaba clara:

1. La Biblia afirma que Elías tenía un grupo de discípulos.
2. El monacato nace en Oriente y Elías, Eliseo y Juan Bautista son los principales modelos a seguir.
3. Los carmelitas, nacidos en el santo Monte Carmelo, junto a la fuente de Elías, son continuadores de ese llamado "orden eliano".
4. Por tanto, todos los santos monjes y profetas y santas monjas y profetisas son "carmelitas", entendiéndose carmelitas en el sentido de hijos de Elías, desde el Antiguo Testamento, los tiempos apostólicos hasta la Regla de San Alberto. Para entendernos, no es que los antiguos fueran carmelitas como los actuales, sino que los actuales serían carmelitas como los antiguos.

Pero ¿fue esta idea un invento sin más de la Orden de Carmen? ¿Sólo los carmelitas afirmaban un origen directo desde San Elías y San Eliseo? Pues no. Está claro que fueron los primeros interesados y los que más armaron la historia, pero no los únicos, sino que otros escritores espirituales igualmente afirmaban la realidad de esta cadena eliana. Tal vez el texto más conocido sea el de la obra "Laudibus Carmelitarum" del abad benedictino Dom Tritemio, gran amante y defensor de la Orden carmelita y que ya hemos citado aquí:
"Los abundantísimos frutos y el suavísimo olor que en toda la Iglesia de Jesucristo se percibe, exhalado del vergel hermoso del órden carmelítico, de tal modo están marcados en las historias antiguas y contemporáneas, que creemos con sobrada razón nadie puede estar de ellos desapercibido, por poco que las haya saludado. Y no es que hagamos mérito aquí de tantos miles de hijos que el Carmelo tenía en el seno de Abraham, cuando descendió allí el alma santísima de Cristo, los que habían brillado en virtud y santidad en los días de la ley escrita en todos aquellos montes y desiertos bañados por las corrientes del Jordán. Solo de los que como el sol han resplandecido en el reino del Padre celestial desde la fundación de la Iglesia e instalación de la ley de gracia, hacemos aquí mención. ¿Quién capaz será de contar los infinitos santos que ha dado al cielo ese orden siempre magnífico, siempre grande, siempre santo? Al guarismo y a la contabilidad misma exceden, y para decirlo de una vez, necesario fuese el poder reducir á expresión las estrellas del cielo, para poder decir cuantos son los santos que ha producido el Carmelo". (Glorias del Carmelo, Gloria LVII)

Otros autores, mucho antes que nacieran los carmelitas como tal en el siglo XII, se hacen eco de esta "línea monástica" eliana, como San Ambrosio, citado en "Glorias del Carmelo":
"Más colmada y admirable es la gracia que dejó Elias sobre la tierra al despedirse, que la que se llevó a los cielos. Para mayor seguridad siendo arrebatado por los aires con el cuerpo, quedóse trasfundiendo en el suelo su espíritu y una doble virtud y santidad en su hijo Eliseo."  
"Así eran estos santos varones Elías, Eliseo y Juan [Bautista] de Isabel, quienes vestidos de pieles de cabra, desnudos, oprimidos por angustias y sufrimientos, vivieron en los desiertos, en el corazón de las altas montañas, separados de los hombres, en inaccesibles grutas sombrías, en cavernas y profundas cuevas".

O San Juan Crisóstomo:
"Lo mismo Elías que todos sus hijos nada más han poseído en el mundo que la 'melota' o mugriento manto de pieles de ovejas y cabras." (De Providentia, libro 3)


Juan Silvano en su famoso libro "De Institutionis monacharum", libro leído y vivido por los carmelitas hasta adentrado el siglo XVI, conocido por Santa Teresa y San Juan de la Cruz, fuente y "prueba" de la continuidad del orden eliano en los carmelitas, dice así, refiriéndose a los ascetas del Antiguo Testamento:  
"Los elianos, en tanto fueron verdaderamente cristianos, en cuanto así Elías como todos sus hijos en aquella dilatada serie de siglos que precedieron la Encarnacion, tuvieron la fe más firme en Cristo. Y tan firme era esta su fe, que esperaron siempre alcanzar por él la salud de sus almas. Las vivas ansias de conseguir esta salud y felicidad eterna les obligó a huir del mundo: por ella vivieron en medio de la más extremada pobreza, vestidos de pieles de cabras y de ovejas, retirados en miserables grutas y antros del desierto, y entregados a la mas rígida penitencia; y renunciándose a sí mismos, ofrecieron sus cuerpos y sus almas al servicio de Dios." (De Instit. monach. cap. 28)

San Elías capitán de los religiosos
contra las herejías.
Speculum Carmelitanum
Otros recogen esta tradición anterior de unificar los elianos, los esenios y los primeros eremitas y cenobitas, provenientes todos de la figura de San Elías:

El P. Gabriel Hernández en el prólogo a "Hortus Filosificus":
"¿qué otra cosa son los esenos en la Iglesia de Jesucristo, sino unos célebres y amañados cultivadores del jardin eliano o del Monte Carmelo, del cual brotan los frondosos árboles de los otros órdenes religiosos trasplantados en las tierras todas del orbe entero? Y con efecto, estos árboles fértiles y frondosos, o sea los institutos monásticos, prodigiosamente multiplicados para bien y ventura del pueblo escogido, nacidos han todos de una sola raíz y de un solo tronco, cuya variedad de flores de virtudes que desplegan a la vez llenan el mundo de suave olor, dando los frutos más dulces y salutíferos para las almas. Este es el huerto de los huertos o de las religiones, plantado en el Carmelo y regado de la perenne y prodigiosa fuente de Elias, que es sin duda la fuente de los huertos, y del poderosísimo y siempre eficaz patrocinio de María, figurado por aquella nubecilla de que se hace mencion el libro III de los Reyes, como lo afirma Sixto IV en su Bula Dum Attenta."

Ya vendrían a confirmar los famosos Manuscritos de Qumram la existencia de un monacato profético veterotestamentario. Principalmente los textos "Reglas de la Comunidad", "Regla de la Congregación de los habitantes del desierto de Judá", o los llamados "Documentos de Damasco".

El P. Ildefonso de Flores, experto en Sagrada Escritura, dirá:
"Viendo que de los remotísimos tiempos de los profetas, especialmente de la institución de Elías, trae su origen este orden, conservando sin el menor claro su hereditaria sucesión, y tan legítima, que ha merecido ser apoyada y defendida por la suprema autoridad de siete soberanos Pontífices (...) hubiera creido faltar a un deber de justicia y a la pura verdad el intentar solamente detraer algo, por menguado que fuese, de su tan autorizada antigüedad. Me confirmo cada vez más en que el Espíritu santo en el Ecclesiástico simbolizó el honor de primacía del órden carmelítico por el monte Galaad. Y esto tanto más lo doy por cierto, cuanto Jeremías llama a este monte la cabeza del Líbano, por estas palabras: 'Galaad, tú eres para mí la cabeza del Líbano'. Luego, así debo concluir, por aquel monte proclamado por el profeta principio y cabeza del Líbano, debe reconocerse simbolizada aquella religiosísima familia que en el orden de antigüedad o de tiempo es la cabeza y como el principio y origen de todas las demás." (Glorias del Carmelo, Gloria L)

Y basta ya, que solo se trataba de una muestra de autores ajenos a la Orden del Carmen, y ahora vamos a quien nos interesa:

Santa Sara, abadesa.
Santa Sara de Egipto, abadesa. 13 de julio.
Pocas referencias poseo de ella. Una nos la da "Flores del Carmelo", que, claro, la obtiene de la antigua obra que ya mencionamos "De Institutionis monacharum". En esta obra se nos dice que era abadesa del monasterio "carmelita" de Santa María de Jerusalén, del que se tiene constancia de su existencia, de donde salió para Egipto para ser la primera abadesa del monasterio que fundara en 432 San Cirilo de Alejandría (27 de junio) a la vera del río Nilo, por mandato de la Virgen María, luego del Gran Concilio de Éfeso. Y ya corrijo algo que dices en la pregunta: el 432 que aparece, no es la muerte de Sara, sino la fecha de la fundación del monasterio. 

Se nos dice que era tanta su mortificación de los sentidos, que jamás se miró en el río, ni siquiera se asomó a mirar las crecidas durante los casi 70 años que vivió en el monasterio, aunque su celda daba sobre el río.

Más datos da "Dilucidario y demostracion de las crónicas y antiguedad del sacro orden de la Siempre Virgen Madre Dios, Santa María del Monte Carmelo", que coincide con lo dicho anteriormente, añadiendo que la sucedió Santa Romana (9 de junio). Durante trece años había padecido Sara fuertes tentaciones contra la pureza, que sufrió pacientemente, confiada en Cristo. Al cabo de esos años, se le apareció el mismo Satanás, diciéndole "Oh, Sara, como has sido más poderosa que yo, pues me has vencido", a lo que la santa respondió "No te vencí yo, sino mi Señor Jesucristo", con lo que el diablo la dejó en paz, pudiendo desde entonces vivir con el alma en tranquilidad nuestra santa. 

Fue la abadesa que recibió a Santa Eufrasia (13 de marzo) en el monasterio y que tanto la probó con el cargamento de piedras, que ya narramos en la vida de Eufrasia. Con respecto a ella, tuvo una visión en la que dos monjes le pedían a Eufrasia para llevarla con ellos, y aunque ella se negaba, los monjes la tomaban, llevándola al paraíso, donde Cristo la desposaba. Entendió Sara que pronto Dios tomaría a Eufrasia para siempre. Luego de unos días se lo dijo, contándole el gran premio que le esperaba. Murió Eufrasia y a los pocos días Santa Julia (17 de marzo), que había querido seguir a su hermana de hábito. A los 30 años de la muerte de Eufrasia, sintiéndose Sara morir, tuvo la inspiración que aquella la llamaba al cielo. Murió, y fue enterrada junto a Eufrasia y Julia.

Aunque aparece mencionada en relaciones y crónicas ejemplares, nunca tuvo culto en la Orden, ni ha sido especialmente representada en la iconografía carmelitana, así que podemos decir que este grabado del XVII, perteneciente a una serie de fundadoras de monasterios, es una rareza.

domingo, 29 de junio de 2014

San Pedro y San Pablo en los escritos de Santa Teresa

Que los santos fueron de gran ayuda, como modelo e intercesores para nuestra Madre Santa Teresa es algo de muchos sabido. La Madre de Dios y San José, en primer lugar, luego los santos pecadores, que lo era ella también, a su decir, para identificarse con ellos. Los santos, en su dimensión de cristianos abiertos a la acción y la voluntad de Dios, cumplidores del Evangelio y auxilio de los queen esta tierra peregrinamos, tienen presencia constante en los escritos de Santa Teresa. Hoy me fijaré en dos, por ser día de su solemnidad: San Pedro y San Pablo, apóstoles y columnas de la Iglesia. Ambos son para santa Teresa santos con "determinada determinación", en medio de sus caídas y pecados. Elegidos ambos por Cristo para ser luces en la Iglesia, como la misma Teresa. Por ello se sirve del ejemplo de ambos, de sus escritos que se ve conoce, para escribir su doctrina, hallar consuelo y tomarlos como protectores e intercesores. Veamos unas pinceladas sobre ambos en los escritos de la Santa:

SAN PEDRO

Crucifixión de San Pedro. Icono.
Siglo XVIII
1. "Determinada determinación" a lanzarse a los brazos de Cristo, en los tiempos de sus inicios en la oración, guiados por algún director espiritual de alto vuelo. Determinados, pero serenos: 
"Pensaba muchas veces que no había perdido nada San Pedro en arrojarse en la mar, aunque después temió. Estas primeras determinaciones son gran cosa, aunque en este primer estado es menester irse más deteniendo y atados a la discreción y parecer de maestro; mas han de mirar que sea tal, que no los enseñe a ser sapos, ni que se contente con que se muestre el alma a sólo cazar lagartijas. ¡Siempre la humildad delante, para entender que no han de venir estas fuerzas de las nuestras!" (Vida 13, 3).

2. Gratuidad en la entrega, pues por grande e importante que sea lo que dejemos por Dios, si bien es un acto meritorio, no hay que pensar que ya se tiene a Dios, ni mucho menos ha de corresponder este. Gratuidad, repito:
"Parecernos ha que las que tenemos hábito de religión y le tomamos de nuestra voluntad y dejamos todas las cosas del mundo y lo que teníamos por El (aunque sea las redes de San Pedro, que harto le parece que da quien da lo que tiene), que ya está todo hecho. Harto buena disposición es, (...) que no hay duda sino que si persevera en esta desnudez y dejamiento de todo, que alcanzará lo que pretende. Mas ha de ser con condición que se tenga por siervo sin provecho (...) y crea que no ha obligado a Nuestro Señor para que le haga semejantes mercedes; antes, como quien más ha recibido, queda más adeudado." (3 Moradas 1, 13).

3. Una vez adentrados en la relación con Dios, atormentan los pecados de la vida pasada, duele el haber ofendido al Dios que, se compueba en la unión íntima, tantas gracias nos dio y da. No es un dolor estéril: forma parte del proceso de purgación del alma:
"Yo no tendría por seguro, por favorecida que un alma esté de Dios, que se olvidase de que en algún tiempo se vio en miserable estado; porque, aunque es cosa penosa, aprovecha para muchas. (...) Para esta pena ningún alivio es pensar que tiene nuestro Señor ya perdonados los pecados y olvidados; antes añade a la pena ver tanta bondad y que se hacen mercedes a quien no merecía sino infierno. Yo pienso que fue éste un gran martirio en San Pedro y la Magdalena; porque, como tenían el amor tan crecido y habían recibido tantas mercedes y tenían entendida la grandeza y majestad de Dios, sería harto recio de sufrir, y con muy tierno sentimiento." (6 Moradas 7, 4).

4. Consuelo en los trabajos. No garantiza la cercanía con Cristo la ausencia de penas, sino antes bien estos se acrecientan y sólo en Él se pueden llevar. Aún son gracia si de su mano vienen. Aquí se puede recordar aquella florecilla de la santa, en la que quejándose al Señor por los trabajos padecidos y sabiendo de Él que así trataba a sus amigos, respondióle la Santa: 'por eso tienes tan pocos':
"Siempre hemos visto que los que más cercanos anduvieron a Cristo nuestro Señor fueron los de mayores trabajos: miremos los que pasó su gloriosa Madre y los gloriosos apóstoles. (...) Gusto yo mucho de San Pedro cuando iba huyendo de la cárcel y le apareció nuestro Señor y le dijo que iba a Roma a ser crucificado otra vez. Ninguna rezamos esta fiesta adonde esto está, que no me es particular consuelo. ¿Cómo quedó San Pedro de esta merced del Señor, o qué hizo? Irse luego a la muerte; y no es poca misericordia del Señor hallar quien se la dé." (7 Moradas 4, 5).

SAN PABLO

San Pablo en la cárcel.
1. Confianza en Cristo. Cuando mora Cristo en el alma, todo viene de él, y a él todo se dirige. Asustan los pecados, pero más fuerte es esta pertenencia a Cristo y su presencia en el alma:
"¡Quién dijera que había tan presto de caer, después de tantos regalos de Dios, después de haber comenzado Su Majestad a darme virtudes, que ellas mismas me despertaban a servirle, después de haberme visto casi muerta y en tan gran peligro de ir condenada, después de haberme resucitado alma y cuerpo, que todos los que me vieron se espantaban de verme viva! ¡Qué es esto, Señor mío! ¿En tan peligrosa vida hemos de vivir? Que escribiendo esto estoy y me parece que con vuestro favor y por vuestra misericordia podría decir lo que San Pablo, aunque no con esa perfección, que no vivo yo ya sino que Vos, Criador mío, vivís en mí, según ha algunos años que, a lo que puedo entender, me tenéis de vuestra mano y me veo con deseos y determinaciones y en alguna manera probado por experiencia en estos años en muchas cosas, de no hacer cosa contra vuestra voluntad, por pequeña que sea, aunque debo hacer hartas ofensas a Vuestra Majestad sin entenderlo. Y también me parece que no se me ofrecerá cosa por vuestro amor, que con gran determinación me deje de poner a ella, y en algunas me habéis Vos ayudado para que salga con ellas, y no quiero mundo ni cosa de él, ni me parece me da contento cosa que salga de Vos, y lo demás me parece pesada cruz." (Vida 6, 9). 

2. Soledad, sequedad, crucifixión con Cristo, al que se ha entregado toda la vida. Nada llena, nada sacia, solo el estar con Cristo y en soledad con él. Y en medio de ella, la certeza gustosa, aunque lacerante, de que es Dios quien lo quiere:
"...con parecerme que está (...) lejísimo Dios, a veces comunica sus grandezas por un modo el más extraño que se puede pensar; (...) porque no es la comunicación para consolar, sino para mostrar la razón que tiene de fatigarse de estar ausente de bien que en sí tiene todos los bienes. (...) [Algunas] veces parece anda el alma como necesitadísima, diciendo y preguntando a sí misma: ¿Dónde está tu Dios? (...) Otras me acordaba de lo que dice San Pablo, que está crucificado al mundo. No digo yo que sea esto así, que ya lo veo; mas paréceme que está así el alma, que ni del cielo le viene consuelo ni está en él, ni de la tierra le quiere ni está en ella, sino como crucificada entre el cielo y la tierra, padeciendo sin venirle socorro de ningún cabo. Porque el que le viene del cielo (que es, como he dicho, una noticia de Dios tan admirable, muy sobre todo lo que podemos desear), es para más tormento; porque acrecienta el deseo de manera que, a mi parecer, la gran pena algunas veces quita el sentido (...) Parecen unos tránsitos de la muerte, salvo que trae consigo un tan gran contento este padecer, que no sé yo a qué lo comparar. Ello es un recio martirio sabroso, pues todo lo que se le puede representar al alma de la tierra, aunque sea lo que le suele ser más sabroso, ninguna cosa admite; luego parece lo lanza de sí." (Vida 20, 9, 11)

Santos Pedro y Pablo.
Vidriera francesa. Siglo XV
3. La Humanidad de Cristo, deleite de la Santa Madre y de los que verdaderamente quieran adentrarse en la contemplación. Amigo, Esposo, Compañero, Dios y Hombre; Jesucristo es el que siempre está presente, visible, cercano:
"Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir: es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita. (...) ¿Qué más queremos de un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe sí. Miremos al glorioso San Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino." (Vida 22, 6, 7). 

4. El matrimonio espiritual. Cristo y el alma forman una unión indisoluble. Aunque seres diferentes, son uno en la acción y en el sentir, y esto por acción de Cristo, que desde los inicios ha ido entrando en el alma, y esta se ha ido dejando penetrar por él. Finalmente consuman la unión, que la santa ejemplifica, sabiendo que aún se queda corta:
"...es [la unión] como si cayendo agua del cielo en un río o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podrán ya dividir ni apartar cual es el agua del río, o lo que cayó del cielo; o como si un arroyico pequeño entra en la mar, no habrá remedio de apartarse; o como si en una pieza estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz; aunque entra dividida se hace todo una luz. Quizá es esto lo que dice San Pablo: El que se arrima y allega a Dios, hácese un espíritu con El, tocando este soberano matrimonio, que presupone haberse llegado Su Majestad al alma por unión. Y también dice: 'Mihi vivere Chistus est, mori lucrum'; así me parece puede decir aquí el alma, porque es adonde la mariposilla que hemos dicho [el alma], muere y con grandísimo gozo, porque su vida es ya Cristo." (7 Moradas 2, 4, 5).
San Pedro y San Pablo, protectores de Santa Teresa.
Y finalmente, un texto en el que la Santa declara que ambos santos son sus protectores, desde aquellos inicios en la oración, cuando la tribulación de lo desconocido, los confesores timoratos y las monjas recelosas, la hacían padecer sobre si no sería demoníaco lo que le provocaba las visiones y consuelos en la oración:
"Como las visiones fueron creciendo, uno de ellos [de los confesores] (...) comenzó a decir que claro era demonio. Mándanme que, ya que no había remedio de resistir, que siempre me santiguase cuando alguna visión viese, y diese higas [un gesto grosero, con el dedo levantado], porque tuviese por cierto era demonio, y con esto no vendría; y que no hubiese miedo, que Dios me guardaría y me lo quitaría. A mí me era esto gran pena; porque, como yo no podía creer sino que era Dios, era cosa terrible para mí. Y tampoco podía -como he dicho- desear se me quitase; mas, en fin, hacía cuanto me mandaban. Suplicaba mucho a Dios que me librase de ser engañada. Esto siempre lo hacía y con hartas lágrimas, y a San Pedro y a San Pablo, que me dijo el Señor, como fue la primera vez que me apareció en su día, que ellos me guardarían no fuese engañada; y así muchas veces los veía al lado izquierdo muy claramente, aunque no con visión imaginaria. Eran estos gloriosos Santos muy mis señores." (Vida 29, 5).

sábado, 28 de junio de 2014

La escuela del Corazón de Jesús en el Carmelo Descalzo

"¡He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, que no ha escatimado en nada, hasta quedar agotado y consumido para testimoniarles mi amor!" (Jesús a Sta. Margarita Ma. de Alacoque).

La humanidad ha considerado desde la antigüedad al corazón como el lugar donde residen los afectos y sentimientos. Cuando hablamos del Corazón de Jesús estamos hablando del amor, de los sentimientos, del humanismo y la entrega de Jesús mismo.

Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto) nos habla de la necesidad de ver a Cristo como hombre, como un igual, que nos es muy buen amigo y dechado que nos sirve de ejemplo. Esta humanidad de Jesús, de la que Teresa nos insiste sea base y guía en nuestro camino, es la misma humanidad que nutre la devoción y espiritualidad del Sagrado Corazón.

La devoción al corazón de Jesús se convierte en escuela donde aprendemos a amar, sentir y actuar como Él. Su Corazón se vuelve el lugar de encuentro y amistad con su humanidad. Amor que lo encarnamos introduciéndonos en los sentimientos y acciones que hicieron darse al Jesús libertador de pobres, pecadores y marginados, teniendo como fundamento la contemplación del Evangelio y la silenciosa atención a la voz de la voluntad del Padre. Porque fue el mismo Jesús el que nos invitó a aprender de su modo de sentir, Él mismo nos invitó a dejarnos transformar por Él y en Él. Aunque el Corazón de Cristo no es de tradición carmelitana fué adoptada con gran cariño y rapidez. La fundadora Teresa de Jesús ya vislumbra el gran provecho de este fervor y escribe al obispo de Osma: “la llaga de su Costado por la que nos deja descubierto su Corazón, os revelará la invisible ternura del amor que nos mostró, cuando quiso que esta sagrada llaga fuera nuestro nido y nuestro asilo…

Siguiendo el ejemplo fueron varias las almas de virtud que hicieron de este “Amoroso Órgano” su fuente de inspiración en su vida, entre las cuales encontramos nombres como: Santa Teresa Margarita Redi del Sagrado Corazón (1 de septiembre), Santa Teresa de los Andes (13 de julio), Santa Maravillas de Jesús (11 de diciembre) la Ven. Concepción de S. Jaime y Sta. Teresa, Santa Teresita del Niño Jesús (1 de octubre) y las Beatas Teresa de San Agustín y compañeras mártires de Compiègne (17 de julio).

En una época en la que esta devoción estuvo ligada a ritos exteriores, estas mujeres dan prueba de lo que verdaderamente es honrar al Corazón humano de Cristo, pues les hizo tocar sus fibras más intimas y las llevo a una perfección de la caridad tanto con sus hermanas de convento como con la gente que las rodeaba incluso con quienes no conocían. Pondremos ejemplos de cada una:

Santa Teresa Margarita Redi del Sagrado Corazón: Conocida como el ángel del convento, pues su vida fue un continuo servir a sus hermanas con amor y diligencia. Sin embargo, al comparase con el amor de Cristo se le hizo tan poca cosa lo que hacia que se sumergió en una noche profunda hasta su muerte donde se preguntaba si su amor había sido real.

Santa Teresa de los Andes: esta santa chilena del siglo XX fue una enamorada del Corazón de Jesús. Influenciada por las enseñanzas de las religiosas de su escuela, cuando estuvo de seglar se distinguía por su activo apostolado a favor de los pobres a los cuales también les infundía un amor por esta devoción. A su entrada en el Carmelo, podemos constatar en sus cartas, sigue bebiendo de esta espiritualidad que le es de gran provecho en sus momentos de prueba.

Santa Maravillas de Jesús: Sin duda esta monja carmelita fue una de las más grandes devotas, no solo se dedico a propagar el cariño entre los pobres y su familia cuando era seglar, también lo hizo con fuerza en su vida de carmelita, recordemos tan solo la fundación en el Cerro de los Ángeles, monasterio que serviría de lámpara contemplativa para acompañar al monumento del Sagrado corazón que esta instalado en ese lugar. Su devoción le llevaría a ser un alma tan entregada a los pobres y marginados que se dedico desde su clausura a apoyarlos financiando un caserío para esta gente desprotegida, en tiempos de guerra le serviría de consuelo y fuente de fuerza para sacar a flote a una comunidad confundida y asustada, ayudando no solo a sus hermanas también a las de otros monasterios, congregaciones y varios seglares.

Ven. Concepción de S. Jaime y Sta. Teresa: Movida por su ardiente amor al Corazón de Jesús y, con unos deseos de no defraudarle, empleará toda su fuerza de voluntad para saltar con confianza los obstáculos mas dificultosos hasta llegar a un estado de unión con Cristo, que se vio reflejado hasta sus últimos días en su relación con sus hermanas a las cuales nunca dejó de apoyar y aconsejar sin importarle las enfermedades o limitaciones que la aquejaban.


Estos son solo pequeños ejemplos del como la espiritualidad del corazón ha permeado y matizado la espiritualidad carmelitana, haciendo énfasis no en los rituales si no en la vida. Es una invitación a todos nosotros para reflexionar sobre nuestro camino como cristianos. Pero también es una llamada para adentrarnos en la escuela que Jesús mismo nos presenta y recomienda: la de su Amor. No me queda mas que terminar y resumir todo en unas sencillas palabras: “Descansemos en el Corazón de Jesús y en Él aprenderemos el camino de la santidad y la ciencia del perfecto amor.“(Sta. Maravillas de Jesús. B2079)

Miguel Angel Aguilar Arreola .

Y quiero añadir a estos ejemplos, dos más:

Santa Teresita del Niño Jesús: Es la gran impulsora, sin pretenderlo, dentro del Carmelo, de la devoción al Corazón de Cristo en el siglo XX mediante sus obras. Hija de su época, ama y hace amar al Sagrado Corazón, más allá de "las mieles" de esta devoción. Para Teresita, el Corazón de Jesús es el abismo donde perderse, donde descansar, es el sitio del alma enamorada. Todo su Jesús se resume en el Corazón de este. Y así, le dedica una hermosa poesía, que extracto:

"¡Corazón de Jesús, tesoro de ternura, 
tú eres mi dicha, mi única esperanza! 
Tú que supiste hechizar mi tierna juventud, 
quédate junto a mí hasta que llegue 
la última tarde de mi día aquí. 
Te entrego, mi Señor, mi vida entera, 
y tú ya conoces todos mis deseos. 
En tu tierna bondad, siempre infinita,
quiero perderme toda, Corazón de Jesús". 

Beatas Teresa de San Agustín y compañeras mártires de Compiègne: Al arreciarse la persecusión y martirio de los religiosos o seglares, producto de la Revolución Francesa, la priora del monasterio de Compiègne, tuvo la inspiración, de hacer un voto al Sagrado Corazón de Jesús, de ofrecimiento como víctimas, ofreciéndoles para aplacar la cólera divina y para que la paz volviera a la Iglesia y a Francia. Hecho el voto, lo renovaban día tras día. Una vez que fueron denunciadas, apresadas y acusadas de conspiración, reuniones ilícitas la prueba "incriminatoria" fue precisamente una estampa del Sagrado Corazón de Jesús: la realeza de Cristo, el reinado de su Corazón, eran (y son) términos chirriantes a las llamadas democracias. El catolicismo era una cuestión de Estado, ser católico era ser regalista casi necesariamente. Una popular imagen del Sagrado Corazón, usada como estandarte, resumía esta creencia y fue la hallada a las mártires.

Ramón

lunes, 16 de junio de 2014

Santos Julita y Quirico, ejemplo de invento

…queréis saber si se conservan sus actas en Icona, de donde os han dicho que madre e hijo eran originarios. Os quejáis que las que han dado en vuestras manos son poco correctas, llenas de fábulas, de cuentos frívolos y de muchas cosas que no admite la sólida y austera decencia de la religión cristiana…
Vidriera moderna.

Así se inicia la carta que el obispo de Icona, Teodoro, envía a Roma por el año 304, al ser requerido sobre “un cierto martirio” de Julita y su pequeño hijo. Actualmente todos tenemos la misma queja de los que le escriben a Teodoro, no han cambiado los deseos en más de 1700 años: queremos saber lo que pasó, tanto de Julita como de otros mártires. Lamentablemente no siempre se puede y lo que poseemos de muchos mártires corresponde más a fantasías que a hechos reales. No es este el caso; esta carta, según su autor, se basa en averiguaciones entre varios testigos “muy bien instruidos de todas las circunstancias de esta historia: tuvieron la bondad de hacerme la relación conforme la habían oído hacer muchas veces a unos señores de Licaonia, parientes muy cercanos de la santa”.

Y esto es lo que nos cuenta: Julita (cuya fiesta era celebrada por las casas más nobles de Licaonia, que la tenían por pariente), ante el avance de la persecución decretada por Diocleciano, se retira a Seleucia con su pequeño hijo Quirico (también llamado Ciro o Quirce) y dos doncellas; pero allí no es menor la persecución, llevada a cabo por Alejandro, gobernador de la región. Como era costumbre, todos los ciudadanos fueron llamados a sacrificar a los dioses, con la amenaza de muerte para quien se negara. Julita huyó a Tarso, donde fue abandonada por sus esclavas y apresada junto a su hijo, puesto que Alejandro se había trasladado allí y su séquito la reconoció.

Al ser llevada ante el gobernador, Julita ocultó su condición noble, simplemente respondiendo a todo “soy cristiana”. El gobernador mandó que le quitaran el niño y fuera azotada con nervios de bueyes, una de las variadas modalidades de flagelos que usaban los romanos para castigar. Como es natural, costó muchísimo separar al niño de su madre y con solo imaginar la escena ya se puede entender el valor y la fe de esta mujer. Alejandro tomó al niño, que se revolvía contra él, queriendo ir con su madre (las actas posteriores y legendarias ponen algunas palabras piadosas en su boca, así como intenciones de ser mártir, e incluso que soportó el tormento de la rueda, pero no hay que inventarse nada donde lo más natural es que el niño hiciera precisamente eso, querer volver con su madre).

Alejandro intentó ganarle con mimos y cariños y llama la atención de este gobernador que no se conduele con la madre, tener estas ternezas con el niño. Este hecho en la narración es buena señal, no se nos intenta poner una situación idílica, sino que se nos narran hechos propios de las debilidades humanas y sus contradicciones. ¿querría ablandar a la madre, entristecerla tal vez, viendo que el niño se olvidaba de ella?... queda en lo secreto de la historia, que continúa diciendo que Quirico repetía las mismas palabras de su madre “soy cristiano”, sin querer aceptar las bondades de Alejandro. No duró mucho la “bondad” del gobernador: tomó al niño de un pie y lo lanzó al suelo, rompiéndole la cabeza contra las gradas del tribunal. Así de impactante y escueto se muestra el obispo Teodoro al narrar la muerte del niño, como si decir más palabras quitaran fuerza a semejante acto de crueldad para con el niño y la madre.

San Quirico que se venera
en Manzaneruela, Cuenca
Regalo del P. Ángel Estecha
Julita, ante esto, no claudicó, sino que se mostró más intrépida cuando fue amenazada con el potro y mientras le envolvían los pies en pez ardiente, a la vez que el verdugo le conminaba a sacrificar. Ella, más valiente después de perder a su niño, sólo gritaba: “Yo no sacrifico a los demonios. Yo adoro a Jesucristo, único Hijo de Dios”. Viendo Alejandro que no tenía remedio, la condenó, finalmente a la pena capital y su cuerpo y el de su hijo arrojados con los de todos los condenados. Julita inclinó la cabeza, hizo una oración: “Gracias os doy, Dios mío, de que os hayais dignado dar a mi hijo una silla en vuestro reino. Tened la bondad, Señor, de querer recibir también en él a vuestra sierva, por indigna que sea”. Hay que decir que estas y otras palabras que siguen sí es probable que sean añadidas por los narradores que le contaron la historia a Teodoro, los cuales no sabrían en verdad las palabras exactas de dicha oración. No hay que dudar que quien sea capaz de dar la vida, sea capaz de hacerlo con serenidad y en medio de una oración. Y así, al terminar, el verdugo cortó su cabeza, los cuerpos fueron arrojados a la fosa común, de donde serían sacados por las esclavas que estaban escondidas, pero vigilantes. Estas mujeres, dice Teodoro “tuvieron bastante valor y resolución para levantar las sagradas reliquias de su ama y del niño”. Las enterraron en un campo cercano, donde estuvieron hasta que fueron puestas a la veneración, ya luego de la paz de Constantino.

El culto a madre e hijo es muy antiguo y la misma carta cuyos fragmentos se reproducen aquí lo demuestra. En algunos sitios el hijo ha ganado en la veneración a la madre y esta ha pasado a segundo plano, como en Potenza o Cisterino, ambas localidades italianas, donde goza de gran devoción el santo niño. San Quirico es patrón de los niños con dificultad en caminar, según tradición de Nevers, Francia, ciudad cuyacatedral les está consagrada a ambos. En ocasiones se le llama Ciro o Quirce, y en la edad Media se le consideraba uno de los santos sanadores, por una confusión con San Ciro, médico mártir. La escultura no ha sido muy generosa con madre e hijo, pero sí lo han sido la pintura y los grabados, motivados por el patetismo del momento del niño llorando por su madre, mientras es atraído por el gobernador, o su martirio. Grabados, miniaturas, pinturas del romanticismo y el neoclasicismo del siglo XIX recogen bellamente esta escena, tan bella que a veces hacen olvidar lo que hay detrás: la dureza de quien se ve vencido y aplastado por la verdad y la bondad.


(Tomado de: P. Teodorico Ruinart. LAS VERDADERAS ACTAS DE LOS MÁRTIRES. Tomo Tercero, página 59. Madrid, 1726).